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El Niño ya está cambiando la vida marina del Pacífico: Qué señales vigilan científicos en el Golfo de California

El satélite PACE observó una fuerte disminución de clorofila-a en parte del Pacífico ecuatorial durante junio de 2026; investigaciones de la Universidad de Sonora muestran que temperatura, clorofila y productividad son variables sensibles a El Niño en el Golfo de California, aunque falta confirmar qué ocurre actualmente frente a Sonora.

El Niño ya está cambiando la vida marina del Pacífico: Qué señales vigilan científicos en el Golfo de California

El Niño 2026 ya dejó una señal biológica visible desde el espacio en el Pacífico ecuatorial. Mediciones del satélite PACE de la NASA mostraron en junio una disminución considerable de clorofila-a en el Pacífico central respecto al mismo mes de 2025, una diferencia que los científicos relacionan con el fortalecimiento del fenómeno climático.

La clorofila-a funciona como un indicador de la presencia de fitoplancton, organismos microscópicos que forman la base de buena parte de la red alimentaria marina. Cuando El Niño debilita los vientos alisios y reduce la surgencia de agua fría cargada de nutrientes, puede disminuir la cantidad de fitoplancton disponible y esa alteración avanzar hacia otros niveles de la cadena alimenticia.

El fenómeno, además, continúa intensificándose. En su actualización del 13 de agosto de 2026, el Climate Prediction Center de NOAA informó que existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno 2026-2027. Para octubre-diciembre, el organismo calculó incluso 69% de probabilidad de un evento de magnitud histórica de acuerdo con su índice RONI. NOAA advierte, sin embargo, que una mayor intensidad aumenta la posibilidad de impactos asociados a El Niño, pero no garantiza que ocurran de la misma forma en todas las regiones.

La temperatura superficial del mar y la clorofila-a son dos de las variables utilizadas para estudiar la respuesta del Golfo de California ante fenómenos como El Niño y La Niña.

Ese último punto resulta clave para Sonora: lo observado por NASA en el Pacífico ecuatorial no puede trasladarse automáticamente al Golfo de California.

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Qué encontró NASA en el Pacífico

NASA comparó mediciones promedio de junio de 2025, cuando las condiciones eran neutrales, con junio de 2026, mientras El Niño se fortalecía. Los datos fueron obtenidos con el Ocean Color Instrument del satélite PACE, capaz de observar cambios en el color del océano asociados, entre otros factores, con la concentración de clorofila.

La diferencia más clara apareció en el Pacífico central, cerca del ecuador: la concentración de clorofila fue sustancialmente menor en 2026. Los oceanógrafos Matthew Kehrli y Graham Trolley, del Goddard Space Flight Center de NASA, explicaron que es una respuesta esperada porque El Niño debilita la surgencia que normalmente lleva nutrientes desde aguas profundas hacia la superficie.

Menos nutrientes pueden significar menos fitoplancton y, a partir de ahí, menor disponibilidad de alimento para zooplancton, peces, aves y mamíferos marinos. NASA menciona como ejemplo los efectos que eventos anteriores de El Niño han tenido sobre la pesquería de anchoveta de Perú. Ese caso no demuestra que las mismas consecuencias estén ocurriendo en el Golfo de California, cuyas condiciones oceanográficas son diferentes.

Qué señales sí tienen antecedentes en el Golfo de California

La relación entre El Niño y el Golfo de California ha sido estudiada con datos satelitales durante varias décadas.

Una investigación vinculada con la Universidad de Sonora, publicada en Ciencias Marinas, analizó registros de 1997 a 2010 y encontró que las señales interanuales de El Niño y La Niña eran particularmente evidentes en la entrada del Golfo. Durante eventos de El Niño disminuyó significativamente la concentración media de clorofila en la entrada, la región central y la zona de las Grandes Islas. El estudio también documentó que la actividad normal del fitoplancton podía tardar entre tres y seis meses en restablecerse después de terminar un episodio de El Niño o La Niña.

Otra investigación sobre la costa central y sur de Sonora, que utilizó imágenes satelitales entre 2002 y 2015, relacionó los periodos con anomalías positivas de El Niño con temperaturas superficiales del mar más elevadas y concentraciones menores de clorofila-a. El trabajo analizó también viento, surgencias, filamentos y giros oceánicos, lo que evidencia por qué una sola variable no basta para determinar qué está sucediendo en el ecosistema.

Por ello, entre las señales de mayor interés para el litoral sonorense están la temperatura superficial del mar, la clorofila-a, la intensidad del viento y las surgencias, la productividad primaria y cambios posteriores en la disponibilidad o distribución de especies marinas. Estas variables deben compararse contra su comportamiento estacional normal antes de atribuir cualquier anomalía a El Niño.

NASA comparó la concentración de clorofila-a del Pacífico ecuatorial entre junio de 2025 y junio de 2026, cuando El Niño ya se encontraba en fase de fortalecimiento.

En EL IMPARCIAL ya se había documentado durante marzo la preocupación de especialistas por la evolución del fenómeno en Sonora, cuando todavía se trataba de un escenario futuro. Desde entonces, la situación cambió: NOAA confirmó en junio la presencia de El Niño y en agosto informó que continuaba fortaleciéndose.

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El Golfo no responde de manera uniforme

La geografía del Golfo de California complica cualquier extrapolación. Estudios con imágenes satelitales muestran diferencias importantes entre su entrada, la zona central, las Grandes Islas y el litoral oriental.

La investigación de la Universidad de Sonora encontró, por ejemplo, que durante El Niño la reducción de clorofila fue estadísticamente significativa en varias regiones, pero la productividad primaria solamente presentó una disminución significativa en la entrada del Golfo. Esto significa que incluso variables estrechamente relacionadas pueden responder de manera distinta de una zona a otra.

Un estudio adicional sobre clorofila en el Golfo también encontró que los efectos de ENSO no son homogéneos: la costa oriental y la región norte mostraron una relación más marcada con el fenómeno que otras zonas del sistema.

Por eso, observar aguas más cálidas o una reducción puntual de clorofila frente a Sonora no bastaría por sí solo para concluir que El Niño es la causa. La estación del año, los vientos, los giros, las surgencias y tendencias de largo plazo también intervienen.

Esa precaución es especialmente necesaria porque el Golfo ya presenta cambios de fondo. Un estudio publicado en 2023 que analizó información de 1998 a 2022 calculó una tendencia de calentamiento de alrededor de 0.036 °C anuales y una disminución de clorofila-a de aproximadamente 0.012 mg/m³ por año en el periodo estudiado. Esas tendencias son de largo plazo y no deben confundirse con el efecto particular de El Niño 2026.

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De la clorofila a los peces y mamíferos marinos

La preocupación por el fitoplancton no termina en organismos microscópicos. Al encontrarse en la base de la cadena alimentaria, un cambio persistente en productividad puede propagarse hacia especies que dependen directa o indirectamente de esos recursos.

Existe un antecedente local que muestra qué tipo de consecuencias han preocupado a los investigadores. En mayo de 2015, el CIAD difundió declaraciones del investigador Juan Pablo Gallo Reynoso sobre el posible impacto de aquel episodio de El Niño en lobos marinos del Golfo de California. El especialista vinculó el riesgo con una menor disponibilidad de peces pequeños utilizados como alimento por las hembras y recordó afectaciones observadas durante fenómenos anteriores.

Se trata de un antecedente de 2015, no de una evaluación de las condiciones de 2026. Por tanto, no permite afirmar que actualmente los lobos marinos del Golfo estén padeciendo el mismo escenario.

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La relevancia para Sonora radica precisamente en seguir la secuencia completa: primero las condiciones físicas del mar; después, la disponibilidad de nutrientes y clorofila; posteriormente, la productividad y las posibles respuestas de peces, aves o mamíferos.

Ese seguimiento podría ayudar a distinguir un cambio propio de la temporada cálida de una alteración asociada al fortalecimiento de El Niño.

Las señales que deberán seguirse en el Golfo

  • Temperatura superficial del mar: determinar si existen anomalías persistentes respecto del promedio de cada zona y época del año.
  • Clorofila-a y fitoplancton: identificar reducciones o aumentos que se aparten del ciclo estacional habitual.
  • Viento, surgencias, filamentos y circulación: evaluar si cambia el transporte de aguas frías y nutrientes hacia la superficie.
  • Productividad y recursos pesqueros: observar si las alteraciones físicas y biológicas terminan reflejándose en la disponibilidad o distribución de especies.
  • Fauna marina: documentar posibles cambios de alimentación, desplazamientos o varamientos, pero evitando atribuirlos a El Niño sin evidencia oceanográfica coincidente.

La diferencia entre el Pacífico ecuatorial y Sonora es, por ahora, esencial. NASA ya tiene una señal clara de menor clorofila en una parte del Pacífico durante El Niño 2026; para afirmar qué está ocurriendo en el Golfo de California hacen falta datos regionales actuales y la evaluación de especialistas locales.

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