El Imparcial / Columnas /

Diálogo Empresarial

La visa que nunca debemos perder es aquella que nos dé acceso para formar parte del bloque económico más importante a nivel global.

Salvador Maese Barraza

No hay margen de error en la diplomacia

“La integración económica de América del Norte no es una opción ideológica, es una necesidad estratégica y geográfica frente a la competencia global” Herminio Blanco, exsecretario de Comercio y jefe negociador de México en el TLCAN.

La visa que nunca debemos perder es aquella que nos dé acceso para formar parte del bloque económico más importante a nivel global, con ventajas para nuestro país como una nación competitiva y productiva, que cuide el medio ambiente y desarrolle talento de alto nivel.

La geografía es destino, pero la diplomacia económica define la prosperidad. Pocas relaciones bilaterales en el mundo presentan el nivel de simbiosis, volumen e interdependencia que caracteriza a México y Estados Unidos. Con un flujo comercial que supera holgadamente el millón de dólares por minuto y posiciona a México como el principal socio comercial de la mayor economía del planeta, el bienestar productivo, la estabilidad cambiaria y la atracción de capitales de nuestro país no son variables aisladas: dependen directamente de la salud de este vínculo transfronterizo.

En el marco de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T MEC), no hay margen para la politiquería; el panorama económico nacional enfrenta su examen más riguroso en décadas. Lejos de tratarse de un simple trámite administrativo, este proceso llega en un escenario global dominado por el rediseño de las cadenas de valor, la relocalización de inversiones (nearshoring) y una creciente presión proteccionista en Washington sobre temas como el contenido regional, la influencia de insumos asiáticos y las reglas laborales y energéticas.

Para México, lo que está en juego en la mesa de negociación es, literalmente, el motor de su crecimiento. Más del 80 % de las exportaciones no petroleras mexicanas tienen como destino el mercado estadounidense. Cada empleo en el sector manufacturero, cada inversión en infraestructura logística y cada avance en la integración industrial dependen de preservar la certidumbre jurídica y el acceso preferencial que brinda el acuerdo.

Un resultado adverso o un debilitamiento del marco trilateral no solo frenaría la llegada de capital fresco, sino que encarecería la producción regional frente a otros bloques globales. Hoy más que nunca, la conducción del gobierno mexicano exige un balance milimétrico entre firmeza técnica y pragmatismo de Estado.

Lograr un desenlace exitoso no será producto de la retórica política ni de posturas ideológicas rígidas, sino de la capacidad de los negociadores para ofrecer certidumbre regulatoria, garantizar condiciones de competencia justa y demostrar condatos duros que la competitividad de América del Norte depende de una frontera ágile integrada.

El equipo económico de México debeoperar con visión estratégica: entender lasprioridades de seguridad económica de sucontraparte sin ceder soberanía, pero construyendo puentes de confianza con los sectores privados de ambos lados. La pericia negociadora radicará en presentar a Méxicono como una fuente de fricción o triangulación comercial, sino como el socio indispensable para la resiliencia industrial estadounidense.

El futuro económico de México no admite ensayos ni improvisaciones. La revisióndel T-MEC representa una oportunidad histórica para consolidar al país como una potencia manufacturera y tecnológica. Paracapitalizarla, la diplomacia mexicana deberá exhibir su mejor versión: técnica, sofisticada y orientada a resultados tangibles. Elrumbo de las próximas décadas se define enesa mesa.

*- El autor es Presidente de Index Mexicali..

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí