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Del papel amate prehispánico al papel de China: así nació el papel picado que adorna las ofrendas en Día de Muertos

Símbolo del viento que guía a las almas en los altares de Día de Muertos, el papel picado concentra siglos de historia que van desde el papel amate prehispánico hasta el trabajo con cincel de los maestros artesanos de San Salvador Huixcolotla, Puebla.

Del papel amate prehispánico al papel de China: así nació el papel picado que adorna las ofrendas en Día de Muertos
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Las calles se llenan de tiras amarillas, moradas, naranjas y rosas que se mueven con el viento. En octubre y noviembre, el papel picado aparece sobre las calles, en los mercados y en los altares de Día de Muertos, donde sus figuras de calaveras, flores y otros motivos acompañan el recuerdo de quienes ya no están.

Aunque hoy parece un adorno inseparable de las celebraciones mexicanas, detrás de sus delicados recortes hay una historia más compleja: una tradición que reúne antecedentes indígenas, técnicas de elaboración que evolucionaron con el tiempo y el trabajo de comunidades artesanas que han convertido el papel en una expresión de identidad cultural.

El papel picado llena de color las celebraciones del Día de Muertos, una tradición milenaria que reúne historia, simbolismo y costumbres transmitidas de generación en generación. Foto: Agencias

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Del papel amate a las hojas de colores

Para entender la historia del papel picado es necesario mirar más allá de las hojas delgadas y coloridas que se utilizan actualmente. En Mesoamérica, mucho antes de la llegada de los españoles, distintas culturas elaboraban papel amate a partir de la corteza interna de ciertos árboles, como el jonote y algunas especies de higuera. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) este material tenía usos ceremoniales, rituales y administrativos, además de emplearse en la elaboración de códices.

El papel amate también tenía un significado relacionado con la cosmovisión de los pueblos indígenas. En algunas comunidades, las figuras recortadas en este material se vinculaban con las representaciones de deidades y fuerzas de la naturaleza. Estas prácticas muestran que el papel y sus formas no eran únicamente soportes para escribir o decorar, sino que también podían tener una función simbólica y ritual.

Lámina 1 del libro Códice Boturini elaborado en papel amate. Foto: INAH

Con la llegada de los españoles durante el siglo XVI, se incorporaron nuevos materiales y técnicas de fabricación. El papel producido mediante métodos europeos comenzó a circular en la Nueva España y, con el desarrollo del comercio, otros tipos de papel estuvieron cada vez más disponibles. Asimismo, la llegada del papel de China junto a sus técnicas, utilizado para envolver mercancías y comercializado entre Asia y América durante la época colonial, también modificó su aplicación. La incorporación de estos materiales transformó las posibilidades de corte, manipulación y decoración, aunque no permite establecer por sí sola una fecha exacta para el nacimiento del papel picado como se conoce hoy.

Algunas explicaciones sobre esta tradición destacan la influencia de las técnicas europeas de papel recortado, mientras que otras ponen énfasis en los antecedentes indígenas y en la evolución de las prácticas artesanales mexicanas. Ambas perspectivas ayudan a comprender el contexto cultural en el que surgieron distintas formas de trabajar el papel, pero es importante distinguir esos antecedentes de la historia documentada de la técnica actual.

Con el tiempo, el papel de colores y las herramientas de corte permitieron crear diseños cada vez más elaborados, con figuras simétricas, flores, animales y motivos religiosos o festivos. En comunidades artesanas como San Salvador Huixcolotla, Puebla, esta práctica desarrolló características propias y se convirtió en un oficio transmitido entre generaciones.

Papel picado de San Pablito, Pahuatlán, Puebla 1995 Foto: INAH

Así, el papel picado que hoy adorna las ofrendas de Día de Muertos es resultado de una evolución histórica en la que confluyeron materiales, conocimientos y tradiciones diversas. Su historia no se limita a un único punto de origen: también refleja la manera en que las comunidades mexicanas adaptaron técnicas y recursos para dar forma a una expresión cultural propia.

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Puebla, cuna de una tradición artesanal

Uno de los lugares más reconocidos por la elaboración de papel picado es San Salvador Huixcolotla, Puebla, donde el oficio se ha transmitido entre generaciones y forma parte de la identidad de la comunidad.

La técnica tradicional requiere habilidad, precisión y paciencia. Los artesanos dibujan los diseños sobre una plantilla, colocan varios pliegos de papel china y utilizan cinceles y martillos pequeños para cortar las figuras. Al trabajar varias hojas al mismo tiempo, pueden crear composiciones complejas con motivos simétricos y detalles minuciosos.

Flores, calaveras, cruces, aves y figuras alusivas a distintas festividades forman parte de los diseños. Aunque el papel picado se asocia especialmente con el Día de Muertos, también se utiliza en fiestas patronales, bodas, celebraciones familiares y otros acontecimientos.

Sin embargo, además de Huixcolotla existen también distintas regiones del país en donde se han desarrollado técnicas y estilos propios, transformando así la producción.

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¿Qué significa el papel picado en la ofrenda?

En los altares de Día de Muertos, el papel picado cumple una función que va más allá de aportar color. Representa el aire, uno de los cuatro elementos que tradicionalmente se incorporan a la ofrenda, junto con el agua, la tierra y el fuego.

Su movimiento permite percibir el paso del viento y añade dinamismo al altar. Además, los colores y las figuras contribuyen a crear un espacio festivo para recibir simbólicamente a los difuntos y honrar su memoria.

Los diseños pueden variar según la región, la celebración y las preferencias de cada familia. Por eso, aunque el papel picado se ha convertido en una imagen reconocible del Día de Muertos, también forma parte de otras expresiones de la cultura popular mexicana.

El papel picado llena de color las celebraciones del Día de Muertos, una tradición milenaria que reúne historia, simbolismo y costumbres transmitidas de generación en generación. Foto: Archivo

Del trabajo artesanal a las versiones de plástico

La popularidad del papel picado ha impulsado la aparición de productos elaborados con procesos industriales y materiales distintos al papel. Entre ellos se encuentran las guirnaldas de plástico o nylon, que pueden reutilizarse y soportar mejor ciertas condiciones de humedad y exposición al exterior.

Esta alternativa responde a una necesidad práctica: conservar los adornos durante más tiempo sin tener que reemplazarlos con tanta frecuencia. Sin embargo, también convive con el trabajo de los artesanos que mantienen la elaboración manual y compiten con productos fabricados en serie.

En San Salvador Huixcolotla, productores han señalado que la maquinaria permite fabricar muchas más piezas en menos tiempo que el trabajo manual. Un reportaje de El Universal, publicado en octubre de 2024, documentó las dificultades que enfrentan algunos talleres artesanales ante la producción industrial.

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Artesanos mexicanos enfrentan la competencia del mercado global

La elaboración artesanal convive cada vez más con un mercado de productos fabricados en serie, donde el precio, la disponibilidad y la durabilidad influyen en las decisiones de compra. Esta competencia representa un desafío para quienes mantienen oficios tradicionales, pues sus piezas requieren tiempo, herramientas especializadas y conocimientos transmitidos entre generaciones.

En México, artesanos de distintas regiones han señalado la competencia de mercancías importadas. A diferencia de los productos elaborados a mano, los fabricados industrialmente pueden producirse en grandes cantidades y distribuirse en distintos mercados.

Un indicador de la dimensión de este comercio aparece en los datos de la Secretaría de Economía. Durante 2024, China figuró como el principal país de origen de las importaciones mexicanas de estatuillas y otros artículos decorativos de plástico, con un valor de 37.6 millones de dólares.

Frente a este panorama, el trabajo artesanal conserva características que lo distinguen de la producción industrial, como la elaboración manual, los diseños tradicionales y el conocimiento que cada comunidad ha preservado a lo largo del tiempo. Es así como mantener vigentes estos oficios se vuelve un reto, en un mercado donde los productos de fabricación masiva compiten por la atención de los consumidores.

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