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Tras un estudio de casi 20 años, la Universidad McGill en Canadá, reveló que las mentiras frecuentes en niños no nacen por malicia, pero si persisten hasta la adolescencia elevan el riesgo de desarrollar conductas antisociales al ser adultos

Una investigación de casi dos décadas revela que la deshonestidad constante desde la niñez eleva el riesgo de desarrollar conductas antisociales a los 22 años.

Tras un estudio de casi 20 años, la Universidad McGill en Canadá, reveló que las mentiras frecuentes en niños no nacen por malicia, pero si persisten hasta la adolescencia elevan el riesgo de desarrollar conductas antisociales al ser adultos

Un estudio de largo alcance liderado por la doctora Victoria Talwar, investigadora de la Universidad McGill en Canadá, reveló que las mentiras frecuentes y persistentes durante la infancia pueden funcionar como una señal de alerta temprana sobre problemas de conducta graves en la madurez. El seguimiento científico determinó que la deshonestidad constante no es una conducta aislada, sino un factor que incrementa el riesgo de desarrollar trastornos de la personalidad al llegar a los 22 años.

Esta investigación, publicada en la revista científica Development and Psychopathology, resulta de gran utilidad para padres de familia y educadores. Al mapear cómo evoluciona la deshonestidad, el estudio permite entender cuándo las mentiras forman parte del desarrollo cognitivo normal de un niño y cuándo se transforman en una trayectoria de riesgo que requiere atención oportuna antes de la adolescencia.

El análisis recopiló datos de 3,017 menores en Quebec a lo largo de casi 20 años. De acuerdo con las conclusiones del equipo científico, los niños que consolidan la mentira como su recurso principal para interactuar o evadir responsabilidades tienen una alta probabilidad de cumplir con los criterios clínicos del trastorno de la personalidad antisocial al entrar en la adultez temprana.

¿Por qué mienten los niños durante su infancia?

Los catedráticos Mireia Orgilés y José Pedro Espada, de la Universidad Miguel Hernández y expertos en psicología infantil, explicaron en un análisis para The Conversation que las mentiras en etapas tempranas no surgen por malicia. El comportamiento responde a diversos factores del desarrollo:

  • Evitar consecuencias negativas: Es el motivo más frecuente en los hogares. Los menores recurren al engaño para escapar de castigos, regaños o reprimendas tras cometer una falta.
  • Mantener una imagen positiva: Existe un deseo genuino de no decepcionar a los adultos y asegurar la aprobación de sus padres o cuidadores.
  • Desarrollo cognitivo limitado: Entre los 3 y 4 años de edad, los niños no comprenden por completo que los demás tienen pensamientos distintos a los suyos. Piensan que basta con decir su propia versión de los hechos para que los adultos la crean, pues no anticipan que pueden ser descubiertos.
  • Aprendizaje por observación: Los infantes imitan las conductas que ven en casa. Observar a los adultos decir “mentiras piadosas” o engaños cotidianos les hace interiorizar que mentir es una estrategia admisible.
Los menores recurren al engaño para escapar de castigos, regaños o reprimendas tras cometer una falta.| Foto: Especial (canva)

¿Cuál es el vínculo entre las mentiras infantiles y la edad adulta?

La transición de una mentira común a un problema crónico de conducta está mediada por dos factores clave detectados en la investigación: la agresión temprana y la impulsividad.

Los datos confirman que los menores que presentan altos niveles de agresión a los 6 años tienen una mayor tendencia a convertirse en mentirosos persistentes. Posteriormente, a los 12 años, la impulsividad actúa como un predictor central. A esa edad, los preadolescentes usan la mentira como una herramienta rápida para alcanzar metas inmediatas o salir de problemas. Si la manipulación tiene éxito y no se corrige, el menor perfecciona la técnica, diseñando engaños más difíciles de detectar.

A los 22 años, quienes mantuvieron este patrón presentan altas probabilidades de desarrollar trastorno de la personalidad antisocial, identificable por los siguientes rasgos:

CaracterísticaManifestación en la conducta adulta
Manipulación persistenteUso del engaño constante para beneficio personal o placer individual.
Desprecio por las normasTendencia reiterada a ignorar, flexibilizar o violar las reglas sociales.
Falta de remordimientoAusencia total de culpa tras lastimar, afectar o manipular a otras personas.
Problemas legalesVinculación estadística con mayores tasas de delitos violentos y no violentos.
Quienes mantuvieron este patrón presentan altas probabilidades de desarrollar trastorno de la personalidad antisocial/Foto: Canva

Los especialistas insisten en que la mentira es una conducta habitual en el crecimiento, por lo que no se debe estigmatizar a un niño pequeño que miente ocasionalmente. El punto crítico ocurre cuando el engaño se vuelve la respuesta automatizada y se combina con conductas agresivas o impulsivas a lo largo de los años.

De acuerdo con la información disponible en las publicaciones científicas, intervenir a tiempo mediante la enseñanza de la honestidad y el control de la impulsividad en el hogar disminuye el riesgo de que estas conductas deriven en repercusiones severas en la salud mental, las finanzas o el entorno legal de los futuros adultos.

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