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El diésel llega a su precio más alto en la historia de Estados Unidos, un golpe que ya empieza a sentirse en supermercados, paquetería y transporte

De la fruta a los envíos por correo: así está encareciendo la guerra con Irán la vida diaria en Estados Unidos

El diésel llega a su precio más alto en la historia de Estados Unidos, un golpe que ya empieza a sentirse en supermercados, paquetería y transporte

Una fruta que cuesta más cara, un paquete que llega con un cargo extra, un boleto de camión que sube de precio: todo eso tiene un mismo origen esta semana en Estados Unidos, el diésel, que el viernes alcanzó su precio más alto registrado, 5.85 dólares por galón. Detrás de la cifra hay una guerra que ya lleva seis meses, la de Estados Unidos e Israel contra Irán, y que sigue trastocando el mercado mundial del petróleo, según documentó la agencia AP.

Por qué un combustible que casi nadie usa en su auto le importa a todos

A diferencia de la gasolina, el diésel rara vez es protagonista en la conversación diaria de un consumidor común, pero es el motor invisible detrás de casi todo lo que se compra: mueve camiones de carga, trenes, barcos y maquinaria agrícola. Por eso, cuando su precio se dispara, el golpe no se siente en un solo producto, sino en cientos de ellos al mismo tiempo.

Amazon ya cobra desde abril un recargo de 3.5% por combustible y logística a algunos vendedores externos. UPS, FedEx y el Servicio Postal de Estados Unidos hicieron lo mismo con ciertos envíos apenas comenzó la guerra. Y los especialistas coinciden en algo: eso es apenas el inicio. Ajesh Kapoor, director de la empresa de tecnología para transporte SemiCab, lo resume así: “El precio del diésel tiene un impacto muy directo en prácticamente todo lo que se mueve, independientemente del medio de transporte.”

El súper, uno de los primeros lugares donde se nota

Si hay un sitio donde el consumidor promedio ya percibe la diferencia, es el supermercado. El diésel está presente en cada etapa de la cadena alimentaria: en el tractor que cosecha, en el barco que pesca y en el camión que reabastece los anaqueles. Según la Independent Grocers Alliance, agrupación que reúne a 7,500 supermercados en el mundo, el combustible representa entre 15% y 30% del costo final de los alimentos.

El profesor David Ortega, de la Universidad Estatal de Michigan, explica que los primeros en encarecerse suelen ser los productos que necesitan refrigeración durante el traslado, como el pescado y la fruta fresca. Los números de julio lo confirman: mientras los alimentos en general subieron 2.7% respecto al año anterior, el pescado y marisco treparon 7% y la fruta fresca, casi 5%.

Pero el mercado no siempre responde solo al combustible. La lechuga, pese a cargar también con mayores costos de transporte, bajó de precio en julio porque un brote de ciclosporiasis redujo su demanda. Aun así, Ortega advierte que el alivio para el consumidor podría ser temporal: “Al principio, gran parte del aumento de costos se absorbe a lo largo de la cadena de suministro mediante los contratos de flete existentes y los márgenes de los minoristas. Pero a medida que los contratos se renegocian y los recargos por combustible se hacen efectivos, una mayor parte de ese costo llega al supermercado.”

Una guerra que Trump no controla, y que le puede costar en las urnas

El costo de vida más alto llega en el peor momento político posible para Donald Trump: a menos de tres meses de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, donde su partido ya enfrenta un terreno cuesta arriba. Una encuesta de AP-NORC de este verano encontró que dos de cada tres adultos estadounidenses desaprueban su manejo de la economía, un malestar que el precio del combustible amenaza con profundizar.

La gasolina también subió, aunque menos: pasó de 3.20 a 4.15 dólares por galón en un año, según la AAA, que señala que nunca antes había costado más de 4 dólares en el fin de semana del Día del Trabajo.

¿Por qué el diésel sube más rápido que la gasolina?

La respuesta está en la falta de alternativas. Un conductor puede decidir manejar menos cuando la gasolina sube, pero una red de transporte de mercancías no tiene forma inmediata de operar con menos diésel. Antes de que la guerra con Irán comenzara a finales de febrero, el galón costaba 3.76 dólares; hoy es 56% más caro, empujado por el precio del petróleo crudo, que se disparó por la congestión de buques cisterna en el Estrecho de Ormuz. Hubo una breve baja a inicios del verano ante la posibilidad de un acuerdo de paz, pero la escalada más reciente del conflicto volvió a encarecerlo: el crudo Brent cerró el viernes en más de 95 dólares por barril, frente a los 70 dólares previos a la guerra.

¿Es realmente el precio más alto de la historia?

En términos nominales, sí: el diésel nunca había costado tanto en Estados Unidos. El antecedente más cercano fue junio de 2022, cuando llegó a 5.82 dólares por galón tras el estallido de la guerra en Ucrania. Sin embargo, ajustado por inflación, el país ya vivió momentos más duros: antes de la crisis financiera de 2008, el diésel alcanzó el equivalente a 7.20 dólares actuales, y el propio récord de 2022 equivaldría hoy a 6.56 dólares. Eso no le quita fuerza al golpe actual, que sigue siendo el más alto que un consumidor ha pagado nunca en dólares reales de bolsillo.

El resto del mundo también lo resiente, y algunos países mucho más

El fenómeno no se queda en Estados Unidos. En África y Asia, donde muchos países dependen más de las importaciones de Oriente Medio, el golpe ha sido incluso más severo. De acuerdo con Global Petrol Prices, desde finales de febrero el diésel se ha encarecido 90% en Nigeria, 87% en Indonesia y 77% en Líbano. El precio más alto del mundo se registró en Hong Kong, donde subió más de 25% durante la guerra hasta llegar a 17.73 dólares por galón.

El impacto, además, va más allá de lo que se compra o se envía: algunos autobuses y trenes de transporte público funcionan con diésel, igual que los generadores eléctricos que muchas comunidades usan como respaldo, e incluso como única fuente de electricidad en zonas remotas del planeta.

Neil Atkinson, analista del Centro Nacional de Análisis Energético, lo planteó de forma directa ante la caída de las reservas mundiales de combustible: “Esto no puede continuar para siempre.”

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