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Científicos confirman que la falta de sueño afecta la memoria, la atención y el rendimiento académico, mientras que siestas cortas de 30 a 45 minutos ayudan a “resetear” el cerebro y optimizar la capacidad de aprendizaje diario

Los estudios muestran que no solo la cantidad de sueño importa, sino su calidad, y que integrar siestas cortas en la rutina diaria permite consolidar recuerdos, mejorar la atención y mantener el rendimiento académico y cognitivo de manera más efectiva.

Científicos confirman que la falta de sueño afecta la memoria, la atención y el rendimiento académico, mientras que siestas cortas de 30 a 45 minutos ayudan a “resetear” el cerebro y optimizar la capacidad de aprendizaje diario

Diversos estudios recientes confirman que no solo importa cuánto duermes, sino cómo descansas.

Investigaciones publicadas este año destacan que la calidad del sueño y la práctica de siestas influyen directamente en el funcionamiento del cerebro y en la capacidad de aprender, memorizar y procesar información.

La evidencia proviene de instituciones como la Universidad de Friburgo (Alemania) y la Universidad de Ginebra (Suiza), y fue publicada en la revista NeuroImage, revisada por pares.

Dormir bien no es lo mismo que dormir suficiente

Según los estudios, la calidad del sueño influye tanto o más que la cantidad de horas dormidas.

Incluso si duermes 7 u 8 horas, una mala calidad de sueño reduce la capacidad del cerebro para almacenar información y formar recuerdos duraderos.

El sueño funciona como un “reinicio” del cerebro. Durante este proceso se reorganizan y fortalecen las conexiones neuronales necesarias para aprender.

Sin este reinicio, la capacidad para procesar nueva información puede disminuir, como han documentado universidades europeas en sus investigaciones.

La siesta de 45 minutos: ¿qué dice la ciencia?

Una de las preguntas más frecuentes es: ¿cuánto debe durar una siesta para mejorar el aprendizaje?

La investigación sugiere que una siesta de aproximadamente 45 minutos es óptima para “resetear” el cerebro y favorecer el almacenamiento de información en la memoria.

En un estudio experimental, se comparó a adultos jóvenes que hicieron siesta con quienes no lo hicieron.

Las mediciones de actividad cerebral mostraron que 45 minutos de sueño diurno reorganizan las conexiones neuronales, favoreciendo procesos cognitivos clave para aprender.

¿Por qué 45 minutos y no más o menos?

Dormir muy poco, como 10 minutos, puede dar una sensación de descanso momentánea, pero no completa los procesos cerebrales esenciales.

Por otro lado, siestas demasiado largas, como dos horas, pueden interferir con el sueño nocturno y generar somnolencia prolongada.

Científicos explican que aproximadamente 45 minutos permiten al cerebro pasar por ciclos ligeros de sueño sin entrar en fases profundas que dificultan despertarse y ajustar el resto del día.

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¿Dime cómo duermes y te diré quién eres? Estos son los 5 tipos de sueño y lo que indican sobre tu salud mental | Foto: Especial (canva)

Insomnio y aprendizaje: un círculo difícil de romper

La falta de sueño real —el insomnio— se asocia repetidamente con menor rendimiento académico y dificultades de memoria.

En adolescentes, donde el sueño suele ser irregular, este efecto es aún más marcado.

La falta de sueño también se vincula con menores calificaciones, reducción de la atención y efectos negativos en el estado emocional y la memoria.

Cuando el insomnio se combina con ansiedad o depresión, el impacto cognitivo puede ser mayor.

Recomendaciones para mejorar el sueño

Según los expertos, estos son pasos prácticos:

  1. Prioriza la calidad del descanso nocturno. Dormir en un ambiente oscuro, sin pantallas y con horarios regulares fortalece las fases profundas necesarias para consolidar aprendizajes.
  2. Considera siestas cortas estratégicas. Entre 30 y 45 minutos ayudan a “resetear” tu cerebro y mejorar la capacidad de aprendizaje.
  3. Evita siestas largas cerca de la noche. Esto puede interferir con el sueño nocturno y reducir la calidad global del descanso.
  4. Atiende señales de insomnio. Dificultad para dormir, despertares frecuentes o somnolencia diurna persistente pueden afectar tu rendimiento educativo o laboral.

Conclusión: dormir y aprender van de la mano

Los estudios más recientes confirman que el descanso no es un lujo, sino una herramienta para el aprendizaje y la memoria.

Tanto el sueño nocturno de calidad como las siestas bien distribuidas favorecen la capacidad del cerebro para procesar y retener información.

Dormir bien no solo ayuda a reducir cansancio: es clave para mejorar la atención, la memoria y el rendimiento cognitivo en tu vida diaria.

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