Casi 700 perros y gatos siguen esperando un hogar tras los terremotos de Venezuela
El objetivo ahora no es solamente mantenerlos bajo resguardo. Los equipos buscan localizar a sus familias o encontrar personas que puedan adoptarlos.

VENEZUELA.- Dos meses después de los sismos del 24 de junio, cientos de perros y gatos rescatados de los escombros permanecen en refugios de La Guaira. Muchos llegaron con lesiones, deshidratación y ansiedad, mientras veterinarios y voluntarios buscan reunirlos con sus familias o encontrarles un hogar.
A dos meses del doble terremoto que golpeó el norte de Venezuela, la emergencia continúa para cientos de animales que sobrevivieron al desastre. Cerca de 700 perros y gatos permanecen en un refugio de La Guaira, donde reciben atención mientras esperan ser identificados por sus familias o adoptados, según Milenio con información tomada de EFE.
Los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 ocurrieron el 24 de junio y afectaron principalmente la zona norte del país. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó ambos eventos y señaló que provocaron numerosos deslizamientos. El último balance citado por EFE, con fecha del 17 de agosto, contabilizó 6,438 personas fallecidas.
En medio de la reconstrucción, los animales rescatados enfrentan otra etapa de la emergencia. Algunos llegaron al refugio con deshidratación, heridas, ansiedad o en estado de shock después de permanecer entre los restos de viviendas y construcciones.
Ahora el problema es distinto: muchos ya están fuera de peligro, pero los espacios disponibles para recibirlos comienzan a ser insuficientes.
¿Qué pasó con los animales después de los terremotos?
Durante las labores de rescate, numerosos perros y gatos fueron encontrados entre los escombros o deambulando sin sus familias.
Algunos fueron trasladados a refugios y otros quedaron bajo el cuidado temporal de voluntarios. También se habilitaron puntos de atención veterinaria en La Guaira y animales fueron enviados a espacios de acogida en Caracas y el estado Carabobo.
En el refugio de la Misión Nevado en La Guaira, la encargada Angelymar Luis explicó a EFE que actualmente tienen más de 700 animales.
“Tenemos más de 700 animales, tanto perros como gatos (...) ellos ahorita están en resguardo. Hay adultos, hay cachorros”.
La llegada de nuevos animales ha obligado a habilitar más jaulas y separar a los ejemplares de acuerdo con su condición.
El objetivo ahora no es solamente mantenerlos bajo resguardo. Los equipos buscan localizar a sus familias o encontrar personas que puedan adoptarlos.
Los refugios ya están al límite
La cantidad de animales que permanece en los espacios de acogida representa un problema adicional.
Los refugios necesitan alimento, medicamentos, atención veterinaria y lugares adecuados para mantener separados a los animales enfermos de los que están sanos.
Luis explicó que el equipo de Misión Nevado continúa recibiendo animales y pidió a las personas interesadas en adoptar que no se concentren solamente en un ejemplar.
“Estamos haciéndole un llamado a la gente de que lo que necesitamos es que no idealicen a un perro en específico, sino que le den la oportunidad a todos”.
Cada semana llegan personas interesadas en adoptar. Sin embargo, el número de animales que permanece bajo resguardo sigue siendo alto.
Antes de ser entregados, los animales pasan por atención veterinaria y, de acuerdo con la encargada del refugio, son entregados desparasitados, con refuerzo de vitaminas y vacunas, siempre que estén completamente sanos.
Algunos animales también están recuperando a sus familias
No todos los animales que llegaron a los refugios quedaron sin dueño.
Algunos fueron encontrados por sus familiares o terminaron formando parte de hogares temporales que después decidieron conservarlos.
Ese fue el caso de Beltrán, un cachorro de aproximadamente tres meses que quedó a la intemperie junto con otros seis perros después de los terremotos.
Su historia cambió cuando Arelys Criollo acudió al refugio. La mujer llevó a los siete animales, pero decidió quedarse con Beltrán porque, según contó a EFE, era “el más flaquito, el más sufrido”.
El cachorro permaneció bajo atención veterinaria debido a vómitos y parásitos.
“Yo dije que lo iba a recuperar, pero, mira, total que me quedé con él y nos encariñamos”.
Ahora Beltrán vive con Balto, otro perro de la familia.
Criollo explica que para ella adoptar a un animal implica asumirlo como parte del hogar.
“Yo digo que cuando uno quiere un animal es como tener un hijo, uno resuelve, sea las dificultades que pueda haber (...) es una familia más, un integrante más de uno”.
Las enfermedades se convirtieron en otro problema
Después de un desastre de esta magnitud, el rescate no termina cuando un animal sale de los escombros.
Los veterinarios que trabajan en La Guaira han encontrado distintas enfermedades infecciosas entre los animales atendidos.
En perros se han detectado casos de distemper o moquillo y parvovirus, enfermedades que pueden ser graves.
En gatos, los especialistas han identificado principalmente panleucopenia y calicivirus.
El doctor Luis Calderón, coordinador del punto de atención veterinaria de la Fundación Mi Primer Rescate Carabobo instalado en Caraballeda, explicó a EFE que estas enfermedades representan uno de los principales retos para continuar con la atención.
La prioridad consiste en diagnosticar a los animales, proporcionar tratamiento y evitar que las enfermedades se propaguen entre ejemplares que permanecen juntos en los refugios.
De seis veterinarios a cientos de atenciones
Uno de los centros veterinarios instalados después de los terremotos comenzó con recursos limitados.
El equipo inició sus operaciones utilizando mesas de plástico en un local vacío y contaba con seis veterinarios fijos.
Con el paso de las semanas comenzaron a recibir donaciones que permitieron ampliar el espacio y realizar incluso operaciones de emergencia.
La cantidad de pacientes muestra la dimensión de la necesidad.
“Atendemos de 150 a 200 animalitos al día, es decir, que fácilmente superamos las 7 mil atenciones”, explicó Calderón.
El volumen de trabajo también plantea una pregunta para las próximas semanas: ¿qué ocurrirá cuando disminuya la ayuda de emergencia?
¿Hasta cuándo funcionarán los centros de atención?
Algunos de los espacios creados después del terremoto fueron instalaciones temporales.
El punto veterinario coordinado por Calderón tenía previsto operar en el local que ocupa hasta el 31 de agosto, por lo que el equipo ya analiza alternativas para mantener la atención.
Una situación similar enfrentaron los veterinarios que trabajaban en un establecimiento de McDonald’s en la ciudad costera. El lugar fue utilizado temporalmente para atender tanto a personas como a mascotas, pero dejó de prestar esas instalaciones durante esta semana.
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El reto es mantener la atención veterinaria cuando la emergencia inicial comienza a disminuir, pero todavía quedan animales que necesitan tratamiento.
¿Qué necesitan los animales que siguen en refugios?
La situación de estos perros y gatos tiene varias necesidades al mismo tiempo.No basta con encontrarles un hogar. Muchos necesitan completar tratamientos, recuperarse de lesiones, recibir vacunas o permanecer bajo observación antes de ser entregados.
Los animales que presentan enfermedades infecciosas también requieren cuidados específicos para evitar contagios.
Por eso, los equipos de rescate trabajan en varias líneas:
- Atención veterinaria para animales heridos o enfermos.
- Alimentación y medicamentos para los ejemplares bajo resguardo.
- Identificación para intentar reunir a las mascotas con sus familias.
- Hogares temporales para reducir la presión sobre los refugios.
- Adopciones responsables para quienes ya pueden ser entregados.
- Tratamiento y aislamiento de animales con enfermedades infecciosas.
La situación también requiere seguimiento después de la adopción, especialmente cuando el animal presenta secuelas físicas o de comportamiento.
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La ansiedad también forma parte de las secuelas
Los efectos de un terremoto no desaparecen necesariamente cuando termina el movimiento. Los animales que sobrevivieron a derrumbes, ruidos intensos, separación de sus familias y periodos de incertidumbre pueden presentar miedo, ansiedad o cambios de comportamiento.
Por ello, la recuperación no depende únicamente de curar una herida.
Un perro o gato que llega asustado puede necesitar tiempo para volver a sentirse seguro. La alimentación, el descanso, la atención veterinaria y un entorno estable pueden formar parte de ese proceso.
En algunos casos, además, el animal debe acostumbrarse nuevamente al contacto con personas después de haber pasado por una situación de emergencia.
La reconstrucción también incluye a los animales
El doble terremoto dejó una emergencia que va mucho más allá de los edificios destruidos.
El último balance citado por EFE señaló que hasta el 17 de agosto habían muerto 6 mil 438 personas, mientras que las autoridades habían atendido a decenas de miles de personas en hospitales. También se habían evaluado más de 59 mil viviendas.
Los animales forman parte de esa misma emergencia.
Para las familias que perdieron su vivienda, encontrar nuevamente a una mascota puede representar otro problema dentro de una situación ya marcada por pérdidas materiales y personales.
Para los animales que no han sido reclamados, el refugio se convierte en un punto de transición entre el rescate y una posible nueva vida.
Una emergencia que todavía no termina
Los terremotos ocurrieron el 24 de junio, pero sus consecuencias continúan.
El USGS documentó que los movimientos sísmicos provocaron deslizamientos en distintas zonas del norte de Venezuela. La respuesta posterior incluyó rescate, atención médica, alojamiento temporal, retiro de escombros y búsqueda de personas.
En La Guaira, esa respuesta también alcanzó a los animales.
Ahora, mientras las comunidades avanzan hacia la reconstrucción, cerca de 700 perros y gatos siguen esperando una familia o el reencuentro con quienes los perdieron durante el desastre.
Para los equipos que los atienden, encontrarles un hogar no significa solamente liberar espacio en los refugios. También significa cerrar una parte de la emergencia para animales que sobrevivieron a los terremotos y que todavía necesitan recuperarse.
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