El precio invisible de la inteligencia artificial
¿Qué es exactamente la inteligencia artificial?

¿Qué es exactamente la inteligencia artificial? ¿Por qué se ha convertido en una pieza central de nuestra vida? Y quizás lo más importante, ¿qué ganamos y qué estamos perdiendo en el proceso?
El mes pasado el papa León XIV hizo pública su primera encíclica de 2026 titulada Magnifica Humanitas (o magnífica humanidad) en la que advierte, entre otras cosas, sobre los riesgos de que la inteligencia artificial sea controlada por unas pocas empresas privadas.
En las cartas el pontífice reflexiona sobre la capacidad de esta tecnología para amplificar la desinformación y la manipulación, y el costo que tendríamos que pagar si no anteponemos a la humanidad sobre la IA. No se trata de renunciar a ella, sino impedir su dominio sobre nosotros.
La reflexión del papa no ocurre en el vacío. En los últimos años, investigadores han advertido que el avance de la inteligencia artificial sin una regulación adecuada podría afectar ámbitos tan diversos como la salud pública, la economía y la vida democrática.
Para empezar, el costo al medio ambiente es altísimo, comunidades enteras se han visto afectadas con la construcción de enormes centros de datos. “Suntuosos” proyectos multimillonarios que prometen traer desarrollo, pero su única finalidad es consumir cantidades inmensas de energía y agua. Esto consumos energéticos podrían ser superiores a lo que nuestras redes eléctricas y nuestros acuíferos pueden soportar. ¿Nunca se han puesto a pensar lo que le cuesta a nuestro planeta crear una imagen con IA? Es desbastador.
La pregunta es inevitable. Si Internet ya funcionaba, ¿qué cambió en tan poco tiempo? La respuesta nos acompaña todos los días, muchas veces sin que lo notemos: la inteligencia artificial.
En su libro “AI Snake Oil” (2024), Arvind Narayanan y Sayash Kapoor ponen el foco en un tipo específico de inteligencia artificial, la llamada IA predictiva. Se trata de sistemas que analizan grandes cantidades de datos para identificar patrones y anticipar comportamientos o eventos futuros.
Es precisamente sobre estas promesas de predicción donde los autores lanzan sus mayores cuestionamientos. Según los escritores, con frecuencia se atribuye a estas herramientas una capacidad para prever el comportamiento humano que simplemente no poseen. El problema surge cuando gobiernos e instituciones utilizan esas predicciones para tomar decisiones que afectan la vida de las personas.
Los autores sostienen que muchas de estas predicciones pueden resultar poco confiables, y advierten sobre el peligro de otorgar a los algoritmos una autoridad que no siempre está respaldada por evidencia sólida.
El sumo sacerdote destaca que la IA “no es neutral”, ya que “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”.
La semana pasada consultaba en la IA sobre un tema relacionado con seguros médicos cuando ocurrió algo que mehizo detenerme. De pronto apareció unareferencia a mi dirección. Sorprendida,pregunté cómo había obtenido esa información. Y me pregunto ¿cuánta información personal hemos entregado ya a lossistemas digitales que utilizamos todoslos días?
Durante años hemos compartido datosde manera fragmentada. Nuestras búsquedas, ubicaciones, hábitos de consumo,contactos, preferencias y conversaciones han quedado dispersos entre aplicaciones, plataformas y servicios en línea.La inteligencia artificial tiene la capacidad de reunir, interpretar y dar sentido a grandes volúmenes de esa información de formas que apenas comenzamosa comprender.
La cuestión no es únicamente qué sabeuna máquina sobre nosotros. La pregunta más importante es quién controla esainformación, cómo se utiliza y qué ocurrecuando cantidades sin precedentes de datos personales terminan concentradas enmanos de unos cuantos actores globales.Está de pensarse.
*- La autora es periodista inmigrante.
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