Amazon enfrenta una creciente oposición a sus centros de datos en Estados Unidos mientras comunidades cuestionan el consumo de electricidad, agua y territorio, un conflicto que la empresa considera capaz de poner en riesgo la posición del país en la carrera mundial por la inteligencia artificial
AWS sostiene que las restricciones a nuevos proyectos pueden comprometer la expansión de la infraestructura necesaria para la IA, mientras organizaciones y comunidades ponen el foco en sus efectos ambientales y económicos

El crecimiento de la inteligencia artificial no ocurre únicamente en los modelos que utilizan millones de personas ni en los chips que procesan sus operaciones. Detrás de los servicios digitales existe una infraestructura física que necesita grandes edificios, servidores, electricidad, sistemas de refrigeración y espacios donde instalarse.
Ese crecimiento está provocando una nueva discusión en Estados Unidos. Comunidades y autoridades locales han comenzado a cuestionar la llegada de centros de datos, especialmente por el consumo de recursos que implican y por el impacto que pueden tener en las redes eléctricas y en el territorio.
Según información de Xataka, el consejero delegado de Amazon Web Services, Matt Garman, ha advertido que existen más de 100 moratorias sobre centros de datos planteadas en distintos puntos de Estados Unidos. A su vez, Data Center Watch ha documentado proyectos que han sido retrasados o bloqueados.
Para AWS, el problema va más allá de la construcción de determinados complejos. La compañía considera que la capacidad de Estados Unidos para ampliar su infraestructura informática será un factor determinante en la competencia internacional por la inteligencia artificial.
Amazon compara la infraestructura de IA con las autopistas
Garman ha utilizado un episodio de la historia estadounidense para explicar la importancia que Amazon atribuye a los centros de datos.
La referencia es 1956, cuando comenzó el desarrollo de la red de autopistas interestatales de Estados Unidos. Aquella infraestructura fue impulsada por razones económicas y de defensa y terminó modificando la conexión entre diferentes regiones del país.
La comparación de Amazon parte de una idea concreta: los centros de datos serían parte de la infraestructura que permitirá desarrollar y utilizar sistemas de inteligencia artificial a gran escala.
Desde esa perspectiva, la empresa sostiene que retrasar nuevos proyectos podría tener consecuencias sobre la capacidad tecnológica del país durante los próximos años.
Garman incluso ha advertido que una pérdida de impulso frente a otros países podría resultar “potencialmente irreparable”. Se trata, sin embargo, de la valoración de un ejecutivo de Amazon sobre las consecuencias de las restricciones, no de una proyección independiente.
¿Por qué generan rechazo los centros de datos?
Una de las principales preocupaciones está relacionada con la electricidad. Los centros de datos necesitan energía de manera constante para mantener funcionando miles de servidores y los sistemas que los mantienen operativos.
El Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley estima que los centros de datos representaron alrededor del 4.7% del consumo eléctrico de Estados Unidos en 2024. En su escenario de referencia, esa proporción podría llegar a 11.8% en 2030.
El aumento previsto obliga a considerar nuevas líneas de transmisión, capacidad de generación y otras obras de infraestructura energética.
El agua es otro de los puntos de discusión. Los sistemas de refrigeración utilizados en determinados centros pueden requerir grandes cantidades de este recurso, algo especialmente relevante en zonas donde existen restricciones o presión sobre el suministro.
También está el territorio. Las instalaciones requieren grandes superficies y pueden modificar el entorno donde se construyen. Para las comunidades, la discusión no termina con la llegada de la inversión, pues también surge la pregunta sobre qué beneficios permanecen una vez concluida la etapa de construcción.
Amazon defiende el impacto de sus instalaciones
Amazon ha respondido a algunas de estas críticas con datos que presenta como una refutación de lo que considera “mitos” sobre los centros de datos.
La empresa sostiene que sus instalaciones consumen en promedio menos de 13 mil galones de agua al día, frente a los 170 mil galones que atribuye a un centro de datos típico.
También rechaza que el aumento de las tarifas eléctricas pueda atribuirse directamente a estas instalaciones y señala que los generadores de respaldo permanecen inactivos durante el 99.9% del tiempo.
Amazon destaca además los impuestos, empleos e inversiones que sus centros generan en las comunidades donde se establecen.
Estas cifras forman parte de la defensa de la propia compañía y deben entenderse como argumentos de Amazon dentro de una discusión que todavía incluye cuestionamientos de gobiernos locales, organizaciones ambientales y habitantes de las zonas donde se desarrollan los proyectos.
El caso de España muestra que el conflicto no se limita a Estados Unidos
La expansión de Amazon también ha generado controversias fuera de Estados Unidos.
En Aragón, España, AWS opera una región desde noviembre de 2022 y Amazon anunció una inversión de hasta 33 mil 700 millones de euros para ampliar sus centros de datos y capacidades de inteligencia artificial en el país, con esa comunidad como uno de sus principales puntos de desarrollo.
El crecimiento de la infraestructura también ha encontrado oposición. Ecologistas en Acción Aragón llevó ante los tribunales el Plan de Interés General de Aragón relacionado con la expansión de AWS, mientras otros colectivos han cuestionado sus posibles efectos ambientales y la manera en que se han tramitado los proyectos.
El contexto español no tiene la misma escala que el estadounidense, pero muestra una tensión similar: la necesidad de ampliar infraestructura tecnológica frente a las preocupaciones de las comunidades que deben convivir con ella.
Amazon busca cambiar la relación con las comunidades
Ante el aumento de las críticas, Amazon no solo ha defendido sus cifras de consumo. La compañía también ha anunciado medidas destinadas a aumentar la aceptación local de sus proyectos.
Entre sus compromisos está proporcionar mayor transparencia sobre el consumo de agua y energía, además de abandonar acuerdos de confidencialidad con administraciones públicas.
Amazon también plantea trabajar para que las mejoras necesarias en las redes eléctricas asociadas con sus centros de datos no terminen trasladando sus costos directamente a los habitantes de las comunidades.
A esto se suma el programa Built Together, mediante el cual la empresa ha comprometido más de mil millones de dólares adicionales durante cinco años para iniciativas relacionadas con educación, capacitación, eficiencia energética y prioridades locales.
La estrategia refleja un problema que puede ser tan importante como la disponibilidad de chips o la capacidad de desarrollar nuevos modelos de IA: conseguir suficiente energía, territorio, permisos y aceptación social para construir la infraestructura que requiere esta tecnología.
Para Amazon, las restricciones locales pueden convertirse en un obstáculo para la competitividad tecnológica de Estados Unidos. Para las comunidades, en cambio, el debate pasa por determinar qué costos ambientales, energéticos y territoriales implica alojar una infraestructura que promete beneficios económicos y tecnológicos a largo plazo.
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