La NASA detectó que el agujero de la capa de ozono llegó a cubrir 27.1 millones de kilómetros cuadrados en la Antártida, una extensión que no se veía desde hace una década y que estuvo relacionada con un vórtice polar inusualmente fuerte
El fenómeno fue el séptimo más grande de los últimos 48 años, pero la pérdida de ozono no alcanzó la profundidad de otros episodios históricos. Los científicos atribuyen su expansión a condiciones atmosféricas inusuales

El agujero de la capa de ozono sobre la Antártida alcanzó una extensión máxima de 27.1 millones de kilómetros cuadrados durante septiembre de 2026, una superficie que volvió a colocar este fenómeno bajo la atención de la comunidad científica. Aunque el tamaño fue inusualmente grande, las mediciones indican que la recuperación de la capa protectora de la Tierra continúa.
Según información de la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el agujero se ubicó en el séptimo lugar entre los más grandes registrados durante 48 años de observaciones. Su crecimiento estuvo relacionado con un vórtice polar particularmente fuerte, que mantuvo durante más tiempo las condiciones necesarias para el agotamiento del ozono en la región.
Las agencias publicaron sus resultados el 4 de noviembre y señalaron que, pese a la extensión alcanzada, la pérdida de ozono no fue tan profunda como la observada en algunos de los episodios más severos de décadas anteriores.
El agujero de ozono cubrió 27.1 millones de kilómetros cuadrados
El periodo de mayor agotamiento de la capa de ozono se extendió del 7 de septiembre al 13 de octubre. Durante esas semanas, la superficie promedio del agujero fue de aproximadamente 25 millones de kilómetros cuadrados, más del doble del territorio de Estados Unidos.
El máximo diario ocurrió el 18 de septiembre, cuando el área llegó a 27.1 millones de kilómetros cuadrados. Esta cifra equivale a cerca del 90% de la extensión del mayor agujero observado desde que comenzaron los registros satelitales, cuyo máximo se presentó en septiembre de 2000.
La NASA y la NOAA aclararon que el tamaño del fenómeno no debe confundirse con la profundidad del agotamiento. Una superficie extensa indica que una mayor región presenta concentraciones bajas de ozono, pero no necesariamente que la pérdida de este gas sea más intensa en toda esa área.
¿Por qué creció el agujero de la capa de ozono en 2026?
Los científicos relacionaron el crecimiento con un vórtice polar inusualmente potente y amplio. Se trata de una corriente de vientos que rodea la Antártida y ayuda a mantener el aire extremadamente frío en la estratosfera durante la primavera austral.
Esas temperaturas favorecen la formación de nubes estratosféricas polares. En sus partículas ocurren reacciones químicas que facilitan la destrucción del ozono por efecto del cloro y el bromo liberados por sustancias de origen humano.
Durante agosto y septiembre de 2026, los sistemas meteorológicos de gran escala que normalmente contribuyen a debilitar y dispersar el vórtice fueron especialmente débiles. Esto permitió que los vientos más intensos permanecieran más alejados del Polo Sur y ampliaran la región con condiciones favorables para el agotamiento del ozono.
Amy Butler, investigadora del Laboratorio de Ciencias Químicas de la NOAA, explicó que esa menor actividad atmosférica mantuvo una zona más extensa bajo condiciones que favorecen la pérdida de este gas.
Paul Newman, científico sénior de la Universidad de Maryland y referente del equipo de investigación del ozono de la NASA, señaló que el agujero se ha formado más tarde en las últimas temporadas, una tendencia asociada con la recuperación de la capa. Sin embargo, el vórtice polar de este año prolongó el agotamiento y permitió que alcanzara una extensión que no se observaba desde hacía una década.
La pérdida de ozono no fue tan profunda como en otros años
A pesar de su tamaño, el agujero de 2026 no registró una disminución de ozono tan severa como la de otros episodios históricos.
Las mediciones realizadas con instrumentos transportados por globos desde el Observatorio Atmosférico de Referencia del Polo Sur identificaron una concentración mínima de 105 unidades Dobson sobre el Polo Sur el 17 de octubre.
Las unidades Dobson permiten medir la cantidad de ozono presente en una columna de la atmósfera. Para dimensionar el resultado, el valor más bajo registrado directamente sobre el Polo Sur fue de 92 unidades Dobson, en octubre de 2006.
Por ello, los científicos distinguen entre la extensión geográfica del agujero y la intensidad del agotamiento. En 2026, el área afectada fue considerable, pero las mediciones no mostraron una pérdida tan profunda como la de algunos años anteriores.
¿Cómo se mantiene la recuperación de la capa de ozono?
La vigilancia de este fenómeno comenzó en 1979 y combina observaciones satelitales, mediciones terrestres y globos sonda. Para analizar el comportamiento de 2026, NASA y NOAA utilizaron información de los satélites Aura, NOAA-20, NOAA-21 y Suomi National Polar-orbiting Partnership.
Los resultados también muestran los efectos de las medidas internacionales para reducir las sustancias que destruyen el ozono. El Protocolo de Montreal, aprobado en 1987, comprometió a los países a eliminar progresivamente compuestos como los clorofluorocarbonos (CFC), utilizados durante décadas en refrigeradores, aires acondicionados y materiales de aislamiento.
De acuerdo con Stephen Montzka, científico sénior del Laboratorio de Monitoreo Global de la NOAA, los niveles de cloro en la estratosfera antártica procedentes de sustancias que agotan el ozono han disminuido aproximadamente un tercio respecto a los valores alcanzados en la década de 1980.
La reducción de estos compuestos ha limitado el daño que puede producirse cada temporada. Paul Newman estimó que, si las sustancias destructoras del ozono conservaran los niveles que tenían en su punto máximo, alrededor del año 2000, el agujero de 2026 habría sido entre 3.5 y 7 millones de kilómetros cuadrados más grande.
Sin embargo, estos productos pueden permanecer durante décadas en la atmósfera o liberarse gradualmente desde equipos antiguos y vertederos. Por esa razón, la recuperación no ocurre de manera inmediata.
Las estimaciones científicas apuntan a que el agujero de ozono sobre la Antártida podría recuperarse durante la década de 2070. Las mediciones de 2026 muestran que todavía pueden presentarse temporadas de gran extensión debido a las condiciones meteorológicas, aunque la tendencia de largo plazo continúa favoreciendo la restauración de esta protección natural frente a la radiación ultravioleta.
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