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Un estudio en Francia revela que el cerebro necesita azúcar para fijar recuerdos y explica por qué el hambre interfiere con la memoria y el rendimiento mental

La investigación muestra que la glucosa no solo aporta energía, sino que activa procesos cerebrales clave para consolidar lo que aprendemos, por lo que pasar muchas horas sin comer puede afectar la concentración, el aprendizaje y la capacidad de recordar información.

Un estudio en Francia revela que el cerebro necesita azúcar para fijar recuerdos y explica por qué el hambre interfiere con la memoria y el rendimiento mental

Un estudio desarrollado por investigadores en Francia encontró que la glucosa —el azúcar que proviene de los alimentos— juega un papel esencial en la consolidación de recuerdos, y que la sensación de hambre puede alterar la forma en que el cerebro fija, procesa y retiene información.

Este hallazgo, publicado por científicos de la Universidad de Burdeos, sugiere que existe una conexión directa entre el estado nutricional y la memoria, un vínculo que puede tener implicaciones en el aprendizaje, el rendimiento cognitivo y la salud mental.

¿Qué descubrieron los científicos?

El equipo de investigadores analizó cómo los niveles de glucosa en sangre afectan la capacidad del cerebro para consolidar recuerdos a largo plazo.

La consolidación de la memoria es la fase en la que una experiencia reciente se convierte en un recuerdo estable que puede recuperarse más adelante.

Descubrieron que niveles adecuados de glucosa facilitan la activación de regiones cerebrales vinculadas a la fijación de recuerdos, mientras que el hambre o bajos niveles de glucosa influyen negativamente en este proceso.

La glucosa no solo actúa como fuente de energía, sino también como una señal que activa rutas neuronales clave para la memoria.

¿Cómo funciona la conexión entre hambre y memoria?

Cuando comemos, los carbohidratos se transforman en glucosa, que circula por la sangre y llega al cerebro para alimentar las neuronas.

Este proceso no solo abastece de energía, sino que modula la actividad de estructuras cerebrales como el hipocampo, un área fundamental para la memoria y el aprendizaje.

En condiciones de ayuno prolongado o cuando los niveles de glucosa son muy bajos, el cerebro recibe menos combustible. Esto puede traducirse en dificultades para consolidar recuerdos nuevos, especialmente cuando se trata de información compleja o aprendizajes recientes.

El estudio francés demuestra que el estado de hambre no solo afecta el bienestar corporal, sino también el rendimiento cognitivo, especialmente en tareas que requieren memoria y atención sostenida.

Los investigadores observaron que niveles bajos de glucosa dificultan que el cerebro consolide recuerdos y mantenga la concentración. Foto: Especial

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¿Qué significa esto para el aprendizaje y la vida cotidiana?

Los hallazgos sugieren que nuestros hábitos alimenticios pueden influir directamente en la forma en que recordamos experiencias, aprendizajes y eventos.

Por ejemplo, tomar decisiones importantes con niveles bajos de glucosa en sangre puede resultar en menor capacidad para fijar información relevante o recordar datos claves más adelante.

Esto puede tener impacto en situaciones cotidianas como:

  • el rendimiento escolar o académico,
  • la atención en el trabajo durante jornadas largas,
  • la capacidad de memorizar instrucciones o información nueva.

Los resultados apuntan a la importancia de mantener niveles estables de glucosa, especialmente antes de actividades que demandan concentración y memoria activa, como exámenes, presentaciones o trabajos que requieren foco cognitivo.

¿Qué alimentos favorecen una memoria más estable?

Aunque el cuerpo obtiene glucosa de diferentes fuentes, los expertos recomiendan consumir carbohidratos complejos que se liberan de forma más lenta y sostenida, como:

  • cereales integrales,
  • frutas,
  • verduras y legumbres.

Estos alimentos no provocan picos rápidos de glucosa seguidos de caídas bruscas, como puede ocurrir con el consumo de azúcares simples (dulces o refrescos), y ayudan a mantener niveles de energía constantes que favorecen tanto el cuerpo como la función cognitiva.

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