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Diálogo empresarial

Desde la comodidad de los escritorios en el centro del país, la geografía económica suele interpretarse a través de un prisma homogéneo.

Salvador Maese Barraza

Frontera norte: competitividad fiscal,no privilegio

“La certidumbre en las reglas económicas es el oxígeno de la inversión a largo plazo; sin ella, los mercados no crecen, simplemente se defienden”. Joan Robinson.

Desde la comodidad de los escritorios en el centro del país, la geografía económica suele interpretarse a través de un prisma homogéneo. En los debates legislativos de la capital, no es raro escuchar voces que califican los estímulos fiscales del norte como “tratos preferenciales” o “privilegios injustificados”.

Quienes argumentan esto ignoran —o deciden no ver— la realidad cotidiana de una franja fronteriza que no compite con las entidades del centro de país, sino directamente con potencias comerciales como Texas, California y Arizona.

El Decreto de Estímulos Fiscales para la Región Fronteriza Norte, que otorga un crédito fiscal del 50% sobre la tasa general del Impuesto al Valor Agregado (IVA) para reducirla efectivamente del 16% al 8% en municipios autorizados, no es una concesión graciosa del Estado.

Es una herramienta técnica de compensación estructural. Si un consumidor en Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez o Reynosa enfrenta un IVA del 16%, cruzar la frontera para consumir en Estados Unidos —con impuestos sobre ventas locales significativamente menores— se convierte en una decisión racional e inmediata.

El IVA al 8% no enriquece a la región: simplemente evita la fuga masiva de capitales y retiene el consumo interno. Sin embargo, el talón de Aquiles de esta política ha sido su naturaleza temporal y precaria. Mantener este esquema sujeto a decretos presidenciales de vigencia limitada genera una incertidumbre nociva al cierre de cada ejercicio fiscal.

Las empresas no planifican contrataciones, expansiones de plantas manufactureras ni adquisiciones de maquinaria con horizontes de seis meses o un año; requieren horizontes de décadas. La constante duda sobre si el decreto será renovado el próximo año frena la inversión productiva y encarece la planeación corporativa.

La falta de certidumbre jurídica envía una señal equívoca a las cadenas globales de valor que hoy buscan relocalizarse en el norte mediante el fenómeno del nearshoring. Ningún inversionista extranjero consolidará proyectos multimillonarios en suelo mexicano si la estructura de costos fiscales depende de la discrecionalidad política o de la voluntad coyuntural del Ejecutivo en turno.

La frontera norte aporta una proporción sustancial al Producto Interno Bruto nacional y al empleo formal gracias a su dinamismo exportador y comercial. Lejos de ser un subsidio asistencial, la tasa del 8% actúa como un multiplicador de la actividad económica que termina por robustecer la recaudación global por vías indirectas, dinamizando el empleo y el consumo regional.

Es indispensable erradicar el falso dilema centralista de los “privilegios” y comprender la dinámica fronteriza como lo que realmente es: un motor que opera bajo condiciones únicas de integración transfronteriza. La renovación del decreto para el próximo ejercicio no debe estar en duda; al contrario, el verdadero paso hacia la madurez económica radica en elevar este estímulo a rango de ley permanente, blindando la competitividad nacional con la única garantía que demanda el capital: certeza absoluta.

*- El autor es Presidente de Index Mexicali..

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