Entre libros y memoria, Mexicali despierta
En Mexicali existe una necesidad imperante de cultura que vaya más allá del entretenimiento vacío.

En Mexicali existe una necesidad imperante de cultura que vaya más allá del entretenimiento vacío. Aquí hay un público que busca contenido que aporte al intelecto, que tenga sustancia y que respete su tiempo y su interés.
Pero tristemente y con frecuencia lo que llega son propuestas mediocres, espectáculos de corridos tumbados repetitivos y artistas que suben al escenario en condiciones poco profesionales, a altas horas de la noche y ofreciendo presentaciones a medias. No se trata de rechazar lo popular, sino de exigir una oferta cultural más amplia, digna y significativa, que reconozca que en la ciudad hay una audiencia que quiere algo más que ruido. Exigimos ideas, calidad y verdadero valor artístico.
Quién sabía bien de esto era la profesora Malbina Robles, fundadora de la Feria del Libro en Mexicali. Sencilla, de cabello corto y blanco como la nieve, la recuerdo de baja estatura pero inmensa en amor e intelecto. Con su distintiva blusa roja, dejó una huella que hoy se traduce en este magno evento que convoca a miles en torno a la cultura, las letras y el arte.
La primera Feria del Libro la inició la profesora Malbina en la escuela Netzahualcóyotl, en la década de los noventa. Al año siguiente, con la participación de la SEP, el encuentro se trasladó al auditorio de la Ciudad Deportiva, donde comenzaron a sumarse editoriales de México, entre ellas Gandhi. Más tarde, la sede se movió en varias ocasiones al Parque Vicente Guerrero, adonde acudían escuelas y comunidades enteras, consolidándose ahí durante varios años.
Las maestras Yolanda Sánchez y Magui Quiroz fueron de las principales impulsoras que acercaban a los alumnos al mundo de las letras, fomentando en ellos el gusto por la lectura y la formación cultural.
Junto a Daniel Robles, esposo de la desaparecida Malbina, fundaron la asociación civil Netzahualcóyotl, semilla de lo que hoy se conoce como la Feria del Libro. Qué bonito es no olvidar a quienes iniciaron este proyecto, hoy ya magno; imaginarlos en las inauguraciones, cortando listones y contando su historia, nuestra historia.
Pero bueno, quedó claro el jueves pasado, cuando Mexicali vivió una noche poco común, cuando miles de cachanillas demostraron su amor por los eventos culturales. Desde temprano en la Unidad Deportiva Rubén Castro Bojórquez, familias, jóvenes y niños, se congregaron para el arranque de la XXVII Feria Internacional del Libro de la Universidad Autónoma de Baja California. Ellos, nosotros, teníamos hambre de disfrutar sanamente. Asistieron más de 14 mil almas.
Por cierto, 31 minutos es una serie chilena de comedia que parodia los noticieros de televisión, protagonizada por marionetas. Aunque parece un show infantil, su estilo irónico, sus guiones inteligentes y su música pegajosa lo han convertido en un fenómeno para públicos de todas las edades en América Latina.
Me alegró encontrar esa respuesta. Este sábado volveré: a recorrer editoriales, a entrar en talleres, a dejarme llevar por el aire aún complaciente de abril. Entre letras, arte y cultura, la Feria confirma lo esencial, que las historias de quienes nos fundaron siguen vivas, esperando ser contadas una vez más.
*- La autora es periodista inmigrante.
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