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“Los monos no son mascotas”: Profepa lanza la campaña para alertar sobre el tráfico de estas especies y por qué no son animales de compañía

Los primates cumplen funciones que van más allá de su propia supervivencia. Al alimentarse de frutos y desplazarse entre distintos puntos de la selva, participan en la dispersión de semillas.

“Los monos no son mascotas”: Profepa lanza la campaña para alertar sobre el tráfico de estas especies y por qué no son animales de compañía

En México viven tres especies de primates nativos que enfrentan una amenaza que comienza mucho antes de que un mono aparezca encerrado en una casa: la extracción ilegal de crías de las selvas para venderlas como animales de compañía. Se trata del mono araña, el mono aullador negro y el mono aullador de manto, especies incluidas en la normativa ambiental mexicana dentro de la categoría de en peligro de extinción.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) lanzó la campaña “Los monos no son mascotas” para advertir sobre las consecuencias de comprar, extraer, regalar o mantener primates silvestres en cautiverio. La dependencia explica que el problema no termina con la captura: detrás de cada ejemplar que llega al comercio existe una cadena que puede incluir extracción, acopio, transporte, distribución y venta ilegal.

La advertencia también tiene un componente para las personas que consideran adquirir uno. Un mono no se convierte en animal doméstico por crecer dentro de una vivienda. Sigue siendo un animal silvestre, con necesidades sociales, físicas y de comportamiento que difícilmente pueden reproducirse en un hogar.

¿Cuáles son los tres primates mexicanos?

México cuenta con tres primates nativos reconocidos en la normativa ambiental:

  • Mono araña (Ateles geoffroyi).
  • Mono aullador negro o saraguato (Alouatta pigra).
  • Mono aullador de manto (Alouatta palliata).

La NOM-059-SEMARNAT-2010 los ubicó en la categoría de en peligro de extinción. La actualización publicada en 2025 conserva a estas poblaciones dentro de esa categoría, aunque incorporó cambios taxonómicos para el mono aullador negro.

Su distribución se concentra principalmente en regiones del sur y sureste del país, donde forman parte de los ecosistemas de selva.

¿Por qué son importantes para las selvas?

Los primates cumplen funciones que van más allá de su propia supervivencia. Al alimentarse de frutos y desplazarse entre distintos puntos de la selva, participan en la dispersión de semillas. Esto contribuye a la regeneración de los bosques y al movimiento de plantas dentro del ecosistema.

Por ello, cuando desaparecen poblaciones de monos también se altera una parte de los procesos naturales de las selvas donde viven.

La conservación de estas especies está relacionada con la protección de los bosques tropicales que todavía existen en el país.

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Así comienza el tráfico de un mono bebé

La cadena puede comenzar con una cría que todavía depende de su madre. La Profepa advierte que los traficantes extraen a los ejemplares jóvenes de su ambiente natural para después trasladarlos hacia centros de acopio o puntos de venta.

En esta etapa se produce uno de los mayores daños. Las crías permanecen junto a sus madres durante una etapa importante de su desarrollo. Separarlas de ellas implica perder alimentación, protección y aprendizaje social.

La información difundida por Profepa señala que, durante la extracción, las madres pueden ser asesinadas para quitarles a sus crías. Algunos bebés también mueren al caer de los árboles o durante el proceso de captura y traslado.

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El traslado también provoca muertes

Una vez separados de su grupo, los monos pueden ser colocados en cajas, maletas u otros recipientes con ventilación improvisada.

El problema continúa durante el transporte.

Hacinamiento, hambre, deshidratación, falta de espacio y estrés pueden provocar lesiones y la muerte de algunos ejemplares.

La Profepa explica que las condiciones de manejo pueden ocasionar heridas, fracturas, infecciones y desnutrición. Los animales pueden permanecer inmovilizados, amarrados o amontonados durante diferentes etapas de la cadena ilegal.

Una cifra utilizada para dimensionar este problema señala que por cada cría de mono que llega al mercado pueden morir otras tres durante la extracción y el traslado. Este dato ha sido citado previamente por especialistas en tráfico de fauna silvestre en México.

¿Qué ocurre cuando un mono llega a una casa?

El problema no desaparece cuando termina la etapa del tráfico.Un primate necesita relacionarse con otros ejemplares de su especie, desplazarse, buscar alimento, explorar y desarrollar comportamientos propios de su grupo.

Una vivienda no puede reproducir fácilmente esas condiciones.

La separación temprana de su madre y de otros monos puede generar estrés y afectar su desarrollo. En cautiverio, algunos ejemplares desarrollan comportamientos repetitivos o anormales, como arrancarse el pelo, morderse o emitir vocalizaciones de manera constante.

Además, conforme crecen, pueden aumentar su fuerza y modificar su comportamiento. Lo que una persona considera manejable en una cría puede convertirse en una situación difícil de controlar cuando el animal alcanza la edad adulta.

Un mono no es un animal doméstico

Esta es una de las principales ideas de la campaña de Profepa. Criar a un primate dentro de una casa no lo convierte en mascota.

El animal conserva sus necesidades biológicas y sociales. También puede reaccionar de manera impredecible ante personas, otros animales o situaciones que perciba como amenaza.

Esto puede generar riesgos tanto para el ejemplar como para quienes conviven con él.

Por esa razón, adquirir un mono para tenerlo en casa no es una alternativa responsable para quien busca un animal de compañía.

También existen riesgos para las personas

El contacto cercano con primates puede implicar riesgos sanitarios. Las mordeduras pueden provocar heridas que requieren atención médica y existe la posibilidad de transmisión de infecciones. La Profepa señala entre los riesgos enfermedades que pueden transmitirse entre animales y personas, por lo que una mordedura debe ser valorada por personal médico.

Los primates también pueden enfermar de padecimientos infecciosos que afectan a los seres humanos.

Esto significa que mantener uno en casa no solo plantea un problema de bienestar animal. También puede generar riesgos para la salud de las personas y de otros animales domésticos.

¿Está permitido comprar un mono en México?

Para los primates, la legislación establece una protección específica. El artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre dispone que ningún ejemplar de primate puede ser sujeto de aprovechamiento extractivo, ya sea de subsistencia o comercial, salvo las excepciones previstas para actividades de restauración, repoblamiento y reintroducción en su hábitat natural.

Además, la legislación contempla restricciones para la importación, exportación y reexportación de primates.

Por ello, una persona no debe asumir que puede comprar legalmente un mono silvestre para tenerlo como mascota.

La procedencia legal de un ejemplar de fauna silvestre es un asunto que debe acreditarse conforme a la legislación aplicable y no puede darse por hecho porque alguien lo ofrezca a la venta.

¿Cuántos primates ha asegurado Profepa?

Las acciones de inspección abarcan distintos puntos de la cadena de tráfico. De acuerdo con la información difundida por Profepa, entre 2019 y 2026 se aseguraron 137 ejemplares de primates, incluidos:

  • 96 monos araña.
  • 24 monos saraguato.
  • 17 monos aulladores.

Estos aseguramientos muestran que el problema no se limita a una región o a un único tipo de operación.

La Profepa realiza acciones de inspección y vigilancia relacionadas con la extracción, acopio, transporte, distribución, comercio y posesión de fauna silvestre.

¿Qué pasa con los monos que son rescatados?

Un ejemplar asegurado no puede simplemente ser liberado de inmediato.

Primero debe evaluarse su condición física y determinar si cuenta con las capacidades necesarias para regresar a la vida silvestre.

Los animales que han pasado mucho tiempo en cautiverio pueden perder habilidades necesarias para sobrevivir, además de presentar problemas de salud o comportamiento.

Por eso, las autoridades y centros especializados pueden trabajar en su recuperación y, cuando es posible, en su integración con otros ejemplares de su especie. En algunos casos, la liberación directa al hábitat no es viable.

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