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El regreso de un ‘inocente’

Sin duda una de las mayores sorpresas de estos días fue el regreso de Rubén Rocha Moya.

Anita B.  de Ochoa

Sin duda una de las mayores sorpresas de estos días fue el regreso de Rubén Rocha Moya, a la gubernatura de Sinaloa, después de permanecer más de tres meses con licencia, mientras enfrentaba graves acusaciones provenientes de Estados Unidos.

Rocha regresó diciendo cínicamente aquí no pasó nada, asegurando que después de las investigaciones realizadas en México, no encontraron elementos para proceder en su contra por lo que volvía con la frente en alto para continuar “sirviendo” a los sinaloenses. ¿Servir?

Cuesta trabajo escuchar esa palabra, cuando vemos la realidad que vive Sinaloa. Durante los últimos años, ese hermoso Estado ha padecido una violencia terrible: Familias con miedo a salir, cientos de jóvenes desaparecidos, negocios que por extorsión mejor cierran, robos de vehículos, homicidios y comunidades enteras aterradas cuya vida cotidiana ha cambiado por la tremenda inseguridad. Y en medio de semejante realidad, su gobernador regresa presentándose como hombre reivindicado. Pero hay algo que NO cuadra.

Estados Unidos mantiene graves acusaciones contra Rocha Moya y otros funcionarios de Sinaloa, por presuntos vínculos con el crimen organizado. El las niega y tiene, por supuesto, derecho a defenderse. Y precisamente por eso resulta tan importante una pregunta: ¿Por qué para unos se exige “pruebas, pruebas y más pruebas”, mientras para otros parece bastar una acusación para tratarlos como culpables?.

Los bajacalifornianos tenemos muy presente el caso de Ernesto Ruffo Appel, quien a más de un mes, continúa recluido en el Penal del Altiplano enfrentando acusaciones por huachicol fiscal, algo completamente absurdo, una verdadera canallada del gobierno.

Y no estamos pidiendo impunidad para nadie, solamente pedimos la misma Justicia para todos. Si existen elementos contra Ruffo, que sean demostrados ante un Juez. Si los hay contra Rocha Moya, que también se investiguen hasta las últimas consecuencias. Lo que resulta inaceptable es una justicia con dos medidas: Prudente y protectora cuando se trata de los propios, implacable cuando se trata de los adversarios.

Pero cuando parecía que el regreso de Rocha había terminado de escribir esta historia, sucedió algo todavía más extraño. Apenas unas 24 horas de haber regresado a la gubernatura, volvió a pedir licencia. ¡Sí! Después de regresar “con la frente en alto” de asegurar que volvía para gobernar y de presentarse prácticamente como reivindicado, nuevamente decidió separarse del cargo, ahora solicitando una licencia por tiempo indefinido. ¿Por qué? ¿Qué sucedió en esas pocas horas? ¿Por qué regresar después de más de tres meses para volver a irse prácticamente al día siguiente? Son preguntas legítimas que los sinaloenses y todos los mexicanos merecemos conocer. Quizá lo más revelador fue la frase con la que Rocha acompañó su nueva solicitud: “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación, están por encima de todo.”

Hubiéramos esperado algo diferente: Que la verdad y la Justicia estén por encima de todo Porque México necesita Instituciones que investiguen sin preferencias, jueces independientes y una Justicia que mida a todos con la misma vara. Sea Ruffo. Sea Rocha. Sea quien sea. Porque cuando la Justicia depende del color del partido, deja de serla.

¡Mujer mexicana forja tu Patria!

*- La autora es consejera familiar.

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