En 1974 la CIA construyó un enorme barco bajo una falsa misión minera para recuperar en secreto un submarino soviético hundido a más de 5 kilómetros de profundidad durante la Guerra Fría
El Hughes Glomar Explorer parecía una embarcación dedicada a buscar minerales en el fondo del océano, pero fue diseñado para una misión distinta: levantar los restos del K-129 sin revelar a Moscú el verdadero objetivo

En plena Guerra Fría, Estados Unidos desarrolló una de las operaciones de inteligencia más complejas de la época para intentar recuperar un submarino soviético hundido en el océano Pacífico. La CIA necesitaba una embarcación capaz de trabajar a más de 5 kilómetros de profundidad, pero también debía ocultar qué estaba buscando.
Según información de la CIA, la solución fue construir el Hughes Glomar Explorer, un enorme barco presentado públicamente como una embarcación destinada a la minería submarina. Su verdadero propósito era participar en el Proyecto AZORIAN, una operación secreta para recuperar los restos del submarino soviético K-129, desaparecido en 1968.
La historia parece sacada de una película de espionaje, pero la propia Agencia Central de Inteligencia conserva documentos, fotografías y objetos relacionados con la operación.
¿Qué ocurrió con el submarino soviético?
El K-129 era un submarino soviético de propulsión diésel-eléctrica que realizaba patrullas en el Pacífico.
En marzo de 1968, desapareció durante una misión. La Unión Soviética organizó una búsqueda para localizarlo, pero no consiguió encontrar los restos.
Estados Unidos, en cambio, logró localizar el submarino utilizando sistemas de vigilancia submarina. El K-129 estaba aproximadamente a 16 mil 500 pies de profundidad, es decir, más de 5 kilómetros bajo la superficie del Pacífico.
El hallazgo representaba una oportunidad para obtener información sobre las capacidades militares soviéticas.
El problema era que recuperar un submarino completo desde esa profundidad no tenía precedentes.

¿Por qué la CIA quería recuperar el K-129?
El interés estadounidense estaba relacionado con la inteligencia militar.
El K-129 transportaba misiles balísticos y otros equipos que podían proporcionar información sobre las capacidades estratégicas de la Unión Soviética. Para Estados Unidos, acceder a esos materiales podía aportar información durante uno de los periodos de mayor tensión entre las dos superpotencias.
La CIA decidió entonces desarrollar una operación que permitiera sacar parte del submarino del fondo del océano sin que Moscú conociera el verdadero objetivo.
La dificultad no era únicamente tecnológica.
También había que encontrar una manera de construir y operar un barco gigantesco sin despertar sospechas.
La fachada de una empresa minera
La solución fue presentar el proyecto como una operación comercial.
La CIA recurrió al empresario Howard Hughes, cuya imagen pública y empresas permitían construir una historia de cobertura creíble. El barco sería presentado como una embarcación dedicada a la minería de aguas profundas, específicamente a la extracción de nódulos de manganeso.
Según la CIA, esta actividad tenía una justificación comercial aparente: buscar depósitos minerales en el fondo del océano.
La verdadera misión era mucho más delicada.
El barco debía llegar hasta el lugar donde se encontraba el K-129, desplegar un enorme sistema mecánico hasta el fondo y levantar los restos del submarino soviético.

El Hughes Glomar Explorer ocultaba una enorme maquinaria
El Hughes Glomar Explorer fue construido alrededor de las necesidades de la operación.
En el centro de la embarcación había una abertura conocida como “moon pool”, por donde podía descender el sistema utilizado para capturar el submarino.
El mecanismo principal era un enorme dispositivo de captura diseñado para sujetar los restos del K-129 y elevarlos mediante una estructura conectada al barco.
La operación requería controlar el sistema desde la superficie mientras descendía varios kilómetros hasta el fondo del océano.
La CIA incluso utilizó la supuesta búsqueda de minerales como parte de la cobertura. El barco contaba con elementos relacionados con la actividad minera submarina para hacer que la historia pareciera real.
El barco llegó al Pacífico en 1974
El Hughes Glomar Explorer comenzó su misión de recuperación en 1974.
El barco llegó a la zona donde se encontraban los restos del K-129 y comenzó las operaciones para intentar sujetar el submarino.
La tarea implicaba trabajar a una profundidad aproximada de 16 mil 500 pies, mientras el equipo de captura descendía desde la superficie.
La propia CIA describió posteriormente la dificultad técnica de la operación mediante una comparación: era como intentar utilizar una enorme garra a varios kilómetros de profundidad para levantar un objeto pesado desde el fondo, controlándola desde la superficie.
Además, la tripulación debía trabajar bajo la presión de mantener la verdadera misión en secreto.

Una parte del submarino comenzó a subir
El sistema de captura logró sujetar los restos del K-129 y comenzó el ascenso.
Pero el plan no salió completamente como estaba previsto.
Durante la recuperación, una parte del submarino se desprendió y volvió a caer al fondo del Pacífico.
Otra sección sí permaneció dentro del sistema de captura y pudo ser llevada hasta la superficie. La CIA reconoce que la operación consiguió recuperar una parte de los restos, aunque no logró sacar el submarino completo.
Este punto es importante porque algunas versiones de la historia presentan la operación como si Estados Unidos hubiera levantado el K-129 entero.
No fue así.
La recuperación fue parcial.
También recuperaron los restos de seis marinos
Entre los elementos recuperados se encontraban los restos de seis tripulantes soviéticos.
La CIA señala que recibieron un entierro militar en el mar, con honores y de acuerdo con los protocolos correspondientes.
La ceremonia quedó registrada en imágenes y posteriormente fue divulgada por la propia Agencia.
El resto de la información obtenida durante la operación permaneció clasificada durante años.
La verdadera misión comenzó a salir a la luz
El secreto alrededor del proyecto empezó a romperse incluso antes de que terminara la operación.
En 1974, unos ladrones entraron en una oficina relacionada con Howard Hughes y robaron documentos. Entre ellos había información que permitía establecer una conexión entre Hughes, la CIA y el Hughes Glomar Explorer.
La investigación del robo terminó generando interés periodístico.
Según información de la CIA, el caso llegó a la prensa y en 1975 comenzaron a aparecer reportes que relacionaban el barco con una operación estadounidense para recuperar el submarino soviético.
La cobertura periodística hizo cada vez más difícil mantener la misión en secreto.

La Unión Soviética terminó descubriendo el objetivo
Para 1975, la verdadera finalidad del Hughes Glomar Explorer ya era conocida por las autoridades soviéticas.
Moscú comenzó a vigilar la operación y envió embarcaciones para observar las actividades estadounidenses.
La situación eliminó una de las principales ventajas de la misión: el secreto.
Con el proyecto expuesto, Estados Unidos decidió no continuar con los planes para recuperar la parte del submarino que había quedado en el fondo.
La operación, por tanto, terminó con una recuperación parcial y sin conseguir sacar todo el K-129.
La operación también cambió la forma de responder de la CIA
El caso tuvo una consecuencia que trascendió la propia operación.
Cuando comenzaron las solicitudes de información sobre el proyecto, la CIA utilizó una respuesta que después se hizo famosa:
“We can neither confirm nor deny”, que en español significa “no podemos confirmar ni negar”.
La fórmula pasó a conocerse como “Glomar response”, en referencia al Hughes Glomar Explorer.
La propia CIA reconoce que esta expresión surgió precisamente a raíz de las solicitudes de información relacionadas con la operación para recuperar el submarino soviético.
¿Qué consiguió realmente Estados Unidos?
El objetivo de la operación era obtener información de inteligencia soviética.
La CIA sostiene que el Proyecto AZORIAN produjo información útil sobre las capacidades militares de la Unión Soviética y que, pese a no alcanzar todos sus objetivos, representó un logro importante para la inteligencia estadounidense durante la Guerra Fría.
Sin embargo, la Agencia no ha hecho públicos todos los detalles sobre los materiales recuperados.
Por eso, conviene separar los hechos documentados de las versiones posteriores que atribuyen a la operación la recuperación de determinados códigos, documentos o sistemas de comunicación que no están confirmados públicamente por las fuentes oficiales utilizadas para esta nota.
Una operación que parecía minería, pero buscaba un submarino
El Proyecto AZORIAN combinó espionaje, ingeniería naval y tecnología submarina para intentar resolver un problema que parecía prácticamente imposible: recuperar restos de un submarino desde más de cinco kilómetros de profundidad sin que la Unión Soviética supiera qué estaba ocurriendo.
El Hughes Glomar Explorer cumplió su función de cobertura y permitió que la operación llegara hasta el lugar donde estaba el K-129.
La recuperación, sin embargo, fue solamente parcial.
Una parte del submarino volvió al fondo del Pacífico, otra llegó a la superficie y los restos de seis marinos soviéticos recibieron sepultura en el mar.
Décadas después, la propia CIA desclasificó documentos que permitieron conocer buena parte de una operación que durante años permaneció oculta.
El barco que parecía dedicado a buscar minerales había sido construido para una misión mucho más delicada: intentar levantar del fondo del océano un submarino soviético perdido durante la Guerra Fría.
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