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El psicoanálisis explica que la muerte de los padres desorganiza la estructura mental de los hijos a pesar de que se hayan anticipado a ella por el choque directo con la ausencia física y el esfuerzo de adaptarse a una nueva realidad

Saber que un familiar va a morir permite tomar previsiones, pero no evita el impacto en el inconsciente.

El psicoanálisis explica que la muerte de los padres desorganiza la estructura mental de los hijos a pesar de que se hayan anticipado a ella por el choque directo con la ausencia física y el esfuerzo de adaptarse a una nueva realidad

Afrontar la pérdida de un padre o de una madre es una de las experiencias más complejas en la vida adulta. Muchas personas asumen que, si la muerte ocurre por vejez o tras una larga enfermedad, el impacto emocional será menor. Sin embargo, la realidad psíquica muestra lo contrario.

Perder a las figuras primarias transforma la identidad y desorganiza la estructura mental.

De acuerdo con información del estudio El duelo, más allá del dolor, publicado por las investigadoras Matilde Pelegrí Moya y Montserrat Romeu Figuerola en la revista Desde el Jardín de Freud, el proceso de duelo es mucho más que superar un sufrimiento físico o emocional: es una reestructuración simbólica que confronta directamente al ser humano con la falta y la finitud.

¿Por qué la preparación lógica no evita el dolor de una pérdida?

Saber que un familiar va a morir permite tomar previsiones, pero no evita el impacto en el inconsciente. La razón comprende el paso del tiempo y las leyes de la biología, pero el mundo afectivo funciona bajo sus propias reglas.

Desde la perspectiva que inauguró Sigmund Freud, el duelo requiere retirar la energía afectiva (libido) que estaba depositada en el ser querido. Aunque la mente anticipe el desenlace, el choque directo con la ausencia física exige un esfuerzo continuo de la estructura psíquica para asimilar la nueva realidad.

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Aunque la mente anticipe el desenlace, el choque directo con la ausencia física exige un esfuerzo continuo de la estructura psíquica para asimilar la nueva realidad.

¿Qué sucede en la mente cuando mueren el padre o la madre?

La pérdida de los progenitores altera la posición de una persona en el esquema familiar y social. Para el psiquismo, los padres funcionan como un soporte fundamental desde la infancia.

Cuando fallecen, ocurren transformaciones en la identidad del sujeto:

  • Fin de la protección simbólica: La existencia de los padres sostiene la sensación de tener un escudo frente a la muerte. Sin ellos, la persona pasa a la primera línea generacional frente al final de la vida.
  • Caída de las certezas: Los padres representan la primera matriz de significado. Al faltar, el rol de “hijo” o “hija” cambia de forma definitiva y obliga a redefinir quién se es sin esa mirada protectora.
  • Confrontación con el vacío: Como señaló el psicoanalista Jacques Lacan, la pérdida genera un “hueco en lo real”. No solo se llora a la persona que falleció, sino también a la parte de uno mismo que se va con ella.

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¿Cuáles son las etapas para procesar la falta de un ser querido?

El proceso no ocurre de un día para otro. Existen distintas manifestaciones y fases observables mientras la mente reorganiza la ausencia:

Fases del proceso psíquico

  1. Evitación e impacto inicial: Aparece un estado de conmoción o embotamiento donde la mente intenta asimilar el hecho.
  2. Confrontación y emociones intensas: Surgen la tristeza, la culpa o el enojo. Se repiten recuerdos de lo vivido y la atención se concentra casi por completo en la memoria del ser ausente.
  3. Reorganización progresiva: La persona comienza a recuperar la capacidad de concentrarse en proyectos, relaciones y actividades cotidianas.

El trabajo de duelo supone una elaboración intrapsíquica y a pesar de ser doloroso, es indispensable y casi obligatorio para el posterior bienestar del psiquismo humano”. — Matilde Pelegrí Moya y Montserrat Romeu Figuerola.

¿Por qué se dice que el duelo es una reestructuración y no solo dolor?

El término duelo proviene de raíces latinas que remiten tanto al dolor (dolus) como al desafío o combate (duellum). En el terreno psicoanalítico, este “combate” representa la lucha interna entre el deseo de retener lo que se perdió y la necesidad de aceptar la realidad.

Atravesar este proceso permite:

  • Sustituir y redirigir el afecto: Liberar gradualmente la energía mental para colocarla en nuevos proyectos, intereses o vínculos.
  • Aceptar la imperfección de los vínculos: Asimilar lo que quedó pendiente por decir o hacer, integrando la historia compartida con sus aciertos y faltas.
  • Reorganizar el sentido de vida: Construir una vida cotidiana en la que el recuerdo ocupe un lugar que no impida seguir adelante.
El duelo no es una enfermedad, sino una respuesta adaptativa natural del aparato mental.

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¿Cuándo deja de ser un proceso habitual y qué hacer para sobrellevarlo?

El duelo no es una enfermedad, sino una respuesta adaptativa natural del aparato mental. Sin embargo, cuando la inhibición para trabajar, disfrutar o relacionarse se prolonga de forma indefinida, o la persona se percibe totalmente “vacía”, se puede hablar de dificultades para completar el proceso.

Para acompañar este trayecto de forma saludable se recomienda:

  • Dar espacio a la palabra: Hablar y recordar lo vivido con la persona fallecida ayuda a tramitar el dolor.
  • Respetar los tiempos personales: Cada persona requiere un ritmo distinto para asimilar la falta; el proceso no responde a plazos fijos.
  • Buscar acompañamiento profesional: Si el malestar impide el funcionamiento cotidiano por un periodo prolongado, la escucha especializada ofrece un espacio seguro para elaborar la pérdida.

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