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Las masacres

Vivimos en un mundo donde las tragedias parecen haberse vuelto cotidianas.

Anita B.  de Ochoa

Vivimos en un mundo donde las tragedias parecen haberse vuelto cotidianas. Masacres, vejaciones, violencia inimaginable contra seres humanos…y, sin embargo, lo más alarmante no es solo esto, sino la indiferencia con la que reaccionamos. Pareciera que ya nada nos sorprende, nada nos conmueve. Como si el corazón se hubiera endurecido, incapaz de ponerse en el lugar de quienes hoy viven persecución, y muerte por el “delito” de tener fe, de creer en Jesucristo.

La historia nos recuerda que el cristianismo ha sido perseguido desde sus inicios. Durante el Imperio Romano, ser cristiano era ilegal y quienes profesaban esta fe eran castigados incluso con la muerte. Se estima que en aproximadamente 250 años, murieron entre 4,000 a 10,000 cristianos.

Hoy, la realidad supera estas cifras de forma alarmante. Tan solo en los primeros tres meses de 2026 en Nigeria, fueron asesinados 1,402 cristianos y más de 1,800 fueron secuestrados. Un solo país, en apenas semanas, supera lo que en siglos ocurrió durante la persecución romana. ¿Qué está detrás de estas masacres?

En el norte de Nigeria operan grupos terroristas como Boko Haram y el Estado Islámico de África Occidental, cuyo objetivo declarado es establecer un califato islámico y erradicar el cristianismo. En la región central, milicias fulani radicalizadas atacan comunidades agrícolas cristianas, no solo por razones ideológicas, también para despojarlas de sus tierras. En el Congo, las Fuerzas Democráticas Aliadas –afiliadas al Estado islámico- llevan años sembrando terror en aldeas cristianas, por una ideología extremista que considera al cristiano como enemigo a eliminar. Y no hablamos de hechos aislados:

Esta Semana Santa, la violencia alcanzó niveles particularmente crueles. El Domingo de Ramos, milicianos irrumpieron en comunidades cristianas en Nigeria, asesinando a 53 personas. El Domingo de Resurrección, ataques coordinados en tres estados, dejaron 54 víctimas. El Jueves Santo en el Congo, decenas de cristianos asesinados en sus propias casas, quemados vivos. Esto también ocurre en otras regiones como Siria. Para ellos, no importa la denominación: católico, evangélico, o protestante. Basta creer en Cristo para ser condenado. Hoy, alrededor de 388 millones de cristianos viven bajo algún tipo de persecución en el mundo. Nigeria concentra el 72% de los mártires.

¿Y qué hace la comunidad internacional? Silencio. Un silencio que reduce estas tragedias a cifras, olvidando que detrás de cada número, hay una persona, una familia, una historia. Hombres y mujeres que mueren por no renunciar a su fe. Ante esta realidad, lo mínimo que podemos hacer es no olvidar. Orar por ellos, sí. Pero también alzar la voz. Exigir que organismos internacionales como la ONU y la CIDH, cumplan con su función de defender los derechos humanos, la justicia y la paz. Porque resulta contradictorio que estas instituciones, creadas para proteger la dignidad humana, parezcan más enfocadas en imponer agendas ideológicas que atender tragedias humanas de esta magnitud.

La pregunta es: Nosotros, que vivimos en libertad…¿Qué hacemos con nuestra fe?¿La vivimos con coherencia o la diluimos en la indiferencia? Hoy no se nos pide dar la vida, pero sí, NO ser indiferentes. Ser voz de quienes no la tienen defendiendo la verdad. Porque mientras en algunas partes del mundo se mata por creer en Cristo, en otras hemos dejado de vivir como si real y verdaderamente creyéramos.

¡Mujer Mexicana forja tu Patria!

*- La autora es consejera familiar.

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