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Mientras en México la esperanza de vida es de 75 años, en Japón llega a 84 gracias a una alimentación con menos ultraprocesados, prevención médica y hábitos que reducen el riesgo de enfermedades

La diferencia de casi una década entre ambos países refleja el impacto acumulado de la atención sanitaria, el control de factores de riesgo y las condiciones de vida a lo largo de los años.

Mientras en México la esperanza de vida es de 75 años, en Japón llega a 84 gracias a una alimentación con menos ultraprocesados, prevención médica y hábitos que reducen el riesgo de enfermedades

La esperanza de vida al nacer es un indicador que estima cuántos años viviría, en promedio, una persona recién nacida si se mantuvieran las condiciones de mortalidad observadas.

De acuerdo con los datos más recientes del Banco Mundial disponibles para ambos países, correspondientes a 2023, México registra una esperanza de vida de 75 años, mientras Japón alcanza los 84 años. La diferencia es de aproximadamente nueve años.

El dato japonés también puede observarse en sus estadísticas nacionales. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón reportó que en 2024 la esperanza de vida fue de 81.09 años para los hombres y 87.13 para las mujeres.

Esto significa que la comparación no se limita a una diferencia estadística entre dos países. También muestra dos realidades distintas frente al envejecimiento y la salud.

Pero, ¿qué hay detrás de esa brecha?

Japón no vive más por una sola razón

No existe una fórmula que permita atribuir la longevidad japonesa a un único alimento, hábito o política pública.

La evidencia disponible apunta a una combinación de factores relacionados con la alimentación, la prevención de enfermedades, el acceso a servicios médicos y determinados factores de riesgo.

La OCDE reporta que Japón tuvo una esperanza de vida de 84.1 años, tres años por encima del promedio de los países de esa organización. También registró una mortalidad prevenible de 86 muertes por cada 100 mil habitantes, frente a 145 en el promedio de la OCDE.

La diferencia resulta relevante porque una parte de las muertes prematuras está relacionada con enfermedades que pueden prevenirse o tratarse de manera oportuna.

La prevención forma parte del sistema de salud

Uno de los elementos que distingue a Japón es el peso que tiene la prevención dentro de su estrategia sanitaria.

La OCDE ha señalado que el país cuenta con programas amplios de prevención primaria y con una extensa oferta de revisiones médicas. Estos mecanismos buscan detectar factores de riesgo y enfermedades antes de que provoquen complicaciones mayores.

Japón también cuenta con un sistema de cobertura sanitaria basado en esquemas de seguro establecidos por ley. La Organización Mundial de la Salud documenta el modelo japonés de acceso universal a servicios de salud.

Esto es importante porque vivir más no depende únicamente de acudir al médico cuando aparece un problema.

La detección temprana permite identificar enfermedades y factores de riesgo antes de que evolucionen.

La prevención y el acceso a servicios de salud forman parte del modelo sanitario japonés. Foto: FreePink

La alimentación también forma parte de la explicación

La dieta japonesa tradicional suele incluir alimentos como pescado, arroz, verduras, legumbres y otros productos poco procesados, aunque los hábitos alimentarios del país han cambiado con el paso del tiempo.

El propio Ministerio de Salud japonés establece recomendaciones alimentarias que contemplan la combinación de cereales, verduras, frutas, productos lácteos, legumbres y pescado, además de moderar el consumo de sal y grasas.

Esto no significa que toda la población japonesa siga exactamente ese patrón ni que comer determinado alimento garantice vivir más.

La Organización Mundial de la Salud señala que una alimentación saludable debe basarse en adecuación, equilibrio, moderación y diversidad, y que una dieta con alimentos mínimamente procesados puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles.

En otras palabras, el interés del caso japonés está menos en un alimento específico y más en el patrón general de alimentación.

Un dato que rompe el mito: no todo es ejercicio

También sería incorrecto presentar a Japón como un país donde toda la población realiza grandes cantidades de actividad física.

De acuerdo con la OCDE, 51% de los adultos en Japón no realiza suficiente actividad física, una proporción incluso mayor al promedio de 30% registrado entre los países de la organización.

Por eso, la longevidad japonesa no puede explicarse simplemente diciendo que sus habitantes hacen más ejercicio.

La actividad física regular sí forma parte de los factores relacionados con un envejecimiento saludable, pero el caso japonés demuestra que la esperanza de vida es resultado de múltiples condiciones que actúan al mismo tiempo.

Menores niveles de obesidad y consumo de alcohol

Otro elemento relevante son determinados factores de riesgo.

La OCDE ha señalado que Japón tiene una de las tasas de obesidad más bajas entre los países de la organización. También reporta un consumo de alcohol de 6.7 litros por persona de 15 años o más, frente a 8.5 litros en el promedio de la OCDE.

El tabaquismo, sin embargo, muestra un panorama menos favorable.

En 2025, la OCDE estimó que 15.7% de la población adulta japonesa fumaba diariamente, una proporción cercana al promedio de la organización, que fue de 14.8%.

Esto vuelve a mostrar por qué no existe una explicación única.

Japón presenta algunos factores de riesgo en niveles bajos, pero también enfrenta otros problemas de salud.

En Japón, el consumo de alcohol por persona se encuentra por debajo del promedio registrado entre los países de la OCDE.

¿Viven más años o también viven más tiempo con buena salud?

Esta es una de las preguntas más importantes. Esperanza de vida y esperanza de vida saludable no significan exactamente lo mismo.

La primera mide los años que se espera que viva una persona. La segunda intenta estimar cuánto tiempo puede vivir sin problemas de salud que limiten sus actividades.

La OMS calcula que Japón tenía en 2021 una esperanza de vida saludable al nacer de 73.4 años, frente a una esperanza de vida total de 84.5 años ese mismo año.

Por lo tanto, vivir hasta edades avanzadas no significa necesariamente permanecer completamente sano durante todo ese periodo.

Aun así, Japón destaca también cuando se analiza la longevidad después de los 65 años.

La OCDE reportó que en 2023 las mujeres japonesas de 65 años tenían una esperanza de vida restante de 28.9 años, la cifra más alta entre las mujeres de los países de la organización. Para los hombres japoneses, también se encontraba entre los niveles más altos.

¿Qué enfermedades afectan más a la población japonesa?

Japón no está libre de enfermedades crónicas.

Según la OMS, entre las principales causas de muerte en el país se encuentran las enfermedades isquémicas del corazón, los accidentes cerebrovasculares, las infecciones respiratorias y distintos tipos de cáncer.

Esto ayuda a entender otro aspecto de la comparación.

La longevidad no significa que una población no enferme. Significa que, en promedio, las personas sobreviven más años antes de morir y que determinados riesgos pueden mantenerse bajo control durante más tiempo.

Entonces, ¿por qué Japón vive más que México?

La diferencia de aproximadamente nueve años no puede atribuirse únicamente a la dieta japonesa ni a un solo aspecto del sistema de salud.

Los datos apuntan a una combinación de factores.

Japón mantiene una esperanza de vida cercana a los 84 años, cuenta con una estrategia de prevención sanitaria desarrollada, cobertura amplia de servicios médicos, niveles bajos de obesidad y un patrón alimentario que incorpora diversos alimentos poco procesados.

México, en cambio, registra una esperanza de vida de 75 años, de acuerdo con el último dato comparable del Banco Mundial.

La diferencia de casi una década convierte a Japón en uno de los contrastes más claros para entender que la longevidad de una población no depende de un solo hábito, sino de la suma de las condiciones en las que las personas nacen, crecen, trabajan, reciben atención médica y envejecen.

Y ese es precisamente uno de los puntos que deja esta comparación: vivir más no comienza a los 60 o 70 años; es el resultado de decisiones y condiciones acumuladas durante toda la vida.

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