Creció en San Miguel de Allende, no hablaba inglés, sus padres trabajaban el campo y hoy con 30 años lidera en la NASA el equipo que desarrolló el sistema de emergencia contra incendios de la misión Artemis II
Manuel Retana Parra soñó con el espacio desde una secundaria en Guanajuato. Lo rechazaron once veces antes de entrar a la NASA y fue rechazado como astronauta dos veces más. Hoy, su equipo desarrolló las 46 piezas de emergencia que viajaron a bordo de la nave Orion

¿Quién es Manuel Retana y de dónde viene?
Todo empezó en un salón de clases en San Miguel de Allende, Guanajuato. Un maestro de física puso en pantalla el lanzamiento de un cohete desde el centro espacial de la NASA en Cabo Cañaveral. El alumno que lo vio no sabía dónde estaba Florida, pero algo cambió en él ese día.
Ese alumno era Manuel Retana Parra. Hoy tiene 30 años y lidera el grupo de ingenieros que desarrolló parte del equipo de emergencia para los astronautas de la misión Artemis II, según relató en entrevista con CNN.
Sus padres, originarios de Durango, emigraron a Estados Unidos para trabajar el campo. Por eso Manuel nació en Texas, aunque nunca habló inglés de pequeño. “No podía terminar una oración, veía las noticias y no entendía nada”, confiesa. Su madre regresó a México con él siendo bebé. Vivieron un tiempo en Durango y luego se instalaron en San Miguel de Allende, donde ella puso un local para vender ropa.
¿Cómo llegó a Estados Unidos y cómo pagó sus estudios?
A los 15 años, Manuel tomó una decisión. Quería aprender inglés, apoyar económicamente a su familia y cumplir sus metas. Regresó a Estados Unidos con el apoyo de una tía que lo dejó quedarse en su casa.
Lo que siguió fue una carrera contra las circunstancias. Consiguió más de diez becas por su desempeño académico, con las que terminó la preparatoria y la universidad. Estudió ingeniería mecánica en la Universidad de Nevada en Reno y luego cursó una maestría en ingeniería aeronáutica y astronáutica en la Universidad de Stanford.

¿Cuántas veces lo rechazó la NASA antes de contratarlo?
Once veces.
Fue en una conferencia universitaria donde conoció a ingenieros de la agencia, muchos de ellos hispanos, que le dijeron que también podía aplicar. “Yo en ese momento no creía que pudiera ser algo para mí. No me la creía, pero ellos me decían: ‘También tú puedes’”, recuerda.
Al intento número doce, lo admitieron para una pasantía en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, cuando tenía 20 años.
¿Qué hizo durante sus primeros años en la NASA?
Empezó en un lugar inesperado: la pirotecnia. Literalmente probaba explosivos para ver cuáles funcionaban mejor en la separación de naves espaciales. “Me puse a tronar cuetes… explosivos, para ver qué tan buenos eran”, relata entre risas.
Después pasó por operaciones espaciales, donde aprendió a usar las herramientas internas de la Estación Espacial Internacional, incluyendo reparación, plomería y electricidad. Luego estuvo en robótica, su área de especialidad, pero había demasiada competencia y no pudo quedarse.
En 2020, tras cinco años como pasante, lo contrataron como gerente de proyectos de vuelo para sistemas de soporte vital, el área que él describe como “el aire acondicionado de la nave espacial, lo que crea la atmósfera dentro”. Sin saberlo, eso lo llevaría directo a Artemis II.

¿Qué desarrolló exactamente su equipo para Artemis II?
El grupo de 15 ingenieros que lidera Retana, y en el que es el único mexicano, construyó durante aproximadamente cinco años el Sistema de Contingencia para Respiración (CBS) de la nave espacial Orion.
En total, 46 piezas viajaron a bordo con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen:
5 máscaras para respirar aire limpio en caso de incendio, similares a las de los bomberos pero sin oxígeno, con una duración de ocho horas.
16 cartuchos contra fuego y 24 prefiltros.
1 filtro comehumo de Orion (OSEF) para dispersar partículas, remover humo y ceniza. Pesa 8 kilos, mide 18 por 18 centímetros y tiene una duración estimada de cuatro horas, el tiempo calculado para que los astronautas limpien la nave en caso de emergencia.
El precio no es menor. Cada máscara cuesta alrededor de 20,000 dólares. El filtro, unos 250,000 dólares más 6,000 dólares de desarrollo. “Las llaves del Lamborghini”, bromea Retana.
¿Qué tan grande es la responsabilidad que carga?
Retana lo dice con toda claridad: “Si este equipo no funciona a la perfección, puedo matar a una persona, y no nada más una persona, a la persona que está llevando a la humanidad de regreso a la Luna.”
El camino no fue sin tropiezos. Las máscaras que empezó a construir en 2020 se rompieron en 2023. Gracias a los astronautas de la Estación Espacial Internacional detectaron fallas en el diseño. Las corrigieron y en 2025 entregaron el equipo completo.

¿Llegó a conocer a los astronautas de Artemis II?
Sí, a tres de ellos. Con Jeremy Hansen y Christina Koch tuvo una interacción breve cuando fueron a probar el equipo. Él revisó uno de los filtros, ella se midió una de las máscaras.
Con Victor Glover la historia fue diferente. Se conocieron en clases de salsa dentro de la NASA. “Lo vi en la clase, estaba bailando con su esposa y le costaba trabajo. Por primera vez sentí que podía hacer algo mejor que un astronauta”, cuenta entre risas.
Su impresión general de los astronautas es que “han hecho cosas increíbles a muy corta edad y que son muy humanos, no se sienten la gran cosa.”
¿Cómo vivió el lanzamiento de Artemis II?
Retana vio el lanzamiento desde el Centro Espacial Johnson en Houston junto a su familia, incluyendo a su hijo recién nacido y su esposa, originaria de Tamaulipas.
Su madre no pudo estar ahí. No consiguió la visa para entrar a Estados Unidos. La vio desde San Miguel de Allende. “Es complicado el tema de inmigración”, dice Retana, quien recuerda que su madre siempre lo alienta a “no sentirse menos y a no tener miedo porque tiene los mismos derechos.”
Los astronautas de Artemis II amerizaron con éxito el 10 de abril frente a la costa de San Diego, al concluir un viaje de 10 días que los llevó a sobrevolar la Luna y llegar más lejos que cualquier persona en la historia de la humanidad.
¿Qué papel juega su identidad mexicana en su trabajo?
Uno central. Retana atribuye buena parte de su éxito a lo que él llama “el ingenio mexicano“: la capacidad de encontrar soluciones simples y económicas donde otros ven callejones sin salida. “Nos la inventamos, le sacamos la vuelta y en realidad no me rompo la cabeza”, dice.
En 2022 creó el Mariachi Celestial dentro de la NASA, un grupo en el que toca junto a compañeros de raíces mexicanas y algunos que, en sus palabras, “no tienen nada que ver con la cultura mexicana, pero les encanta.”
Tiene doble nacionalidad mexicana y estadounidense, pero se identifica como mexicano. “Aunque vayamos a la Luna, siempre tenemos los pies bien plantados. No se me olvida de dónde vengo”, afirma.
¿Qué sueña ahora?
Hasta hace poco quería ser astronauta. Aplicó dos veces sin éxito. Pero el nacimiento de su hijo cambió sus prioridades.
Hoy apunta a Artemis III y a algo más cercano a la Tierra: “Me gustaría poder inspirar y apoyar a los jóvenes que se interesan por el espacio y dedicarme a la docencia porque siento que es la profesión que más aporta a la sociedad.”
Y sobre si algún mexicano podría viajar en una misión Artemis, tiene una opinión clara: el gobierno mexicano necesita establecer vínculos oficiales con Estados Unidos, como lo ha hecho Canadá, y destinar mayor presupuesto a la investigación. Porque aunque en México existen las carreras de ingeniería, cuando los estudiantes terminan, dice, “no hay un lugar donde puedan ejercer. No existen esos trabajos en México.”
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