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Llévate mi dolor

La lucha política entre derechas e izquierdas entró en combate permanente sin importar disciplina o actividad, la gran distracción como estrategia y espectáculo siempre usado para justificar el rumbo ideológico.

Joaquín  Robles Linares N

SEPTENTRIÓN

Desde 1930 se exalta el deporte, el 20 de noviembre en México fue desde entonces el ideal al que aspiraba la nación. En el periodo de entre guerras tanto Alemania como la URRS difundían los logros deportivos como demostración de superioridad.

La lucha política entre derechas e izquierdas entró en combate permanente sin importar disciplina o actividad, la gran distracción como estrategia y espectáculo siempre usado para justificar el rumbo ideológico.

El régimen actual filtra la realidad a través de un prisma retardatario, reduce la complejidad social a una disputa entre izquierda y derecha, más de un siglo de catástrofes bajo estas dos concepciones no han sido suficientes para dejar lejos esa falsa dualidad como el eje de una narrativa nacional.

Mientras el fervor futbolístico distrae a las masas, las madres buscadoras permanecen al margen de la celebración, lejos de los vítores y distantes del consuelo de hallar a sus hijos. Los actos cometidos hacia las víctimas son de una brutalidad que debería provocarnos vergüenza, un País que tiene más de 130 mil desaparecidos refleja la profunda crisis moral en la que nos encontramos.

Las autoridades presumen de un falso humanismo y ante tal matanza emerge únicamente demagogia, prueba incontestable de que los seres humanos con poder son despóticos ante el dolor ajeno.

Para muestra de lo nefasto de la ideología y del uso indolente en este Gobierno, la declaración del senador por Jalisco, Carlos Lomelí Bolaños:

“Es mil veces mejor ver a un pato paseándose en la mañanera que ver a madres oportunistas financiadas por la derecha”. (Eje Central. 26 de junio, 2026).

La lucha de las madres buscadoras deja enseñanzas, nos obligan a ver la impunidad como una fábrica de monstruos, evidencian que el dolor sin alivio es muestra del egoísmo social; la lealtad hacia sus seres queridos va más allá de abandonarlo todo exponiendo la desolación del mexicano ante la negación oficial.

Para ellas no hay festejo, un sector de la población lastimado que insisten en invisibilizar, el País que se derrama en celebraciones por los triunfos de una Selección de Futbol muestra una aberrante apatía ante la tragedia de la desaparición forzada.

En el libro: “Llévate mi dolor” de Katerina Gordéieva (2025) se recrea la bestialidad de la guerra, todo relatado por una escritora rusa con familia ucraniana, testimonio que empatiza con las madres mexicanas:

“En estos siete meses y medio he recorrido veinte y cinco mil kilómetros a pie (…) He visto caer las bombas y he oído el silbido de las balas (…) Porque a los ucranianos no se les considera siquiera personas, porque todos son fascistas o partidarios del nacionalista Estepan Bandera(…) Porque las lágrimas de todas las madres son igualmente saladas. Las nuestras y las de ellas. Y nadie ha parido para entregar su criatura al matadero. Nadie créeme, nadie. Pero han conseguido despertar en mí a una ira durmiente a la que la política le importaba un pimiento, nadaba a favor de la corriente y no veía más allá de las letras de la hipoteca. Ahora he despertado. Y no les pasaré nada”.

En México vivimos una fusión de las adversidades y la superficialidad, la angustia de unas madres no deja de recordarnos a lo que estamos expuestos, no es sólo perder la vergüenza sino también la conmiseración.

Ante las muestras del salvajismo verbal del senador morenista y la entronización de “su” izquierda como brújula del régimen no existe racionalidad posible, la deshumanización como credo.

Después de una desaparición es imposible edificar nada que no sea desconsuelo y zozobra.

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JOAQUÍN ROBLES LINARES Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.

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