Seguridad infantil e inteligencia artificial: por qué Estados Unidos busca adelantarse a los riesgos de los chatbots después de años de problemas con las redes sociales
Después de años de litigios y regulaciones para reducir los riesgos de Instagram, Facebook y otras redes sociales, Estados Unidos enfrenta un nuevo desafío: proteger a los menores de una inteligencia artificial que ya utilizan millones de adolescentes para estudiar, entretenerse y buscar apoyo emocional.

El debate sobre la seguridad infantil en internet entró en una nueva etapa este año. En agosto, Meta llegó a un acuerdo con fiscales generales de 52 estados, territorios y el Distrito de Columbia, que incluye restricciones de tiempo para adolescentes, bloqueo nocturno, reducción de notificaciones durante el horario escolar y nuevos controles para padres. El acuerdo puede representar hasta 18 mil millones de dólares y establece protecciones que, en su mayoría, deberán mantenerse durante una década.
El acuerdo es resultado de años de cuestionamientos sobre los efectos de las redes sociales en los menores. Ahora, especialistas y defensores de la seguridad infantil sostienen que esa experiencia debería servir para anticiparse a los problemas que puede generar la inteligencia artificial.
La diferencia es que la IA no se limita a mostrar contenido: puede conversar directamente con un menor, responder preguntas, ayudarle con sus tareas, generar imágenes y mantener interacciones personalizadas.
Ese cambio modifica también la naturaleza del riesgo.
¿Qué aprendió Estados Unidos de los daños asociados con las redes sociales?
La preocupación por las redes sociales se concentró durante años en cuestiones como tiempo de uso, salud mental, privacidad, ciberacoso y contacto con adultos potencialmente peligrosos.
La respuesta regulatoria, sin embargo, avanzó después de que esas preocupaciones ya fueran ampliamente discutidas.
Kristin Bride, defensora de padres cuyo hijo adolescente murió después de sufrir ciberacoso severo en Snapchat, considera que uno de los principales aprendizajes es la necesidad de actuar antes de que los daños estén completamente documentados.
“¿Cómo vamos a abordar lo que no sabemos que viene?”, planteó Bride.
La doctora Dana Suskind, profesora de cirugía y pediatría de la Universidad de Chicago, sostiene que el proceso debería invertirse: en lugar de lanzar una tecnología y esperar a identificar sus consecuencias, los desarrolladores y reguladores deberían evaluar anticipadamente los riesgos para los menores.
“No debemos sacar una tecnología, ver si hace daño o no y después regresar y decir ‘ups’”.
La discusión resulta especialmente relevante porque la inteligencia artificial está entrando en la vida de los niños a una velocidad mucho mayor que la de muchos procesos regulatorios.
¿En qué se diferencia la IA de las redes sociales?
Aunque ambas tecnologías pueden afectar a menores, los mecanismos de interacción son diferentes.
En las redes sociales, una parte importante de la preocupación se relaciona con algoritmos de recomendación, contenido, notificaciones, interacción social y tiempo de pantalla.
Con la IA generativa aparece una relación distinta: el menor puede establecer una conversación directa y sostenida con un sistema diseñado para responderle.
Un adolescente puede utilizar un chatbot para:
- Buscar información.
- Resolver dudas escolares.
- Resumir textos.
- Generar o editar imágenes.
- Entretenerse.
- Conversar.
- Pedir consejos.
- Buscar apoyo emocional.
Los datos de Pew Research Center muestran hasta qué punto estos sistemas ya forman parte de la vida cotidiana de los adolescentes estadounidenses. En una encuesta realizada a mil 458 jóvenes de entre 13 y 17 años, 64% dijo haber utilizado alguna vez un chatbot de IA. El estudio fue realizado entre septiembre y octubre de 2025.
El uso no se limita a entretenimiento. 57% dijo haber utilizado chatbots para buscar información y 54% para recibir ayuda con tareas escolares. Además, 47% los había utilizado por diversión.
Pero existe otra dimensión que preocupa a especialistas: 12% de los adolescentes encuestados dijo haber utilizado chatbots para obtener apoyo emocional o consejos, mientras que 16% reportó utilizarlos para mantener conversaciones casuales.
Es precisamente esa posibilidad de establecer una relación conversacional con una máquina la que abre un terreno de riesgos distinto al de las redes sociales.

¿Por qué preocupa que los niños desarrollen vínculos con los chatbots?
Jonathan Haidt, psicólogo social y autor de The Anxious Generation, ha señalado como una de sus principales preocupaciones la posibilidad de que los jóvenes establezcan relaciones de compañía o dependencia con sistemas de IA.
Otro concepto que ha cobrado relevancia es la “externalización cognitiva”: delegar en una herramienta tecnológica procesos que normalmente realizaría la propia persona, como recordar información, organizar ideas, resolver problemas o desarrollar un argumento.
En adolescentes, el asunto adquiere una dimensión particular porque se encuentran en una etapa de desarrollo cognitivo y social.
Eso no significa que todo uso de IA sea perjudicial. Precisamente uno de los problemas para diseñar una regulación uniforme es que la misma herramienta puede tener usos educativos legítimos y, al mismo tiempo, presentar riesgos en determinados contextos.
¿Se puede limitar la IA de la misma forma que las redes sociales?
Los especialistas consideran que es mucho más complicado.
En redes sociales resulta relativamente sencillo establecer medidas como un límite de tiempo diario, bloquear determinadas funciones durante la noche o restringir notificaciones durante el horario escolar.
De hecho, el acuerdo alcanzado por Meta contempla un límite predeterminado de dos horas diarias para adolescentes en Facebook e Instagram, que solamente puede modificarse con autorización de los padres. También establece un bloqueo nocturno predeterminado entre medianoche y las 6 de la mañana y silencia notificaciones durante el horario escolar.
La IA presenta un problema distinto.
Un estudiante puede utilizar un chatbot durante unos minutos para comprender una ecuación, regresar horas después para revisar un ensayo y posteriormente utilizarlo para una actividad recreativa. El tiempo de uso, por sí solo, no permite determinar si la interacción fue beneficiosa o perjudicial.
Sarah Kreps, profesora y directora del Tech Policy Institute de la Universidad de Cornell, ha señalado precisamente esa dificultad: la inteligencia artificial tiene usos positivos que hacen más complejo justificar restricciones generales similares a las aplicadas a las redes sociales.

¿Qué medidas de seguridad ya están adoptando las empresas de IA?
Las compañías de inteligencia artificial han comenzado a incorporar mecanismos que recuerdan a las herramientas de protección desarrolladas en las plataformas sociales.
Entre ellos se encuentran:
- Verificación o estimación de edad.
- Experiencias diferenciadas para menores.
- Restricciones de determinados contenidos.
- Controles parentales.
- Limitaciones para determinadas interacciones.
- Salvaguardas frente a conversaciones de carácter sexual o romántico.
- Mecanismos para reducir respuestas potencialmente peligrosas.
OpenAI, por ejemplo, anunció en agosto la introducción de cuentas para adolescentes con protecciones específicas, entre ellas restricciones sobre conversaciones románticas y sobre la presentación del sistema como si tuviera sentimientos personales hacia el usuario.
El objetivo es evitar que un chatbot se presente ante un menor como una pareja, amigo o figura emocionalmente dependiente.
Pero existe una diferencia fundamental respecto de las redes sociales: la tecnología continúa evolucionando mientras las empresas y los gobiernos intentan determinar cuáles son los riesgos que deben prevenir.
¿Qué papel están jugando los padres?
Los datos de Pew muestran una brecha importante entre el uso que los adolescentes reconocen y lo que sus padres creen que ocurre.
En la investigación publicada en febrero de 2026, Pew encontró que 64% de los adolescentes dijo utilizar chatbots, mientras que una proporción considerablemente menor de padres afirmó saber que sus hijos utilizaban estas herramientas. Cerca de tres de cada 10 padres no estaban seguros de si sus hijos usaban chatbots.
Además, poco más de la mitad de los padres dijo haber hablado alguna vez con sus hijos adolescentes sobre el uso de chatbots; aproximadamente cuatro de cada 10 reconocieron que no habían tenido esas conversaciones.
Esto plantea un problema que no puede resolverse únicamente mediante controles tecnológicos.
Los padres necesitan saber qué herramientas utilizan sus hijos, para qué las utilizan y qué tipo de interacción están teniendo con ellas.
¿Qué está haciendo el Congreso de Estados Unidos?
La regulación federal de la inteligencia artificial todavía se encuentra en una etapa temprana en materia de seguridad infantil.
Existen iniciativas relacionadas con:
- Privacidad de menores.
- Interacciones entre niños y chatbots.
- Seguridad de juguetes dotados de inteligencia artificial.
- Protección de adolescentes frente a determinados contenidos.
- Responsabilidad de las empresas tecnológicas.
Algunas propuestas han avanzado en comités y subcomités del Senado con respaldo bipartidista, pero todavía existe un camino legislativo considerable antes de que puedan convertirse en leyes federales.
Mientras tanto, los estados han avanzado con mayor rapidez, siguiendo un patrón similar al observado durante la discusión sobre redes sociales.
¿Por qué los estados están avanzando más rápido que el gobierno federal?
Estados Unidos tiene un sistema federal en el que los gobiernos estatales pueden aprobar sus propias reglas en numerosos ámbitos.
Eso permitió que las primeras respuestas regulatorias frente a las redes sociales surgieran en distintos estados antes de que existiera una legislación federal uniforme.
El mismo fenómeno está comenzando a observarse con la inteligencia artificial.
Para las empresas tecnológicas, esto plantea otro problema: un menor podría estar sujeto a reglas diferentes dependiendo del estado donde viva, mientras que los productos de IA operan a escala nacional y global.
La fragmentación regulatoria también puede aumentar la presión para que el Congreso establezca estándares federales comunes.
La experiencia de las redes sociales deja una advertencia
El acuerdo de Meta no significa que el problema de la seguridad infantil en redes sociales esté resuelto.
De hecho, el propio acuerdo contempla que Meta adopte medidas durante años y pide a otras plataformas, particularmente TikTok y YouTube, aplicar mecanismos semejantes. Meta señaló que los adolescentes pueden trasladarse rápidamente de una aplicación a otra, por lo que una protección aislada puede tener efectos limitados.
La situación ofrece una lección para la inteligencia artificial.
La regulación puede tardar años, mientras que la adopción tecnológica puede ocurrir en meses.
Eso significa que cuando una autoridad identifica un daño y establece una respuesta legal, millones de menores pueden haber utilizado ya una tecnología que evolucionó varias generaciones durante ese mismo periodo.
Kristin Bride resume la preocupación desde la experiencia acumulada con las redes sociales: resulta positivo que legisladores y autoridades comiencen a discutir la seguridad de la IA, pero las normas difícilmente podrán avanzar a la misma velocidad que la tecnología.
“No creo que podamos seguir simplemente expresando mea culpas cuando se trata de niños”, afirmó.
¿La IA será más peligrosa para los niños que las redes sociales?
No existe evidencia suficiente para establecer de manera general que la inteligencia artificial sea “más peligrosa” que las redes sociales para los menores.
Lo que sí muestran los datos es que la exposición ya es amplia y que los patrones de uso son diversos: educación, búsqueda de información, entretenimiento y, en una proporción menor pero relevante, apoyo emocional.
Por eso, el debate no consiste simplemente en prohibir o permitir la IA.
La pregunta central es cómo diseñar sistemas que aprovechen sus usos educativos y creativos sin permitir que los menores queden expuestos a interacciones, contenidos o dinámicas que puedan resultar dañinas.
La experiencia con las redes sociales plantea una advertencia concreta: esperar a que los daños sean indiscutibles puede significar que una generación completa ya haya estado expuesta a ellos.
En el caso de la inteligencia artificial, la discusión sobre seguridad infantil apenas comienza mientras el uso entre adolescentes ya es una realidad.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Te recomendamos

Nokia revive el celular sin internet con el 300 Charge

En 2026 el Nokia 1100 famoso por su juego de la “viborita” despierta interés en los jóvenes tras el auge de teléfonos básicos que buscan reducir el uso de internet

Huracán Polo revive temor en Acapulco

La carrera de la IA acelera: OpenAI frena GPT-6.1

Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados