Una expedición mexicana cruzó por primera vez en velero el Paso del Noroeste: recorrió 4,500 millas entre hielo, ballenas y osos polares
La tripulación de Sailing for Prosperity completó la ruta que conecta el Pacífico con el Atlántico a través del Ártico canadiense, una travesía que durante siglos fue uno de los grandes desafíos de la navegación.

Durante 57 días, un velero mexicano avanzó entre hielo, estrechos, fiordos e icebergs hasta completar una de las rutas marítimas más difíciles del planeta. La expedición Sailing for Prosperity (S4P) llegó este 17 de septiembre a Nuuk, Groenlandia, después de recorrer 4,500 millas náuticas desde Nome, Alaska.
A bordo de Diablesse, la tripulación convirtió la travesía en un hito para la navegación mexicana al completar por primera vez, bajo liderazgo desde México, el Paso del Noroeste, la ruta que conecta el océano Pacífico con el Atlántico a través del Ártico canadiense.

El recorrido comenzó el 22 de julio y llevó a la expedición por la costa norte de Alaska, el mar de Beaufort, el archipiélago ártico canadiense y el mar de Baffin, hasta alcanzar Groenlandia.
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¿Por qué el Paso del Noroeste fue durante siglos una ruta imposible?
Durante más de 400 años, el Paso del Noroeste fue uno de los grandes objetivos de la navegación. Desde 1497, distintas expediciones europeas intentaron encontrar y atravesar esta conexión entre los océanos sin conseguirlo.
Una de las historias más conocidas es la expedición de Sir John Franklin, que desapareció en 1845 con sus dos barcos y 129 hombres. Fue el noruego Roald Amundsen quien consiguió cruzarlo por primera vez en 1906, a bordo del Gjøa, después de tres años de navegación.
Actualmente, el deshielo permite que la ruta sea parcialmente navegable durante apenas tres o cuatro meses al año, aunque continúa siendo una de las zonas marítimas menos transitadas e impredecibles.
De acuerdo con el registro del Scott Polar Research Institute de la Universidad de Cambridge, al cierre de la temporada 2025 se habían completado 465 tránsitos en toda la historia, realizados por 317 embarcaciones distintas.
Con su llegada a Nuuk, Diablesse se incorporó a ese registro y México apareció por primera vez en él con una expedición propia.
57 días navegando entre hielo y olas de hasta seis metros
Las condiciones del hielo marcaron buena parte de las primeras semanas. La tripulación tuvo que detener el avance en distintas ocasiones, esperar imágenes satelitales y subir al mástil para identificar corredores de agua navegable.

Entre Cambridge Bay y Qikiqtaryuaq, la tripulación enfrentó cerca de 30 horas continuas con vientos de proa de entre 25 y 30 nudos y olas de cuatro a seis metros.
En el tramo final, ya en el mar de Baffin, Diablesse alcanzó los 18 nudos, la velocidad máxima de la expedición, mientras navegaba entre fiordos, glaciares e icebergs.
Todo el cruce se realizó de manera autónoma, sin pilotos de hielo ni guías contratados. Las decisiones se tomaron considerando las condiciones meteorológicas, el estado del hielo y de la embarcación, además del conocimiento compartido por comunidades inuit durante el recorrido.
“Cruzar el Paso del Noroeste ha sido uno de los retos más exigentes de mi carrera como navegante. Esto no fue una aventura: fue un reto calculado, planeado al detalle y ejecutado con rigor, minuto a minuto y día tras día”, comentó Antonio Palazuelos, capitán de Diablesse.
¿Qué encontraron durante la expedición mexicana?
La expedición también tuvo un componente científico. Investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) documentaron ballenas grises y jorobadas en el mar de Bering, especies que cada invierno llegan a las lagunas de Baja California Sur.
A lo largo de la ruta, el equipo registró además narvales, focas, aves marinas y osos polares. En Refuge Bay, la tripulación observó a dos osos polares alimentándose de una ballena de Groenlandia varada.
La expedición partió de una hipótesis: las rutas migratorias de las ballenas, las corrientes y los cambios ambientales conectan ecosistemas separados por miles de kilómetros, por lo que los cambios en el Ártico pueden repercutir en los mares mexicanos.
Del Mar de Cortés al Ártico
La navegación también permitió a la tripulación convivir con habitantes, navegantes y organizaciones comunitarias de Cambridge Bay, Gjøa Haven y Pond Inlet.
En Pond Inlet entregaron libros a la biblioteca local y sostuvieron encuentros para conocer los ciclos estacionales, la movilidad y el conocimiento inuit del territorio, información que también resultó importante para la navegación.
El Paso del Noroeste, con sus ritmos, ecosistemas, fauna y comunidades increíblemente resilientes a lo que nosotros consideramos condiciones extremas, me hace pensar en México, en su biodiversidad y en las áreas naturales que debemos proteger para garantizar nuestro propio futuro”
— Felipe Fernández, líder de la expedición.
De Cabo San Lucas a Groenlandia
Aunque el cruce comenzó formalmente en Nome, el viaje de Diablesse había iniciado mucho antes. El velero zarpó originalmente de Cabo San Lucas, Baja California Sur, y permaneció más de un año en Vancouver realizando trabajos de adaptación para la navegación ártica.
Posteriormente, partió de Vancouver el 15 de mayo rumbo al norte hasta comenzar el cruce del Paso del Noroeste.
Para Sailing for Prosperity, la llegada a Nuuk representa el cierre de una etapa, pero también el comienzo de otra.
Nuuk no es el final, es el punto de partida. Conectamos territorios, científicos y comunidades a través del Ártico; ahora toca convertir lo aprendido y documentado en alianzas y acciones concretas para la prosperidad marina en el Mar de Cortés y en otros mares mexicanos”
— Cristóbal González-Aller, director de Sailing for Prosperity.
Durante los próximos meses, S4P compartirá los hallazgos científicos de la expedición con universidades, comunidades pesqueras y organizaciones de conservación en México, con el objetivo de impulsar el modelo de Áreas de Prosperidad Marina en el Mar de Cortés, en Baja California Sur.
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