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Más mujeres de Asia ponen fin a matrimonios de décadas al llegar a la vejez, impulsadas por mayor longevidad, menor estigma y nuevas protecciones económicas

La longevidad, el menor estigma social y las reformas sobre pensiones y patrimonio facilitan separaciones después de décadas de matrimonio.

Más mujeres de Asia ponen fin a matrimonios de décadas al llegar a la vejez, impulsadas por mayor longevidad, menor estigma y nuevas protecciones económicas

Los divorcios grises, como se conoce a las separaciones entre personas de 50 años o más, están adquiriendo una nueva dimensión en Asia, de acuerdo con CNN. Después de décadas de matrimonio, más mujeres mayores deciden abandonar relaciones que describen como infelices, restrictivas o desiguales para comenzar una etapa de mayor autonomía.

Una de ellas se divorció al cumplir 60 años, cuando sus dos hijos ya eran adultos y su esposo todavía podía valerse por sí mismo. Durante el matrimonio, relató que asumía las tareas domésticas, cuidaba a los hijos y también contribuía al sostenimiento económico de la familia. Tras separarse, describió la felicidad como su única emoción.

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¿Por qué más mujeres se divorcian después de los 50 años?

Esa figura ya desempeña funciones de mediación en diversos actos jurídicos, como sucesiones testamentarias, intestamentarias y otros procedimientos patrimoniales. Foto: Generada con IA

La decisión de terminar un matrimonio en la vejez está relacionada con cambios económicos, culturales y demográficos ocurridos durante las últimas décadas.

Las mujeres nacidas en los años 60 y 70 crecieron en sociedades donde el divorcio podía interpretarse como una vergüenza o un fracaso personal. Muchas también abandonaron sus empleos para encargarse del hogar, lo que limitaba sus posibilidades de sostenerse de manera independiente.

Ese escenario comenzó a modificarse con la incorporación de más mujeres al mercado laboral, el acceso a educación superior y la disminución gradual del estigma asociado con una separación.

Sangyoub Park, profesor asociado de Sociología en la Universidad de Washburn, explicó que la Generación X fue la primera en crecer en una Asia más globalizada y expuesta a valores que otorgaban mayor importancia a las decisiones individuales.

La longevidad también cambió las expectativas. Llegar a los 50 o 60 años ya no necesariamente representa la última etapa inmediata de la vida, sino la posibilidad de vivir dos o tres décadas adicionales.

“Tener 20 o 30 años extra crea nuevas expectativas”, señaló Park. Bajo esa perspectiva, el divorcio puede dejar de verse como un fracaso y convertirse en el comienzo de otro capítulo.

El fenómeno adquiere fuerza en una Asia envejecida

Los divorcios después de matrimonios prolongados han ganado visibilidad en Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y China continental, al mismo tiempo que estas sociedades afrontan bajas tasas de natalidad y un rápido envejecimiento poblacional.

En Corea del Sur se registraron alrededor de 91 mil divorcios durante 2024, una reducción de 1.3% frente al año anterior. Sin embargo, las separaciones entre personas mayores representan una proporción creciente dentro del total, de acuerdo con Statistics Korea.

El crecimiento de estos casos no significa necesariamente que todos los matrimonios de larga duración estén terminando con mayor frecuencia. Parte del aumento en números absolutos responde a que hay más personas mayores, mientras que menos jóvenes se casan y, por lo tanto, también se divorcian menos.

El fenómeno puede modificar la composición de los hogares asiáticos durante la próxima década. Más adultos mayores podrían vivir solos y necesitar vivienda, atención médica, ingresos y redes públicas de acompañamiento adaptadas a esa realidad.

Las reformas económicas facilitan algunas separaciones

Durante años, la dependencia financiera fue uno de los principales obstáculos para las amas de casa que querían divorciarse.

Japón introdujo en 2007 un sistema que permite dividir determinados derechos de pensión después del divorcio. Corea del Sur amplió en 2014 los bienes que pueden considerarse durante una separación, incluidas ciertas pensiones futuras e indemnizaciones.

Estas medidas reconocen que el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos permitieron que el otro integrante del matrimonio desarrollara una carrera y acumulara patrimonio.

Aun así, la desigualdad económica sigue siendo un riesgo. Los salarios menores, las carreras laborales interrumpidas y la falta de ahorros propios pueden dejar a las mujeres divorciadas en una situación vulnerable.

La OCDE calcula que cerca de 40% de las personas mayores de 65 años en Corea del Sur viven en pobreza relativa, la proporción más alta entre sus países miembros. En Japón, la tasa también se ubica por encima de 20%.

Una de las mujeres entrevistadas resumió esta preocupación al señalar que aconsejaría a cualquier hija no abandonar su empleo, incluso después de casarse.

El divorcio también puede abrir una nueva etapa

Iman Lau, de 50 años, creció en Hong Kong con la idea de que el matrimonio consistía en compartir una vida estable, aunque fuera monótona. Esa expectativa persistió incluso después de años de infidelidad por parte de su esposo.

Fue él quien solicitó la separación. Lau intentó mantener el matrimonio, hasta que comprendió que permanecer en él equivalía a negarse a salir de una jaula abierta.

Después del divorcio, su percepción cambió. Ahora sostiene que una separación no debe considerarse una mancha permanente ni una etiqueta de fracaso.

“En realidad, este mundo es extraordinario”, afirmó.

Las experiencias no son iguales para todas las mujeres y una separación tardía puede implicar pérdida de ingresos, aislamiento o dificultades para conseguir vivienda y cuidados. Sin embargo, para quienes cuentan con condiciones mínimas de independencia, también puede representar la oportunidad de decidir cómo vivir los años restantes.

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