El Imparcial / Columnas /

La luna como estrategia militar

Para garantizar su seguridad y mantener su hegemonía, EE.UU requiere vigilar, anticipar y, en su caso, neutralizar cualquier amenaza nuclear.

Nicolás Pineda

Y sin embargo

Ha sido interesante ver en la televisión la saga del reciente viaje lunar y los avances científicos y tecnológicos que ahí se están poniendo a prueba. Pero también resulta extraño que entre los muchos comentarios que he escuchado casi no se mencione el significado estratégico y militar de esta expansión humana, ni lo que implica para los futuros conflictos bélicos y la hegemonía de los Estados Unidos (EE.UU). Desde la Segunda Guerra Mundial, ese país consolidó su dominio del Océano Pacífico y, más recientemente, a través de los satélites, supervisa prácticamente todo el planeta. Esto ha tenido repercusiones incluso en México: En muchos aspectos, EE.UU dispone de más información sobre lo que ocurre en el territorio que las propias autoridades mexicanas.

Guerra y tecnologías

Las guerras han evolucionado al ritmo de la tecnología. El orden feudal europeo, basado en castillos y murallas, quedó obsoleto con la introducción de la pólvora proveniente de China. Con esa ventaja, los europeos conquistaron América. Durante siglos, la guerra fue, ante todo, una cuestión de números: Más soldados, más armas, mayores probabilidades de victoria. Las armas balísticas -balas, artillería y bombas- dependían de la puntería y la vista del combatiente; destruir un objetivo exigía grandes contingentes y enormes recursos logísticos.

En la Primera Guerra Mundial, entre muchos otros avances, aparecieron los aviones. En la Segunda Guerra Mundial, hicieron su entrada los tanques y submarinos. Pero ganar la guerra seguía dependiendo del número de soldados y de armamento para dominar el campo de batalla.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó con la bomba atómica. De pronto, un solo soldado en un avioncito con un solo artefacto podía destruir una ciudad entera. La lógica de la guerra cambió radicalmente: Ya no se trataba de cantidad, sino de capacidad tecnológica concentrada. El poder dejó de medirse en ejércitos y comenzó a medirse en la precisión, alcance y capacidad de destrucción de la bomba nuclear.

La guerra del espacio

Desde 1945, hace ochenta años, el poder global descansa en quienes poseen armas nucleares, cuya proliferación se ha intentado contener mediante tratados internacionales que regulan tanto las ojivas como los insumos estratégicos, como el uranio. La clave es evitar que otros tengan armas nucleares y poder detectar cuándo un país se está haciendo de ellas.

Para garantizar su seguridad y mantener su hegemonía, EE.UU requiere vigilar, anticipar y, en su caso, neutralizar cualquier amenaza nuclear. Esto se realiza hoy principalmente desde el espacio: Satélites que observan, comunican, posicionan y guían sistemas de precisión; tecnologías robóticas que operan con mínima intervención humana; redes que convierten la información en poder militar inmediato. Este es un punto crítico en el actual conflicto de Israel y EE.UU con Irán.

En este contexto, la Luna deja de ser únicamente un destino científico o simbólico. Comienza a perfilarse como una plataforma estratégica. Su baja gravedad facilita el lanzamiento de equipos y materiales; su posición ofrece ventajas para el monitoreo del espacio cercano a la Tierra. No es descabellado imaginar bases lunares con funciones logísticas, de vigilancia e incluso defensivas.

De acuerdo con estas proyecciones, hacia mediados del siglo XXI, el espacio, y en particular la Luna, se convertirá en un nuevo campo de operaciones bélicas. No se trataría necesariamente de guerras convencionales, sino de disputas por el control de infraestructuras orbitales, sistemas de comunicación y capacidades tecnológicas críticas.

La historia es clara: Quien domina el nuevo espacio, sea el mar, el aire o ahora el espacio y sus rutas a la Luna, define las reglas del poder y ejerce el control. Si esto es así, la carrera por la Luna no es solo un espectáculo fascinante de avances científicos: Es el preludio silencioso del escenario y las tecnologías con las que se dirimirán los conflictos internacionales en el futuro cercano.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí