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¿Por qué el pan se pone duro mientras las galletas pierden su textura crujiente? La química detrás de un cambio que todos notan en la cocina; la humedad transforma a estos alimentos de maneras opuestas

La química cotidiana que hace rígido al pan y suave a las galletas

¿Por qué el pan se pone duro mientras las galletas pierden su textura crujiente? La química detrás de un cambio que todos notan en la cocina; la humedad transforma a estos alimentos de maneras opuestas

Todos lo hemos visto: el pan, esponjoso y suave en la mañana, se vuelve duro al día siguiente; las galletas, crujientes al abrir el paquete, terminan blandas si quedan destapadas. Aunque parezcan procesos opuestos, ambos responden a un mismo mecanismo: la interacción del alimento con la humedad y la forma en que los almidones se comportan ante ella. No es magia ni mala suerte, sino física y química de cocina.

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El pan: mucha humedad que busca escapar

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El pan recién horneado tiene una característica esencial: su alto contenido de agua. Aun cuando se siente seco al tacto, la miga conserva humedad atrapada en su estructura esponjosa formada por gluten y almidones gelatinizados.

Con el paso del tiempo ocurre un fenómeno bien estudiado llamado retrogradación del almidón. Después de haber absorbido agua durante la cocción, los almidones empiezan a reorganizar sus moléculas, expulsando parte de la humedad y endureciéndose.

En términos prácticos, esto implica:

  • El pan pierde agua interna hacia la superficie o hacia el ambiente.
  • Los almidones en la miga se cristalizan, volviendo su textura más rígida.
  • Aunque el pan esté en una bolsa, su estructura igual sufre esta reordenación molecular.
  • La miga deja de ser flexible y se vuelve dura, aunque no esté realmente seca al completo.

A diferencia de lo que muchas personas creen, el pan no se endurece solo porque “se seca”, sino porque sus almidones se recristalizan y pierden la textura suave que originalmente tenían.

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Las galletas: poca humedad que quiere entrar

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El caso de las galletas, su textura crujiente se debe a que contienen muy poca agua y un porcentaje más alto de grasas y azúcares, ingredientes que dificultan que el almidón absorba humedad.

Sin embargo, las galletas están en constante contacto con el aire, y en cuanto se rompen los sellos del empaque comienzan a absorber vapor de agua del ambiente. Este proceso altera su estructura seca y crujiente.

Lo que ocurre paso a paso:

  • Los almidones en las galletas empiezan a tomar humedad del aire.
  • La baja humedad inicial convierte a las galletas en verdaderos imanes de agua.
  • La grasa no evita que el almidón se hidrate si hay mucha humedad ambiental.
  • El crujido se pierde y aparece una textura blanda o gomosa.

La humedad relativa del ambiente es un factor clave: en lugares húmedos, las galletas se ablandan con mayor rapidez, incluso en envases semisellados.

Dos comportamientos opuestos guiados por la misma regla

Aunque el resultado sea distinto, el principio científico es exactamente el mismo: los alimentos tienden a igualar la humedad con el entorno.

  • El pan, que contiene mucha humedad, intenta liberarla, y eso provoca dureza.
  • Las galletas, que están casi secas, buscan captar humedad, perdiendo su crocancia.

La diferencia radica en la composición inicial de cada producto y en cómo los almidones responden a la ganancia o pérdida de agua. Esta llamada “danza de la humedad” explica por qué dos alimentos basados en harina se comportan de forma tan distinta con el tiempo.

¿Se puede revertir el proceso?

Afortunadamente, ambos casos tienen solución temporal:

  • Pan: al calentarlo en horno o vapor, los almidones vuelven a suavizarse y la miga recupera flexibilidad.
  • Galletas: un breve paso por horno o freidora de aire permite evaporar la humedad absorbida y recuperar el crujido.

Estos efectos, sin embargo, no son permanentes. Con el tiempo, los alimentos vuelven a buscar el equilibrio con el ambiente.

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