Mi historia con el futbol
Cuando chamaco lo que privaba en la afición sonorenses era, sin lugar a dudas, el beisbol... Pero estaba en la secundaria de aquel Colegio regido por hermanos lasallistas cuando ellos decidieron, contra toda tradición, introducir en la región un deporte absolutamente desconocido, el futbol.

Batarete
Nunca he sido un fanático de los deportes en la televisión, suelo disfrutar los partidos finales por el campeonato, ya sea de beisbol, futbol o el futbol americano, que poco lo veo, pero es lo que más gozo. El inicio del Mundial de Futbol, compartido entre México, Canadá y los EUA, me llamó la atención y vi el encuentro entre nuestro equipo y el de Sudáfrica. Me gustó.
Cuando chamaco lo que privaba en la afición sonorenses era, sin lugar a dudas, el beisbol. Los Naranjeros eran, y siguen siendo, los consentidos de aquellos diletantes. Eran otros tiempos y en mi familia no se estilaba ir al estadio, aquel que se llamaba entonces “la Casa del Pueblo”, así que sólo recuerdo haber asistido a algún partido por invitación de mi tío José Alberto Healy, destacado deportista y muy profesional aficionado.
Pero estaba en la secundaria de aquel Colegio regido por hermanos lasallistas cuando ellos decidieron, contra toda tradición, introducir en la región un deporte absolutamente desconocido, el futbol.
Nunca habíamos visto un partido y poco entendíamos la dinámica del juego: Mi recuerdo imborrable de aquellos encuentros es de un campo, o cancha, dibujado con cal sobre una tierra seca y polvorienta, con una portería a cada extremo y 22 chavalos corriendo detrás de un balón sin un atisbo de organización o sentido de equipo. Íbamos a dar patadas, de preferencia al balón... a ver si le atinábamos al gol.
Poco a poco los buenos hermanos fueron logrando alguna disciplina, y hacernos entender que había posiciones y estrategias para lograr un juego eficaz y divertido, aunque todavía no elegante. Paulatinamente fueron introduciendo la idea de ocupar posiciones y respetarlas, que el juego en equipo suponía alineación y trabajo coordinado.
Como yo era compacto y robusto, muy pronto me asignaron a la defensiva, a jugar en uno de las tres posiciones cuidando la portería: Mi trabajo era no dejar pasar a los delanteros del equipo rival. No lo hacía mal, a veces era un poco rudo, pero no demasiado. Eso sí, por mi posición, los goles no se me daban, pero muy pronto fui seleccionado para la defensiva del equipo del colegio, y me tocó jugar contra otras escuelas y algún que otro visitante. A veces nos iba bien, otras no tanto.
En la preparatoria alternaba el futbol con cascaritas de basquetbol, que me resultaba atractivo y no suponía tanto protocolo: Jugábamos “veintiunas” y las resolvíamos en unos minutos, para pasar, si éramos ganadores, a jugar contra quien estaba retando. Era un juego poco complicado y entretenido.
Al terminar la prepa me trasladé a Monterrey, a estudiar cosas de administración en un muy prestigioso instituto. Ahí conocí el futbol americano, me atrajo y muy pronto me integré a equipo del Tec: Los Borregos. De nuevo, como era robusto y compacto, me asignaron una posición defensiva, fullback se llamaba en ese tiempo. Tenía que detener a los que buscaban traspasar nuestra línea para atajar al corredor. Dos años jugué en ese equipo y lo disfruté, pero la oferta pedagógica nomás no me convencía: Al tercer año estaba iniciando estudios de humanidades en el área de Guadalajara. Ahí retorné al futbol.
En una ocasión ocupaba mi línea defensiva tradicional, cuando un delantero del equipo contrario, muy buen amigo entonces y todavía en la actualidad, entró duró con el balón y yo hice lo mismo. Nos levantaron en camilla rumbo a una enfermería medio deficiente. De ese lance obtuve dos cirugías y una prótesis de rodilla.
Ahora, sigo siendo robusto pero no tan compacto. Me cuesta trabajo seguir los deportes en la televisión, desde siempre me ha interesado más la lectura, así que elegiré sólo los encuentros que parezcan interesantes: Dicen que el de España contra Uruguay valdrá la pena. Habrá otros y espero ir dilucidando el panorama.
Pero el último partido, el de la final, habrá que verlo, ahí estaré, sin estridencias, eso sí.
Ernesto Camou Healy
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