710 casos confirmados de ébola y 149 muertes elevan la alerta en República Democrática del Congo mientras la OMS advierte que el brote puede ser mayor de lo detectado
El brote causado por la variante Bundibugyo sigue avanzando en el este de la República Democrática del Congo, donde la inseguridad, la movilidad de la población y los “puntos ciegos” sanitarios dificultan la respuesta

La República Democrática del Congo elevó a 710 el número de casos confirmados de ébola, incluidos 149 fallecimientos, según datos del Gobierno publicados el sábado y retomados por Reuters.
La cifra corresponde al total acumulado hasta el viernes y forma parte de un informe de situación que documentó 21 nuevos casos en las últimas 24 horas. El aumento confirma que la epidemia sigue activa y que las autoridades sanitarias todavía enfrentan dificultades para cortar las cadenas de transmisión.
El brote ocurre en una región marcada por crisis humanitaria, desplazamientos, inseguridad y sistemas de salud debilitados. Esa combinación vuelve más difícil aislar casos, hacer pruebas, rastrear contactos y atender a pacientes en comunidades donde muchas personas se mueven por necesidad, comercio, refugio o atención médica.
¿Dónde se concentra el brote de ébola?
La mayoría de los contagios se concentra en Ituri, provincia del noreste de la República Democrática del Congo. Sin embargo, la enfermedad también se ha extendido a zonas de Kivu del Norte y Kivu del Sur.
La Organización Mundial de la Salud, conocida como OMS, advirtió que los casos aparecen casi a diario en nuevas zonas sanitarias. Esto puede reflejar dos situaciones al mismo tiempo: que el virus sigue avanzando y que la vigilancia está detectando contagios que antes podían pasar inadvertidos.
El problema es que no todas las zonas tienen la misma capacidad para hacer pruebas o seguir contactos. Por eso la OMS ha hablado de “puntos ciegos” en áreas de alto riesgo. En esos lugares, el tamaño real del brote puede ser mayor al que muestran las cifras oficiales.
¿Por qué la OMS está preocupada?
La preocupación de la OMS se centra en tres factores: el crecimiento de casos, la expansión geográfica y las dificultades para responder en terreno.
Olivier le Polain, epidemiólogo de la OMS que trabaja desde Beni, en Kivu del Norte, advirtió que todavía hay zonas de alto riesgo donde la vigilancia debe reforzarse. También explicó que la movilidad de la población puede facilitar que el virus llegue a nuevas comunidades.
A esto se suma otro obstáculo: la falta de camas suficientes para aislar a pacientes. En un brote de ébola, el aislamiento temprano es una medida esencial porque ayuda a evitar que una persona enferma contagie a familiares, personal sanitario o personas cercanas.
El reto no es sólo médico. También es logístico y social. Cuando hay inseguridad, desplazamientos o desconfianza hacia las autoridades, las brigadas sanitarias pueden tardar más en llegar, encontrar contactos o convencer a las comunidades de acudir a centros de atención.
¿Qué tipo de ébola causa este brote?
El brote actual está asociado al virus Bundibugyo, una especie de ébola menos frecuente que la variante Zaire, pero también peligrosa.
La diferencia es importante porque para la variante Bundibugyo no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico aprobado. Eso obliga a que la respuesta se concentre en medidas básicas de salud pública: detección rápida, aislamiento, rastreo de contactos, atención médica de soporte y entierros seguros.
La OMS ha señalado que el brote fue confirmado en mayo y que desde entonces los casos han aumentado con rapidez. Parte del incremento también se explica por el fortalecimiento de pruebas y laboratorios, lo que permitió procesar muestras acumuladas y confirmar contagios que estaban pendientes.
¿Cómo se transmite el ébola?
El ébola no se transmite como la gripe o el COVID-19. No se propaga simplemente por estar cerca de una persona enferma.
De acuerdo con autoridades sanitarias internacionales, el virus se transmite por contacto directo con sangre o fluidos corporales de una persona enferma o fallecida por ébola. También puede transmitirse mediante objetos contaminados, como ropa, sábanas, agujas o equipo médico.
Los síntomas pueden aparecer entre 2 y 21 días después de la exposición. Al inicio pueden incluir fiebre, cansancio, dolores musculares, dolor de cabeza y malestar general. Después pueden presentarse vómito, diarrea, dolor abdominal, erupciones y, en algunos casos, sangrado.
Por eso el rastreo de contactos es una herramienta central. Las personas que estuvieron expuestas deben ser monitoreadas durante el periodo de incubación para detectar síntomas a tiempo.
¿Qué significa que el rastreo de contactos haya mejorado?
El rastreo de contactos consiste en identificar a las personas que pudieron haber estado expuestas a un caso confirmado de ébola y darles seguimiento.
Según la OMS, la situación ha mejorado en las últimas semanas. El seguimiento ya alcanza a más del 70% de los contactos correctamente rastreados, una mejora frente a los niveles reportados una o dos semanas antes.
Aun así, la meta debe ser más alta. En un brote de ébola, dejar contactos sin seguimiento permite que una persona infectada se enferme en casa, viaje o acuda a un centro de salud sin que el sistema la detecte a tiempo.
Cada contacto localizado puede representar una cadena de transmisión interrumpida. Cada contacto perdido puede convertirse en un nuevo foco.
¿Qué pasa en Uganda?
El brote también ha tenido vínculo con Uganda, país vecino donde se confirmaron casos asociados a la transmisión originada en la República Democrática del Congo.
La información más reciente de organismos sanitarios europeos señala que Uganda reportaba 19 casos confirmados y dos muertes, con la mayoría de los casos vinculados a contagios importados o contactos relacionados. También se indicó que no se habían reportado nuevos casos desde el 5 de junio.
Esto no elimina el riesgo, pero sí muestra un escenario distinto al de la República Democrática del Congo, donde la expansión geográfica y las dificultades de vigilancia siguen siendo mayores.
¿Por qué este brote es difícil de controlar?
El este de la República Democrática del Congo enfrenta condiciones que complican cualquier respuesta sanitaria.
Hay comunidades desplazadas, violencia armada, rutas de comercio activas, movimiento constante de personas, centros de salud con recursos limitados y zonas donde las brigadas médicas no siempre pueden entrar con seguridad.
La OMS reconoce que el país tiene experiencia en el manejo del ébola, porque ha enfrentado varios brotes desde que el virus fue identificado por primera vez en 1976. Sin embargo, esa experiencia no elimina los riesgos de un brote que se mueve por regiones con alta movilidad e inseguridad.
La respuesta dependerá de reforzar pruebas, abrir más espacios de aislamiento, proteger al personal sanitario, mejorar la comunicación con las comunidades y ampliar el rastreo de contactos.
¿Qué sigue ahora?
Las próximas semanas serán decisivas para saber si el brote puede estabilizarse o si seguirá extendiéndose a nuevas zonas sanitarias.
Por ahora, el aumento a 710 casos confirmados y 149 muertes mantiene la alerta. La prioridad será cerrar los puntos ciegos, detectar contagios no registrados y evitar que la epidemia llegue a comunidades donde el sistema de salud no pueda responder a tiempo.
El caso de la República Democrática del Congo también recuerda que los brotes no se controlan sólo con cifras. Se controlan con vigilancia, confianza comunitaria, atención médica, seguridad para los equipos de salud y recursos suficientes para actuar antes de que el virus avance más rápido que la respuesta.
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