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El extraño animal que sobrevivió a una extinción devastadora y cuyos huevos revelaron su secreto 250 millones de años después

El estudio publicado en PLOS One examinó el ejemplar NMQR 3636 con rayos X de sincrotrón; su mandíbula sin fusionar y su desarrollo esquelético indican que murió mientras todavía estaba dentro del huevo.

El extraño animal que sobrevivió a una extinción devastadora y cuyos huevos revelaron su secreto 250 millones de años después

Un fósil de Lystrosaurus de unos 250 millones de años aportó la primera evidencia directa de oviparidad en un antiguo sinápsido de la línea evolutiva que conduce a los mamíferos. El estudio, publicado el 9 de abril de 2026 en PLOS One, examinó tres ejemplares muy jóvenes del género y concluyó que uno de ellos, identificado como NMQR 3636, murió mientras aún estaba dentro del huevo.

El ejemplar fue hallado en 2008 por el paleontólogo John Nyaphuli en la granja Rheeboksfontein 5, en el distrito municipal de Xhariep, provincia del Estado Libre, Sudáfrica. Investigadores de la Universidad de Witwatersrand y del European Synchrotron Radiation Facility (ESRF) utilizaron tomografía de alta resolución y rayos X de sincrotrón para estudiar sus diminutos huesos.

¿QUÉ DEMOSTRÓ EL FÓSIL DE LYSTROSAURUS?

La clave estuvo en la mandíbula inferior. En NMQR 3636, la sínfisis mandibular —la zona donde se unen las dos mitades de la mandíbula— todavía no estaba fusionada. El equipo comparó ese desarrollo con aves y tortugas modernas, en las que esa unión se completa antes de la eclosión.

El fósil también conserva al animal fuertemente encorvado dentro de una forma ovoide y muestra una osificación incompleta en distintas partes del esqueleto. La combinación de esas características llevó a los autores a interpretar el ejemplar como un embrión preservado in ovo, es decir, dentro del huevo al momento de morir.

No se preservó una cáscara calcificada. Por esa razón, los investigadores plantean que el huevo pudo haber tenido una cubierta blanda y correosa, un tipo de estructura con pocas posibilidades de fosilizarse. Esa posible fragilidad ayuda a explicar por qué, pese a casi dos siglos de estudio de los sinápsidos, no se había encontrado una evidencia concluyente de este tipo.

POR QUÉ EL HALLAZGO IMPORTA PARA LA EVOLUCIÓN DE LOS MAMÍFEROS

Lystrosaurus no era un dinosaurio. Era un dicinodonte terápido perteneciente a Synapsida, el gran linaje evolutivo del que surgieron los mamíferos. La oviparidad se consideraba desde hace tiempo la condición ancestral más probable para los primeros sinápsidos, pero la evidencia fósil disponible era indirecta o discutida.

El nuevo ejemplar ofrece un punto de referencia más profundo para reconstruir cómo cambiaron las estrategias reproductivas antes de la aparición de los mamíferos modernos. Los autores destacan que la información también ayuda a estudiar el origen evolutivo de la lactancia, al permitir comparar una forma temprana de reproducción mediante huevos grandes con linajes posteriores.

HUEVOS GRANDES Y CRÍAS MÁS DESARROLLADAS

A partir de las dimensiones del fósil, el equipo reconstruyó un volumen mínimo aproximado de 115 centímetros cúbicos para el huevo. El cálculo es conservador porque el embrión está incompleto y comprimido, además de que el huevo habría contenido una cantidad desconocida de vitelo.

En comparación con otros amniotas, Lystrosaurus habría producido huevos relativamente grandes para su tamaño corporal. Los investigadores señalan que esa proporción es compatible con crías precoces, capaces de alcanzar un estado de desarrollo más avanzado antes de eclosionar.

La hipótesis también tiene implicaciones para la alimentación. El estudio sostiene que el tamaño reconstruido del huevo hace improbable que Lystrosaurus dependiera de leche para alimentar a las crías después de la eclosión, a diferencia de los monotremas actuales, cuyos huevos son comparativamente pequeños y cuyo desarrollo continúa con alimentación mediante leche.

UNA POSIBLE VENTAJA TRAS LA EXTINCIÓN DEL PÉRMICO

Lystrosaurus sobrevivió a la extinción masiva del final del Pérmico, ocurrida hace unos 252 millones de años, y alcanzó una gran abundancia durante la recuperación ecológica del Triásico temprano. El nuevo estudio propone que su estrategia reproductiva pudo contribuir a esa resistencia, aunque no la presenta como causa única ni definitiva de su supervivencia.

Los huevos grandes habrían sido menos susceptibles a la desecación por su menor relación entre superficie y volumen, una ventaja potencial en ambientes áridos posteriores a la extinción. Además, crías más desarrolladas podrían haber aprovechado alimento poco después de nacer y alcanzar antes la madurez reproductiva.

Los autores también señalan que todavía se necesitan más datos para determinar el tamaño habitual de las puestas y establecer hasta qué punto esta estrategia reproductiva estuvo extendida entre otros sinápsidos.

QUÉ SIGUE DESPUÉS DEL DESCUBRIMIENTO

El fósil NMQR 3636 constituye ahora un punto de referencia para estudiar la transición entre formas reproductivas antiguas y las que caracterizan a los mamíferos. Nuevos hallazgos de embriones, neonatos o posibles huevos de otros sinápsidos permitirán comprobar hasta qué punto el patrón observado en Lystrosaurus era común.

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Por ahora, la evidencia obtenida mediante sincrotrón permite responder una pregunta que permaneció abierta durante generaciones de paleontólogos: antiguos sinápsidos como Lystrosaurus se reproducían mediante huevos, y esa biología pudo formar parte de las adaptaciones que favorecieron su persistencia después de una de las mayores crisis ambientales de la historia de la Tierra.

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