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Los adultos de entre 30 y 40 años que siguen jugando videojuegos no es que sean inmaduros, sino que podrían estar estimulando su cerebro para envejecer con una mayor reserva cognitiva, según la ciencia

Jugar videojuegos después de los 30: qué dice la psicología sobre este hábito y por qué podría importar al envejecer.

Los adultos de entre 30 y 40 años que siguen jugando videojuegos no es que sean inmaduros, sino que podrían estar estimulando su cerebro para envejecer con una mayor reserva cognitiva, según la ciencia

Durante años, muchas personas asociaron los videojuegos con pérdida de tiempo, inmadurez o una actividad propia de adolescentes. Sin embargo, esa idea ha comenzado a cambiar conforme la psicología, la neurociencia y la gerontología estudian cómo ciertos juegos pueden estimular la memoria, la atención, la toma de decisiones y la orientación espacial.

De acuerdo con el enfoque de Envejecimiento Activo planteado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con investigaciones neurológicas sobre videojuegos, mantener actividades que desafían al cerebro puede formar parte de una vida adulta con mayor estimulación mental. Esto no significa que jugar videojuegos sea una “cura” contra el deterioro cognitivo, pero sí abre una pregunta relevante: ¿los adultos de 30 y 40 años que siguen jugando podrían estar construyendo una reserva mental que notarán en la vejez?

La información base plantea que quienes crecieron jugando videojuegos y continuaron haciéndolo en la adultez podrían estar fortaleciendo redes cognitivas que, con el paso de los años, funcionarían como una especie de apoyo frente al deterioro natural del cerebro. Esa idea se relaciona con el concepto de reserva cognitiva, aunque todavía falta evidencia directa sobre cómo envejecerá esta generación cuando llegue a los 70 años.

Estudio psicológico revela que adultos mayores de 30 años que juegan videojuegos no presentan mayor inmadurez | Foto: Especial (canva)

¿Jugar videojuegos después de los 30 es señal de inmadurez?

No necesariamente. La asociación entre videojuegos e inmadurez responde más a un prejuicio cultural que a una conclusión científica. Jugar en la adultez puede ser una forma de entretenimiento, convivencia, descanso mental o desafío cognitivo.

La diferencia está en el tipo de uso. No es lo mismo jugar de manera equilibrada, como parte de una rutina saludable, que hacerlo de forma compulsiva o dejando de lado responsabilidades, descanso, trabajo, vínculos sociales o actividad física.

Desde una mirada psicológica, el punto no es la edad del jugador, sino cómo se integra el videojuego a su vida diaria. En adultos de 30 o 40 años, jugar puede implicar concentración, estrategia, coordinación, memoria, solución de problemas y adaptación a escenarios cambiantes.

¿Qué tiene que ver el envejecimiento activo con los videojuegos?

La OMS planteó el concepto de Envejecimiento Activo como un marco para promover la salud, la participación y la seguridad conforme las personas envejecen. La idea central es que la vejez no debe entenderse solo como una etapa de pérdida, sino como un proceso que puede prepararse desde antes con hábitos que favorezcan el bienestar físico, mental y social.

En ese contexto, los videojuegos aparecen como una posible actividad de estimulación mental. Algunos títulos obligan al jugador a recordar rutas, anticipar riesgos, tomar decisiones rápidas, coordinar movimientos, resolver acertijos o aprender reglas nuevas.

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Ese tipo de actividad no sustituye otros hábitos importantes, como dormir bien, socializar, hacer ejercicio o mantener controles médicos, pero puede formar parte de un estilo de vida con mayor actividad cognitiva.

¿Qué es la reserva cognitiva y por qué importa al llegar a la vejez?

La reserva cognitiva puede entenderse como la capacidad del cerebro para compensar ciertos daños o pérdidas asociadas con el envejecimiento. En términos simples, mientras más recursos mentales y conexiones funcionales desarrolla una persona durante su vida, más herramientas podría tener para enfrentar el deterioro natural de algunas funciones.

Este concepto se ha relacionado con factores como la educación, la lectura, el aprendizaje constante, la vida social, el trabajo intelectual y otras actividades que mantienen activo al cerebro.

En el caso de los videojuegos, la hipótesis es que jugar durante años podría contribuir a esa estimulación, sobre todo cuando se trata de juegos que exigen atención, memoria, exploración, estrategia o coordinación. Sin embargo, todavía no puede afirmarse que todos los videojuegos produzcan el mismo efecto ni que jugar garantice una mejor salud cognitiva en la vejez.

¿Hay estudios que relacionen videojuegos con cambios en el cerebro?

Sí existen estudios que han observado cambios cerebrales asociados con ciertos videojuegos. Una investigación publicada en PLOS ONE analizó el entrenamiento con Super Mario 64 en adultos mayores de 55 a 75 años y reportó efectos en áreas como el hipocampo, una región relacionada con la memoria y la orientación espacial.

También hay investigaciones previas que han explorado cómo los videojuegos en 3D pueden relacionarse con plasticidad cerebral, es decir, con la capacidad del cerebro para adaptarse a nuevos aprendizajes y retos.

Aun así, estos resultados deben leerse con cuidado. Los estudios no significan que cualquier videojuego, jugado de cualquier forma, produzca beneficios automáticos. El efecto puede depender del tipo de juego, la duración, la frecuencia, la edad del jugador, su estado de salud y otros hábitos de vida.

¿Los millennials que siguen jugando verán beneficios al cumplir 70 años?

Esa es una de las preguntas más interesantes, pero todavía no tiene una respuesta definitiva. Muchos adultos que hoy tienen entre 30 y 40 años crecieron con videojuegos y algunos han mantenido ese hábito durante décadas. El problema científico es que esa generación aún no ha llegado a edades donde pueda medirse con claridad el impacto acumulado de ese hábito en la vejez.

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La reserva cognitiva puede entenderse como la capacidad del cerebro para compensar ciertos daños o pérdidas asociadas con el envejecimiento.

Por eso, lo correcto es plantearlo como una hipótesis con base razonable, no como una certeza. La evidencia disponible permite pensar que los videojuegos pueden estimular funciones cognitivas, pero todavía falta comprobar si quienes jugaron de forma constante desde la niñez llegarán a los 70 años con ventajas medibles frente a quienes no jugaron o abandonaron ese hábito.

En otras palabras: puede haber señales prometedoras, pero el resultado a largo plazo todavía está en construcción.

¿Qué tipo de videojuegos podrían estimular más el cerebro?

No todos los videojuegos exigen lo mismo. Algunos solo requieren repetición mecánica, mientras que otros demandan análisis, memoria, estrategia y adaptación constante.

Los juegos con mayor potencial de estimulación suelen incluir retos como:

  • Resolver problemas o acertijos.
  • Recordar mapas, rutas o patrones.
  • Tomar decisiones bajo presión.
  • Coordinar vista, manos y reacción.
  • Planear estrategias a corto y largo plazo.
  • Aprender reglas nuevas y adaptarse a cambios.

Esto puede encontrarse en juegos de aventura, estrategia, plataformas en 3D, rompecabezas, simulación o ciertos juegos de acción. La clave no está solo en jugar, sino en que el cerebro tenga que esforzarse, aprender y adaptarse.

¿Jugar videojuegos puede prevenir el Alzheimer?

No se puede afirmar eso. La información disponible no permite decir que jugar videojuegos previene el Alzheimer ni otras demencias.

Lo que sí puede decirse es que mantener el cerebro activo forma parte de los hábitos asociados con un envejecimiento más saludable. Los videojuegos podrían sumarse a otras actividades cognitivas, como leer, aprender un idioma, tocar un instrumento, convivir, estudiar, hacer ejercicio y mantener una vida social activa.

Por eso, la idea más precisa es esta: jugar videojuegos puede ser una actividad de estimulación mental, pero no debe presentarse como tratamiento, prevención garantizada ni sustituto de atención médica.

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¿Cuándo jugar videojuegos deja de ser saludable?

Jugar puede ser positivo cuando se hace con equilibrio. El problema aparece cuando desplaza actividades básicas o afecta la vida diaria.

Algunas señales de alerta son dejar de dormir por jugar, abandonar responsabilidades, aislarse por completo, irritarse al no poder jugar, descuidar la alimentación, reducir la actividad física o usar el juego como única forma de evasión emocional.

En adultos, el hábito puede ser sano si convive con trabajo, descanso, vínculos sociales, movimiento físico y otros intereses. Como ocurre con muchas actividades, el beneficio depende del equilibrio.

La idea de que los adultos que hoy tienen 30 o 40 años podrían construir una reserva cognitiva útil para la vejez es plausible, pero todavía no está completamente demostrada a largo plazo.

¿Cuál es la conclusión para los adultos que siguen jugando?

Jugar videojuegos después de los 30 no debería verse automáticamente como inmadurez. La evidencia científica permite entenderlo como una actividad que, en ciertos contextos, puede estimular habilidades cognitivas y mantener activo al cerebro.

La idea de que los adultos que hoy tienen 30 o 40 años podrían construir una reserva cognitiva útil para la vejez es plausible, pero todavía no está completamente demostrada a largo plazo. Para confirmarlo, será necesario observar a esa generación cuando llegue a edades más avanzadas.

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Mientras tanto, el mensaje más responsable es claro: si jugar videojuegos forma parte de una vida equilibrada, no tiene por qué ser motivo de culpa. Puede ser entretenimiento, memoria emocional, convivencia y también una forma de retar al cerebro. La clave está en jugar con medida, elegir experiencias que estimulen y no descuidar los demás pilares de la salud.

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