Adolescencia eterna
El régimen se apropió y distorsionó el poder de las urnas convirtiéndolo en una autocracia, una estrategia de adulteración que se confirma con gastadas proclamas transmitiendo pura demagogia.
SEPTENTRIÓN
Inicia con la credulidad, la negación a controvertir y poner en duda embustes repetidos dejando la verdad como algo irrelevante, armas de la tiranía para hacerse del poder hasta convertir el Estado en una maquinaria de devastación moral, la verdad no es primordial, lo significativo es sostener la mentira.
El régimen se apropió y distorsionó el poder de las urnas convirtiéndolo en una autocracia, una estrategia de adulteración que se confirma con gastadas proclamas transmitiendo pura demagogia.
La costumbre y el engaño forman una unidad tóxica y desde lo más alto del poder se privilegia esta nefasta dualidad, normalizando las mentiras con la pasión de un adoctrinado líder universitario que en el pasado consintió y tomó las instalaciones del auditorio Justo Sierra, rebautizado como Che Guevara. Activistas nocivos que nunca salieron de la comodidad maternal de una universidad y que hoy están a cargo del Gobierno mexicano, colonizando y corrompiendo toda la administración pública.
El destino del auditorio Justo Sierra puede ser una representación viva del pensamiento y la acción del régimen, un atisbo de lo que le puede suceder a nuestro País gracias a los poseedores de una ideología anclada en el abuso como norma y la deslegitimación de todo aquel que no se les rinda por el solo hecho de asumirse de izquierda.
Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2026, publicó recientemente: “Ese montón de espejos rotos”, texto memorioso donde relata su vida cultural y de funcionario, así como la existencia artística, académica y vibrante que tenía la UNAM y por consiguiente el auditorio Justo Sierra; conciertos, muestras de cine, conferencias, presentaciones de libros y escritores, recuerda dichosamente cuando un joven Joan Manuel Serrat hizo sus primeras presentaciones en aquel recinto y nos acerca con lucidez al encuentro con Julio Cortázar en 1983, todo amparado por aquel lugar privilegiado y universal.
Para el año 2000 y posterior al movimiento estudiantil, aquel espacio que por décadas había sido testigo de la intensa presencia cultural y académica universitaria fue tomado por los entonces estudiantes y que hoy están a cargo de la Presidencia de la República y de una parte del Estado mexicano:
“El auditorio Justo Sierra había sido vandalizado. Sus paredes ostentaban graffiti con consignas políticas, muchas butacas estaban desvencijadas y la suciedad cubría como cataplasma el venerable recinto. (...) Una mañana estaba en mi oficina de la dirección cuando oí un ruido estridente. Provenía de una sierra eléctrica con la cual unos jóvenes embozados estaban horadando la placa metálica que impedía la entrada al auditorio. De inmediato me comuniqué con la rectoría para que se evitara ese atentado, pero no obtuve ninguna respuesta (…) ha pasado desde entonces un cuarto de siglo y el auditorio sigue ocupado por fuerzas oscuras ajenas a la universidad”.
Hoy la Presidenta acude a una cumbre “progresista”, una reunión de afines que desestiman a los irreverentes que cuestionan a las dictaduras de izquierda y derecha, lo primero que hace la Presidenta al llegar a Barcelona es alzar un cartel con foto de la corrupta y abusiva ex Presidenta argentina para transmitirle un mensaje de apoyo.
La Presidenta cree que el mundo es la UNAM y que el País es el auditorio Justo Sierra, no advierte que la ideología no salva y que la universidad, de la que políticamente nunca ha egresado, es un paraíso donde la adolescencia es eterna.
“Mucha fuerza, Cristina”, le anima la Presidenta mexicana a la mujer que purga una condena por corrupción y dejó a su país en la miseria. Este “progresismo” de izquierda tan retardatario, es el respaldo para la corrupción y la injusticia.
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*Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.
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