Silla más codiciada en tierra sonorense
Las sillas que ahora ocupan Alfonso Durazo, Antonio ‘Toño’ Astiazarán, Javier Lamarque y Juan Gim, no son solamente posiciones políticas; son auténticas centrales de decisión económica

Efecto Multiplicador
Como cada seis años la silla más codiciada en el Estado de Sonora, que es la de la gubernatura del Estado, estará en juego y también las de los 72 municipios donde resaltan: Hermosillo, Cajeme y Nogales.
Las sillas que ahora ocupan Alfonso Durazo, Antonio ‘Toño’ Astiazarán, Javier Lamarque y Juan Gim, no son solamente posiciones políticas; son auténticas centrales de decisión económica desde las cuales se distribuyen presupuestos, se autorizan desarrollos urbanos, se asignan contratos, se fijan prioridades de infraestructura y se determina -muchas veces- si una inversión avanza, se retrasa o termina huyendo hacia otra región.
La silla del Gobierno del Estado tiene los mayores alcances, pues desde ella se administra un presupuesto anual superior a los 92 mil 500 millones de pesos, se negocian recursos con la Federación y se decide el destino de inversiones en seguridad, educación, salud, carreteras y obras hidráulicas.
Para este 2026, el proyecto estatal consideró alrededor de 3 mil 944 millones de pesos en inversión pública en 452 obras y acciones distribuidas entre los 72 municipios.
Pero el poder de esa silla no se limita al dinero presupuestado, ya que el Gobernador encabeza la promoción económica, dialoga con corporaciones nacionales y extranjeras, interviene en los grandes proyectos de agua, energía y conectividad y representa institucionalmente al Estado frente a todo el mundo, y más en corto, frente a Washington, Arizona y la Federación.
El Gobernador puede acelerar un corredor industrial o dejarlo atrapado en discursos, permisos y obras inconclusas.
Las alcaldías cuentan con presupuestos menores, pero su impacto ciudadano es más cercano y, en ocasiones, más determinante.
Una empresa puede recibir estímulos estatales y, sin embargo, quedar paralizada por el Municipio debido al uso de suelo, una licencia de construcción, la falta de agua, una vialidad colapsada o una inspección discrecional.
Está claro entonces que el Gobierno municipal controla buena parte del terreno donde realmente ocurre la economía.
En Hermosillo (cuyo presupuesto 2026 es cercano a los 10 mil 200 millones de pesos), la presidencia municipal gobierna el principal mercado urbano, político y empresarial de Sonora.
Administra la ciudad donde se concentran los poderes estatales, corporativos, universidades, servicios especializados y buena parte de la manufactura.
Su política urbana modifica el valor de miles de hectáreas: Una vialidad (como el libramiento Norponiente), un cambio de uso de suelo o una extensión de servicios puede convertir terrenos periféricos en activos millonarios.
En Cajeme (con presupuesto anual de 3 mil 300 millones), la silla municipal -que se ubica en la cabecera que es Ciudad Obregón- enfrenta una responsabilidad distinta: Romper el estancamiento relativo de una economía históricamente poderosa, pero todavía dependiente del sector primario.
Desde la alcaldía se puede facilitar -o impedir- la transición hacia agroindustria avanzada, manufactura, logística y servicios tecnológicos. La inseguridad, el deterioro urbano y la lentitud administrativa actúan como impuestos invisibles que desalientan al inversionista. Ciertamente la silla del alcalde cajemense tiene sus obstáculos, aunque también sus evidentes fortalezas.
Nogales (que maneja una bolsa de 2 mil 371 millones de pesos), posee probablemente la alcaldía con mayor influencia económica internacional. Su territorio conecta a Sonora con Arizona y concentra actividad maquiladora, logística, aduanera y exportadora.
Una falla municipal en movilidad, seguridad o infraestructura fronteriza no sólo afecta a sus habitantes: Repercute en cadenas productivas binacionales.
En suma, puede decirse que el valor real de estas sillas no está en el salario de quien las ocupa; está en el volumen de riqueza que pueden crear, proteger o destruir.
Tampoco está en cuánto gastan, sino en cuánto logran movilizar de inversión adicional.
Varios casos internacionales muestran que los gobiernos más exitosos actúan como plataformas de inversión, no simplemente como administradores del gasto.
Estados como: Texas, Arizona, Nuevo León o Querétaro, no están creciendo únicamente porque aumentan sus presupuestos públicos; crecen porque utilizan esos recursos para generar confianza, infraestructura, seguridad jurídica y capital humano, creando condiciones para que el sector privado multiplique varias veces la inversión pública inicial.
Por tanto, en Sonora, gobernar bien no significa únicamente gastar el presupuesto. Significa multiplicarlo mediante confianza, infraestructura y reglas claras. Quien gana una de estas sillas recibe mucho más que poder político: Recibe las llaves económicas del territorio.
He ahí el gran reto y oportunidad para quienes buscan relevar a Durazo el 13 de septiembre del 2027: Lorenia Valles, Javier Lamarque, Célida López, María Dolores del Río, ‘Toño’ Astiazarán, más lo que se acumulen.
Javier Villegas Orpinela es presidente del Colegio de Economistas de Sonora, director de Correo y Telegrama y profesor en el Departamento de Economía Unison.
Twitter: @JvillegasJavier
Facebook: Javier Villegas Orpinela
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