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Herencia maldita: ‘Bomba Isssteson’

El gran problema que el Gobierno del Estado no debería entregar intacto a su sucesor tiene nombre y apellido; se llama Isssteson.

Javier  Villegas Orpinela

Efecto Multiplicador

El gran problema que el Gobierno del Estado no debería entregar intacto a su sucesor tiene nombre y apellido; se llama Isssteson.

Antes de hablar del Plan Sonora, del puerto de Guaymas, de carreteras, energía solar o “nearshoring”, el Gobierno tendría que enfrentar una ‘bomba actuarial’ que lleva demasiado tiempo acumulando presión.

No es un problema nuevo; la gran reforma del 2005 pretendió darle viabilidad al sistema mediante mayores cuotas y modificaciones pensionarias.

Dos décadas después, el propio Instituto ha reconocido que su situación financiera es crítica desde hace unos trece años, desde el 2013.

Por tanto, si Sonora llega al 2027 sin una reforma integral, el próximo Gobernador recibirá no solamente un problema de pensiones, recibirá una gran amenaza sobre las finanzas estatales.

Reformar no quiere decir arrebatar derechos adquiridos, significa realizar un estudio actuarial independiente, transparentar pasivos, cobrar puntualmente las aportaciones de los organismos afiliados, separar financieramente pensiones y servicios médicos, combatir ineficiencias y diseñar un sistema sostenible para las nuevas generaciones. Seguir posponiéndola encarecerá aún más la solución.

Pero el Isssteson es apenas el primero de varios expedientes que definirán cómo será evaluado el sexenio de Alfonso Durazo.

El segundo es el agua, toda vez que Sonora quiere convertirse en protagonista del “nearshoring”, atraer nuevas fábricas y ampliar sus ciudades, mientras buena parte del territorio enfrenta estrés hídrico.

Sin disponibilidad garantizada del vital líquido, no existe política industrial seria.

El siguiente Gobierno necesitará reúso masivo, tecnificación agrícola, reducción de fugas, saneamiento, nuevas fuentes y desalinizar donde resulte técnica y económicamente viable. El tercer expediente tiene que ver con la energía.

Tener uno de los mejores niveles de irradiación solar del mundo no constituye por sí mismo una ventaja competitiva. La ventaja aparece cuando esa radiación se transforma en electricidad suficiente, barata y confiable, acompañada de transmisión, almacenamiento e infraestructura industrial.

Después viene otra interrogante: ¿dónde está el crecimiento económico?

El Inegi recién reportó que la actividad económica de Sonora creció apenas 0.2% el año pasado.

Una entidad con extensa frontera estadounidense, minería, industria automotriz, agricultura exportadora, gran litoral, gasoductos y enorme potencial solar, debería aspirar a un mayor dinamismo. Ahí se identifica el verdadero examen del Plan Sonora.

Los gobiernos contabilizan anuncios de inversión como si fueran crecimiento consumado, pero no son lo mismo.

Una inversión debe convertirse en planta instalada, producción, exportaciones, empleos bien remunerados, proveedores locales (esto es clave), transferencia tecnológica y productividad.

También permanece pendiente el desequilibrio territorial.

Hermosillo concentra buena parte del desenvolvimiento moderno; Nogales necesita acelerar su infraestructura fronteriza; Guaymas todavía debe consolidarse como plataforma logística; y Cajeme requiere algo mucho más profundo que obra pública; necesita una verdadera reconversión económica que transforme su formidable base agropecuaria en agroindustria, manufactura, tecnología y servicios de mayor valor agregado. A todo esto debe agregarse el tema de la seguridad pública.

Carreteras, puertos, parques industriales y promoción internacional pierden efectividad cuando inversionistas y ciudadanos enfrentan violencia, incertidumbre o debilidad institucional. La seguridad también es infraestructura económica.

Entonces, ¿el Gobernador Durazo dejará las cosas a medias?

Todavía es prematuro emitir una sentencia definitiva, ya que faltan 13 meses para que concluya la actual administración y además varias obras son multianuales.

El criterio para evaluar su gestión no habrá de ser cuántas obras inauguró, sino cuántos problemas estructurales resolvió.

Si el 2027 entrega un Isssteson todavía vulnerable, una crisis hídrica aplazada, insuficiente infraestructura energética, crecimiento económico mediocre, enormes diferencias entre el Norte y el Sur, así como problemas persistentes de seguridad, los escasos resultados serán el sello de este sexenio.

De ser así, Durazo habrá dejado inconclusa la obra verdaderamente importante: Transformar las extraordinarias ventajas de Sonora en prosperidad duradera.

Y ésa sería una losa mucho más pesada que cualquier carretera sin terminar.

Mientras tanto, los aspirantes a ocupar la silla que dejará el Gobernador el 13 de septiembre del año entrante, deberán prometer en sus campañas que de entrada harán la reforma al Isssteson para desactivar la ‘bomba actuarial’ que involucra obligaciones futuras de pensiones, esperanza de vida, número de jubilados, trabajadores cotizantes, aportaciones patronales y servicios médicos.

Nuestro Estado no necesita candidatos prometiendo más becas, más pavimento y otra colección de obras aisladas; necesita aspirantes capaces de presentar un proyecto Sonora 2030 con metas cuantificables del PIB, productividad, inversión, agua, energía, seguridad, ingreso por habitante y reducción de las brechas regionales.

Y para empezar, ¿Quién firma la reforma Isssteson?

Javier Villegas Orpinela es Presidente del Colegio de Economistas de Sonora, director de Correo y Telegrama y profesor en el Departamento de Economía Unison.

jvillegas@correorevista.com

Twitter: @JvillegasJavier

Facebook: Javier Villegas Orpinela

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