A los 14 años cavó un estanque para una tarea escolar, nueve años después aquel proyecto convirtió el patio de su casa en un refugio para ranas, sapos, aves e insectos
Maggie Johnson comenzó a excavar el estanque a mano en 2017 como parte de una clase de agricultura. Con el tiempo, el agua, las plantas nativas y el cuidado familiar atrajeron distintas especies hasta convertir el espacio en un hábitat certificado

En 2017, cuando tenía 14 años, Maggie Johnson recibió un proyecto para su clase de agricultura en una escuela de Virginia, Estados Unidos. En lugar de limitarse a una actividad teórica, decidió construir un estanque en el patio de su familia, ubicado en el valle de Shenandoah.
Maggie comenzó por investigar cómo diseñar un estanque funcional y después delimitó el área para iniciar la excavación a mano. El trabajo comenzó en el otoño de ese año y para la primavera de 2018 el estanque ya estaba lleno de agua.
La historia fue documentada por su padre, el fotógrafo conservacionista Steven David Johnson, en un artículo publicado por la National Wildlife Federation (NWF) en marzo de 2026. El proyecto familiar pasó de ser una tarea escolar a convertirse en un pequeño ecosistema que continúa evolucionando nueve años después.
Los primeros habitantes llegaron solos
La familia no tuvo que introducir animales para darle vida al estanque. Apenas unas semanas después de que fuera llenado, aparecieron los primeros sapos americanos.
A partir de entonces, el lugar comenzó a cambiar con cada temporada. Los llamados de ranas arborícolas grises y ranas verdes se incorporaron al paisaje sonoro del patio, mientras distintos insectos y otros animales encontraron en el agua y la vegetación un nuevo espacio para alimentarse, refugiarse o reproducirse.
El contraste fue especialmente evidente para la familia. Antes de la construcción, el terreno era principalmente una extensión irregular de césped. Con el paso de los años, el estanque se convirtió en un punto de encuentro para distintas formas de vida.
Las plantas nativas fueron clave
El agua por sí sola no explica la transformación. Mientras Maggie construía el estanque, sus padres, Steven y Anna Maria, comenzaron a investigar cómo utilizar plantas nativas para crear un entorno más favorable para la fauna.
Alrededor del estanque colocaron especies como buttonbush, joe-pye weed y pickerelweed, que ofrecen recursos para polinizadores y otros animales. Más adelante añadieron nenúfares blancos dentro del agua para proporcionar refugio a anfibios y pequeños organismos acuáticos.
La combinación de agua, vegetación y refugios terminó modificando por completo el entorno. La propia NWF señala que el jardín fue reconocido como Certified Wildlife Habitat, una certificación para espacios que proporcionan a la fauna elementos como alimento, agua, refugio y lugares para reproducirse.
¿Cuánto costó construir el estanque?
El proyecto no requirió una inversión especialmente elevada. De acuerdo con Steven David Johnson, la familia gastó alrededor de 160 dólares en el revestimiento impermeabilizante del estanque, plantas y herramientas de jardinería.
Después, el mantenimiento ha implicado aproximadamente 100 dólares al año destinados a incorporar nuevas plantas. En el verano de 2025, la familia realizó además una inversión de 600 dólares para instalar una cerca alrededor del estanque y limitar el acceso de gatos domésticos, con el objetivo de proteger a los anfibios.
Otro detalle del proyecto es que el estanque no necesita un filtro para funcionar como hábitat, según explica el padre de Maggie. La combinación de sus componentes permite que el pequeño ecosistema se mantenga sin ese sistema adicional.
De una tarea escolar a un espacio para observar la naturaleza
En la actualidad, Maggie tiene 23 años y continúa observando el estanque que comenzó a construir durante su adolescencia.
Su relación con el proyecto también cambió. Ahora dedica parte de su tiempo a observar e ilustrar los pequeños organismos y animales que encuentra en el agua, mientras su padre continúa documentando el lugar mediante la fotografía.
La experiencia muestra cómo un espacio doméstico puede cambiar cuando se incorporan agua, vegetación nativa y refugios para la fauna. En este caso, lo que comenzó con una pala y una tarea escolar terminó nueve años después como un hábitat que sigue atrayendo vida silvestre al patio familiar.
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