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Prioridad Unison; erradicar huelgas

Organismos empresariales en Sonora han advertido que los conflictos anuales y prolongados afectan la percepción de certidumbre para nuevas inversiones.

Javier  Villegas Orpinela

Efecto Multiplicador

En los tiempos modernos cuando al sector productivo lo mueve cada vez más el factor del ‘capital humano competitivo’, las instituciones de educación superior están llamadas a pulirse al máximo.

Las universidades de élite del mundo ponen la muestra; compiten por patentes, centros de investigación, inteligencia artificial, atracción de talento y vinculación global, más sin embargo, en México todavía existen instituciones atrapadas en una lógica del siglo pasado; en la de las huelgas recurrentes como mecanismo ordinario de presión política y sindical.

Por ejemplo, la Universidad de Sonora (Unison) lleva décadas padeciendo este problema y el daño ya no puede medirse únicamente en días sin clases.

El verdadero impacto es más profundo: Pérdida de competitividad, deterioro reputacional, fuga de talento y debilitamiento institucional.

La reciente huelga impuesta por el Steus, paralizó por tres semanas las actividades administrativas y académicas para alrededor de 40 mil estudiantes.

Pero el problema no es sólo la interrupción temporal del semestre; el mensaje que recibe el entorno económico es a todas luces desfavorable, ya que el paro envía la señal de inestabilidad laboral, incertidumbre institucional y falta de gobernabilidad universitaria.

En la economía global del conocimiento, eso tiene consecuencias reales.

Empresas nacionales e internacionales no sólo evalúan infraestructura, costos y ubicación; también observan la calidad y estabilidad de las instituciones educativas que generan ‘capital humano competitivo’.

Organismos empresariales en Sonora han advertido que los conflictos anuales y prolongados afectan la percepción de certidumbre para nuevas inversiones.

Entonces, ¿cómo una universidad puede aspirar a competir en las listas internacionales si cada doce meses enfrenta la amenaza de paralizarse?

Los rankings globales como Times Higher Education o QS, miden variables muy concretas: Investigación, internacionalización, vinculación industrial, reputación académica, producción científica y estabilidad institucional.

Ciertamente la Unison ha logrado avances importantes y hoy -a pesar de todo- aparece entre las universidades públicas relevantes del País, pero ninguna universidad puede consolidar una posición global seria si vive bajo esquemas permanentes de confrontación interna.

Por lo mismo las huelgas recurrentes no sólo afectan clases; destruyen continuidad en proyectos científicos, laboratorios, movilidad internacional, convenios empresariales, captación de fondos, publicaciones, acreditaciones, etc.

Y, sobre todo, deteriora el prestigio de los egresados.

Lo más delicado en la Unison es que la práctica de la huelga se ha normalizado; se ha vuelto parte del paisaje universitario. Cada negociación salarial deriva en tensión extrema, emplazamientos y amenazas de cierre.

El problema ya dejó de ser laboral, es estructural.

¿Puede erradicarse la huelga? Sí, pero exige decisiones difíciles y una transformación institucional profunda.

La primera medida es comprender que una universidad pública del siglo XXI no puede operar bajo esquemas de negociación diseñados hace 40 años por lo que la gobernanza universitaria debe evolucionar hacia modelos donde exista mediación obligatoria previa, arbitraje técnico y mecanismos que impidan la suspensión de actividades académicas.

Segundo, y muy importante, nuestra Máxima Casa de Estudios necesita hacer valer la política de productividad académica. No basta negociar salarios; debe aplicarse el sistema donde parte importante de los incentivos esté vinculado a desempeño, investigación, innovación, vinculación y generación de valor universitario.

Tercero, la universidad debe blindar estratégicamente sus funciones críticas, pues en universidades competitivas del mundo, aún en contextos de conflicto laboral, laboratorios sensibles, proyectos internacionales y procesos estratégicos continúan operando.

La interrupción absoluta es vista irremediablemente como fracaso institucional.

Cuarto, el Gobierno estatal y federal deben abandonar la política reactiva.

Cada huelga termina resolviéndose con recursos extraordinarios de último minuto y eso incentiva el conflicto recurrente. Sin una reforma financiera universitaria de largo plazo, el problema seguirá reapareciendo año tras año.

Y quinto, la comunidad universitaria debe decidir qué universidad quiere construir: Una institución encerrada en disputas internas permanentes o una universidad capaz de insertarse en la economía global del conocimiento.

El mundo ha cambiado, ahora las universidades compiten internacionalmente por talento, inversión científica y prestigio. Las mejores instituciones de Asia, Europa y las norteamericanas (EU y Canadá) avanzan hacia modelos altamente flexibles, tecnológicos y vinculados al sector productivo.

La Unison tiene condiciones para convertirse en una universidad de clase continental; cuenta con masa crítica, tradición académica y peso regional, pero necesita romper con la cultura de la parálisis recurrente.

En Sonora no debemos darnos el lujo de que la principal fábrica de capital humano siga perdiendo competitividad cuando el mundo es más exigente y dinámico.

Javier Villegas Orpinela es presidente del Colegio de Economistas de Sonora, director de Correo y Telegrama y profesor en el Departamento de Economía Unison.

jvillegas@correorevista.com

Twitter: @JvillegasJavier

Facebook: Javier Villegas Orpinela

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