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Columnas El crimen en la ruralidad

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Así como el crimen organizado se apoderó del mercado negro del buche de totoaba, ahora podría apoderarse de nuestras áreas naturales protegidas. Varios medios informativos dieron cuenta de los asaltos a familias que acampaban en el Parque Nacional Constitución de 1857, también conocido como Laguna Hanson. Con armas largas los delincuentes despojaron de sus pertenencias a los campistas y hasta sus carros se llevaron. La administración anunció el cierre de este centro recreativo veraniego hasta que la autoridad garantice la seguridad de los visitantes. Mientras que en Cuyamaca, California, lo cierran por ataques de pumas, aquí por asaltos de maleantes. Por supuesto, no hay detenidos y las víctimas, por denunciar, ahora andan dando vueltas ratificando su denuncia y otras exigencias del debido proceso que siempre favorece a los delincuentes. Hace años que en la ruralidad bajacaliforniana el crimen toma fuerza año con año. El siguiente fragmento noticioso es prueba de ello: “Y mientras las sierras de Juárez y San Pedro Mártir 'están plagadas' con sembradíos de mariguana y las delegaciones municipales del sur de Ensenada rebosa el narcomenudeo, en los valles agrícolas más importantes del estado se 'lavan' millones de dólares en empresas que se dedican a la producción de hortalizas de exportación” (Javier Cruz. Sinembargo, 30/12/11). Más clara ni el agua. Estamos pues en el proceso de perder estos espacios públicos sin que se vean acciones concretas para detener esta criminalidad y recuperar lo que es de todos, como los son estas áreas naturales “dizque” protegidas. Este fenómeno delincuencial no es exclusivo de Baja California. En El Pinacate, Sonora, el crimen organizado ya abrió una ruta que estaba cerrada para evitar furtivismo con el cimarrón y el berrendo, en la cual transitan convoyes de carros chocolates, sin manera de identificarlos, que llevan y traen contrabando y lo hacen por la Reserva de la Biosfera, para evitar pasar por Sonoita. (http://bit.ly/PinacateFGLDesiertoVivo). Ante el abandono de la ruralidad por parte de todas las autoridades responsables de garantizar la seguridad, el crimen se aprovecha y llena el vacío dejado por la ausencia de todo tipo de inspectores federales y sienta sus reales. Y si a nadie le ha importado en el pasado lo rural, en estos días menos, con el alboroto de las elecciones y el Mundial (¡Uf, pasamos de milagro!). Y mientras más se enraíce este “modus operandi”, más rurales limpios se sumarán al crimen organizado a falta de otras oportunidades y más difícil será después regresarlos al camino de la legalidad. Pero el sistema nos convoca a votar, casi nos obliga, cuando el poder radica en el ciudadano que debería hacerlo valer y condicionar su voto a que antes de votar, se restablezca el estado de derecho que también se está perdiendo en el México rural, el más abandonado por la distribución de riqueza que todavía se produce en este país. Las áreas naturales protegidas, como los Parques Nacionales y las Reservas de la Biosfera, es lo último natural que nos queda. El autor es investigador ambiental independiente.

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