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Científicos lograron obtener “grabaciones” de los sueños con inteligencia artificial y planean usar la decodificación de ondas cerebrales en el diagnóstico de traumas y trastorno de estrés postraumático, pero el avance tecnológico está obligando a los expertos a crear leyes de protección para la mente humana

El uso de resonancia magnética y algoritmos en Kioto abre una ventana inédita hacia el subconsciente humano. Aunque la tecnología se encuentra en una etapa inicial de desarrollo, el éxito en la traducción de ondas cerebrales abre un debate profundo sobre la privacidad de la mente y promete revolucionar las terapias para trastornos como el estrés postraumático.

Científicos lograron obtener “grabaciones” de los sueños con inteligencia artificial y planean usar la decodificación de ondas cerebrales en el diagnóstico de traumas y trastorno de estrés postraumático, pero el avance tecnológico está obligando a los expertos a crear leyes de protección para la mente humana

Un equipo de investigadores en Japón desarrolló un método tecnológico capaz de registrar, decodificar y reconstruir las imágenes que una persona ve mientras duerme. Mediante el uso de escáneres médicos y algoritmos avanzados, el sistema logra identificar patrones visuales generales de la actividad cerebral en tiempo real, un logro que acerca a la ciencia a la posibilidad de interpretar los procesos mentales más íntimos del ser humano.

El estudio, liderado por el profesor Yukiyasu Kamitani en el Laboratorio de Neurociencia Computacional ATR en Kioto, Japón, y publicado originalmente en la revista académica Science, demuestra que los contenidos del subconsciente dejan una huella digital medible. Los científicos lograron entrenar un modelo de aprendizaje automático para vincular las señales electromagnéticas del cerebro con objetos y formas específicas, abriendo una ventana inédita hacia el estudio del pensamiento humano.

Este avance plantea una transformación radical en la relación entre la tecnología y la mente. De acuerdo con el doctor Mark Stokes, neurocientífico cognitivo de la Universidad de Oxford, este desarrollo “nos acerca al concepto de máquinas lectoras de sueños”, una posibilidad que hasta hace poco tiempo pertenecía exclusivamente al terreno de la ciencia ficción.

Los investigadores registraron las ondas cerebrales de los participantes durante las fases iniciales del sueño.

¿Cómo funciona la tecnología para leer los sueños?

El procedimiento se basa en la combinación de dos herramientas: la resonancia magnética funcional (IRMf) y la inteligencia artificial. Durante las pruebas de laboratorio, los voluntarios se sometieron a escaneos cerebrales continuos mientras dormían.

El proceso de decodificación se realizó en tres etapas:

  • Monitoreo: Los investigadores registraron las ondas cerebrales de los participantes durante las fases iniciales del sueño.
  • Confirmación verbal: Al detectar reactivación en áreas visuales específicas, los científicos despertaron a los sujetos para que describieran de forma inmediata qué estaban soñando.
  • Entrenamiento de la IA: El algoritmo analizó las descripciones verbales y las cruzó con los mapas de actividad cerebral obtenidos por el escáner.

Con estos datos, la máquina aprendió a identificar qué zonas de la corteza visual se activan ante estímulos específicos, como la presencia de una persona, un paisaje o un objeto doméstico, permitiendo generar una representación visual abstracta de lo que ocurre en la mente del durmiente.

Al detectar reactivación en áreas visuales específicas de la corteza cerebral, los científicos despertaron a los sujetos para que describieran de forma inmediata qué estaban soñando.

¿Qué tan nítidas son las imágenes que genera este sistema?

La tecnología actual no produce un video fluido ni una película con alta resolución. El sistema genera patrones visuales generales y aproximaciones de formas. Si una persona sueña con una estructura alta en una calle, la inteligencia artificial reconstruye una silueta geométrica que coincide con esa escala, pero no los detalles específicos del entorno.

El modelo funciona mediante una base de datos de categorías. La inteligencia artificial no “adivina” el sueño de la nada, sino que reconoce los vectores de actividad cerebral que corresponden a conceptos previamente aprendidos durante la fase de calibración con el usuario despierto. La reconstrucción es una traducción estadística de la energía cerebral convertida en formas visuales básicas.

Lo que el humano sueña (Fase REM)Lo que la inteligencia artificial reconstruye
Rostros específicos, expresiones y personas conocidas.Siluetas humanas generales y presencia de figuras corporales.
Paisajes detallados, calles exactas y letreros legibles.Estructuras geométricas básicas, volúmenes y noción de espacio.
Secuencias narrativas continuas y acciones complejas.Patrones visuales estáticos o mapas de calor de actividad visual.

¿Qué riesgos implica el uso de máquinas lectoras de sueños?

El éxito de este experimento traslada un dilema teórico hacia el campo de los desafíos éticos reales. La capacidad de decodificar el pensamiento sin la necesidad de una expresión verbal activa una alerta sobre la privacidad mental. Si los algoritmos avanzan hasta el punto de interpretar secuencias complejas en tiempo real, los límites de la intimidad humana requerirán nuevas estructuras de protección legal y bioética.

Los investigadores señalan que, por ahora, el sistema requiere la colaboración absoluta del usuario. El algoritmo necesita pasar por horas de calibración individual y el uso de un escáner clínico de gran tamaño, lo que impide cualquier tipo de lectura remota, involuntaria o sin consentimiento. Sin embargo, el desarrollo sienta el precedente técnico para el acceso directo al subconsciente.

¿Cómo ayudará este avance al tratamiento de la salud mental?

A pesar de los debates sobre la privacidad, el dispositivo ofrece un potencial utilitario para la neurociencia médica y la psicología clínica. Al obtener un registro objetivo de la actividad onírica, los especialistas contarán con una herramienta para evaluar estados emocionales profundos que el paciente no siempre puede o quiere expresar de forma consciente.

La detección de patrones visuales durante la fase REM (la etapa del sueño más intensa y vinculada a las experiencias vívidas) podría servir en el futuro como un recurso de diagnóstico temprano para trastornos como:

  • Depresión clínica y ansiedad severa.
  • Trastorno de estrés postraumático (TEPT), mediante la identificación del origen de pesadillas recurrentes.
  • Alteraciones del desarrollo cognitivo y afectaciones en el almacenamiento de recuerdos.

El análisis de estos datos busca ofrecer a los terapeutas una base medible para diseñar estrategias personalizadas contra fobias o episodios de parálisis del sueño, transformando el acto de soñar en un indicador clínico útil.

El algoritmo analizó las descripciones verbales y las cruzó con los mapas de actividad cerebral obtenidos por el escáner.

La investigación en Kioto redefine la frontera de la neurociencia al demostrar que los pensamientos y las imágenes del sueño no son fenómenos inalcanzables para la medición física. Las limitaciones técnicas en la resolución de las imágenes y la duración de las secuencias marcan la agenda de los próximos años para el equipo de Kamitani. La evolución de esta tecnología determinará si el ser humano mantendrá sus sueños en el ámbito estrictamente personal o si se convertirán en un registro analítico almacenable.

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