Especialistas en salud mental desmienten que la depresión sea por falta de serotonina y exigen analizar las experiencias de vida del paciente
Revisiones científicas y especialistas señalan que el malestar psicológico responde a múltiples sistemas cerebrales, experiencias tempranas y relaciones personales.

Especialistas en salud mental y la psiquiatría actual desmantelan la idea de que la depresión se debe a un simple desequilibrio químico provocado por la falta de serotonina. Médicos y neurocientíficos defienden una perspectiva más amplia, donde los factores biológicos interactúan directamente con la historia personal, las relaciones afectivas y el entorno social del individuo.
El psiquiatra José Luis Marín afirma que no es sostenible mantener la idea de que este padecimiento se reduce a un déficit de dicho neurotransmisor. Por su parte, la revisión científica masiva liderada por la psiquiatra Joanna Moncrieff en 2022, que analizó 17 revisiones sistemáticas con más de 361,470 participantes, concluyó que no existen pruebas consistentes que vinculen los niveles de serotonina con la depresión.
¿Cómo surgió el mito del desequilibrio químico?
El origen de este concepto se remonta a 1965, cuando el psiquiatra Joseph Schildkraut formuló con cautela la hipótesis de las monoaminas. Sin embargo, durante la década de 1980, la comercialización de fármacos como la fluoxetina impulsó una simplificación de esta teoría mediante campañas publicitarias que instalaron la idea del “desequilibrio químico” en la práctica médica y el conocimiento popular.

Desde la perspectiva neurobiológica, el profesor de psiquiatría Carlos Arnaud Gil, del Tec de Monterrey, aclara que la depresión es una alteración de múltiples sistemas cerebrales. Esta condición involucra sustancias como la dopamina, la noradrenalina, el cortisol, la histamina y los sistemas de crecimiento cerebral, superando por mucho la función aislada de un solo químico.
¿Qué factores sociales e interpersonales influyen en la depresión?
Frente al modelo biomédico tradicional, los profesionales de la salud mental enfatizan el impacto de la trayectoria de vida y las dinámicas relacionales en el estado emocional de las personas:
- Experiencias tempranas: El malestar psicológico y la ansiedad suelen asociarse con vivencias acumuladas durante la infancia y la adolescencia. Especialistas como la psicóloga Mercedes Bermejo coinciden en que la prevención en etapas tempranas es clave para evitar que el malestar se vuelva crónico en la adultez.
- El entorno y la red relacional: El sufrimiento humano no se genera en el vacío. La familia, la pareja, los amigos y los compañeros de trabajo forman un entorno que condiciona cómo se afrontan las adversidades.
- Estresores psicosociales: Investigaciones reconocen que el aislamiento social, los traumas, el estrés crónico y los cambios drásticos de vida inciden directamente en la aparición de cuadros depresivos.

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¿Cuáles son los riesgos de las etiquetas diagnósticas?
La psiquiatría relacional advierte sobre el peligro de abusar de las etiquetas clínicas cuando se utilizan para definir por completo a una persona. Cuando un diagnóstico se convierte en el único parámetro de interpretación, existe el riesgo de cronificar la condición del paciente en lugar de resolver las causas de su malestar.
Además, la evidencia médica demuestra un correlato físico en el estilo de vida. Un estudio científico señala que entre el 90% y el 95% de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino y no en el encéfalo. Al mismo tiempo, las investigaciones confirman que las interacciones sociales positivas aumentan de forma directa la actividad del sistema serotoninérgico en el cerebro, demostrando que el bienestar depende tanto del entorno como de la biología.
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