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En 2025 una avalancha de 9.3 millones de m³ sepultó Blatten en Suiza; científicos reconstruyeron cómo 700 desprendimientos precedieron al colapso

Un estudio publicado en septiembre de 2026 utilizó registros sísmicos, fotografías aéreas, modelos del terreno y simulaciones para reconstruir las dos semanas de inestabilidad que antecedieron al desastre en los Alpes suizos.

En 2025 una avalancha de 9.3 millones de m³ sepultó Blatten en Suiza; científicos reconstruyeron cómo 700 desprendimientos precedieron al colapso

Más de un año después de que una avalancha de roca y hielo sepultara buena parte de Blatten, en los Alpes suizos, investigadores lograron reconstruir con detalle cómo se gestó el desastre y qué ocurrió durante las semanas previas.

La investigación, publicada el 7 de septiembre de 2026 en Communications Earth & Environment y difundida posteriormente por el Instituto Federal Suizo de Investigación WSL, identificó alrededor de 700 desprendimientos de roca durante las dos semanas anteriores al colapso principal.

El análisis combinó registros sísmicos, fotografías aéreas, modelos topográficos, muestras de los depósitos y simulaciones numéricas para entender por qué la mezcla de roca y hielo alcanzó una movilidad mayor de la que normalmente reproducen los modelos de avalanchas de roca seca.

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Una avalancha de 9.3 millones de m³

El 28 de mayo de 2025, cerca de 9.3 millones de metros cúbicos de roca, hielo y otros materiales se desprendieron en la zona del glaciar Birch y el Kleines Nesthorn.

De ese volumen, alrededor de 3 millones de metros cúbicos correspondían a hielo. La masa atravesó el valle, destruyó sectores de Blatten y bloqueó el río Lonza. La investigación científica publicada en 2026 registra una víctima mortal.

La mayor parte de los aproximadamente 300 habitantes había sido evacuada preventivamente desde el 19 de mayo, después de que el aumento de los desprendimientos en la montaña elevara el riesgo sobre el glaciar.

La avalancha de Blatten fue más móvil de lo esperado: hielo y agua pudieron reducir la fricción. Foto: Ilustrativa/ChatGPT

¿Qué revelaron los 700 desprendimientos?

Una de las claves de la investigación fue el registro del sismómetro de Lauchernalp, ubicado a unos cinco kilómetros del glaciar.

Sus mediciones permitieron identificar alrededor de 700 eventos asociados con desprendimientos de roca durante las dos semanas de inestabilidad previas al colapso principal.

Los investigadores compararon esas señales con fotografías aéreas y con los cambios observados en la superficie del Kleines Nesthorn. A partir de los registros sísmicos estimaron aproximadamente 3.75 millones de metros cúbicos de roca desprendida.

El resultado fue cercano al cálculo obtenido de manera independiente mediante modelos de elevación del terreno, que situaron ese volumen en aproximadamente 3.5 millones de metros cúbicos.

La señal fue equivalente a un sismo de magnitud 3.1

El movimiento del terreno provocado por la avalancha principal produjo una señal mucho mayor que las registradas durante los desprendimientos anteriores.

El estudio determinó que esa señal fue equivalente a un sismo local de magnitud 3.1, mientras que las ondas de largo periodo generadas por el evento pudieron ser detectadas por estaciones situadas a cientos de kilómetros.

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El seguimiento sísmico permitió reconstruir una secuencia que comenzó con desprendimientos pequeños y terminó con el colapso de millones de metros cúbicos de material, aunque los investigadores advierten que esas 700 señales no constituyen por sí mismas una regla universal para predecir futuros desastres.

¿Por qué la avalancha avanzó más de lo esperado?

Las simulaciones plantearon otra pregunta. Los parámetros utilizados habitualmente para modelar avalanchas de roca seca no conseguían reproducir la distancia recorrida por el material en Blatten.

Para hacer coincidir los modelos con lo observado, los investigadores tuvieron que reducir considerablemente la fricción. Los resultados son compatibles con la posibilidad de que el hielo, el agua y un aumento temporal de la presión en los poros del material facilitaran el desplazamiento.

El estudio no atribuye el comportamiento a un único mecanismo. La fragmentación y la separación de distintos materiales también pudieron intervenir, por lo que la investigación concluye que la mezcla de roca, hielo y agua se comportó de manera diferente a una avalancha formada únicamente por roca seca.

¿Qué mostraron los satélites después del desastre?

La magnitud de la transformación también quedó registrada desde el espacio. Landsat 9 observó el valle el 29 de mayo de 2025, un día después del derrumbe, mientras que una imagen de Landsat 8 del 19 de junio de 2024 permitió comparar el paisaje antes y después.

NASA Earth Observatory calculó que el material recorrió aproximadamente 2.5 kilómetros por el valle.

La masa llegó además a subir hasta 240 metros por la ladera opuesta, mientras los depósitos bloquearon el río Lonza y contribuyeron a inundar parte de la localidad.

Las imágenes satelitales complementaron los registros sísmicos y los modelos del terreno al mostrar hasta dónde se extendió el depósito y cuánto cambió el valle después del evento.

Los registros sísmicos de estaciones cercanas permitieron identificar cientos de desprendimientos durante las semanas previas a la avalancha principal. Foto: Ilustrativa/ChatGPT

Una reconstrucción que puede ayudar a estudiar futuros riesgos

El caso de Blatten tiene especial interés para los investigadores porque es uno de los eventos de roca y hielo mejor documentados de su tipo. La combinación de señales sísmicas, fotografías, mediciones del terreno y simulaciones permitió seguir el proceso desde los desprendimientos iniciales hasta el depósito final.

El objetivo ahora es aplicar métodos similares a otros casos para estudiar la relación entre el volumen de una avalancha, la cantidad de hielo y agua que contiene y la distancia que puede recorrer. Esa información podría contribuir a mejorar mapas de peligro y evaluaciones para comunidades e infraestructura situadas debajo de glaciares y laderas inestables.

Además, investigadores de ETH Zurich y del WSL trabajan con un modelo físico impreso en 3D de la región de Blatten, a escala 1:577, para analizar cómo diferentes mezclas se desplazan sobre el terreno y poner a prueba los modelos informáticos utilizados en la evaluación de amenazas naturales.

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