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El hábito nocturno que mejora el descanso y disminuye el estrés, según la psicología

Especialistas señalan que un ajuste sencillo en la rutina nocturna puede ser el factor transformador para un descanso profundo y una energía renovada.

El hábito nocturno que mejora el descanso y disminuye el estrés, según la psicología

Millones de personas inician su día con una lucha común: despiertan cansadas, arrastran fatiga constante y sienten que su energía no se recupera completamente, aun cuando duermen las horas recomendadas. Este agotamiento persistente no solo reduce la calidad de vida, sino que, según expertos, puede impactar la salud cerebral a largo plazo. La solución, sin embargo, podría no estar únicamente en la cantidad de sueño, sino en un hábito previo que muchos pasamos por alto: el momento en que cenamos.

Especialistas en neurociencia y longevidad, citados por El Heraldo, señalan que un ajuste sencillo en la rutina nocturna—cenar con mayor anticipación—puede ser el factor transformador para un descanso profundo y una energía renovada. Esta nota explica el porqué, cómo implementarlo y qué otros ajustes complementarios pueden potenciar sus beneficios.

La regla fundamental: ¿Por qué es crucial dormir con el estómago vacío?

La mayoría enfoca sus esfuerzos en dormir ocho horas, pero descuida lo que ocurre en las horas previas. El psicólogo y especialista en longevidad Marcos Apud, autor de Neurolongevidad, sostiene que uno de los hábitos más determinantes para el bienestar integral es “dormir con el estómago vacío”. ¿La razón? Durante el sueño, el cuerpo debe priorizar procesos de regeneración celular, limpieza metabólica y consolidación de la memoria.

Si el sistema digestivo está activo procesando una cena tardía, estos procesos cruciales se ven interrumpidos o ralentizados. El organismo no puede concentrarse en repararse, ya que su energía está dirigida a la digestión. Esto resulta en un sueño menos reparador y en esa sensación de despertar ya fatigado.

La fórmula práctica: La regla de las tres horas

La teoría se vuelve práctica con una pauta concreta. Marcos Apud recomienda una fórmula sencilla para alinear la digestión con el ciclo de descanso: cenar al menos tres horas antes de acostarse. Este intervalo permite que el proceso digestivo mayor haya concluido, permitiendo que el cuerpo entre en un estado de reposo completo al iniciar el sueño.

Según el experto, adoptar este hábito puede reducir significativamente la fatiga matutina y la sensación de agotamiento acumulado. Es un cambio que no requiere inversión económica, solo ajuste de horarios, y sus efectos pueden notarse en la energía diaria y la capacidad de recuperación, independientemente de la edad.

El hábito nocturno que mejora el descanso y disminuye el estrés, según la psicología | Foto: canva

Beneficios: Más allá del descanso, inmunidad y claridad mental

Este enfoque se enmarca en el biohacking, una metodología que utiliza intervenciones basadas en evidencia para optimizar la función corporal. Apud explica que muchos problemas contemporáneos—como el estrés persistente, la falta de claridad mental y la baja energía—tienen su raíz en rutinas que chocan con nuestros ritmos circadianos naturales, nuestros relojes biológicos internos. Cenar temprano es un “hack” que sincroniza mejor estos ritmos.

Como resultado, no solo mejora el sueño, sino que también ayuda a reforzar el sistema inmunológico y favorece una mayor claridad y enfoque durante las horas de vigilia. El cuerpo, al no estar sobrecargado por la digestión nocturna, destina recursos a funciones de mantenimiento y defensa.

Ajustes complementarios: Un entorno nocturno que favorezca el descanso

Cenar temprano es un pilar fundamental, pero puede potenciarse con otros hábitos sencillos. Apud insiste en la importancia de limitar la exposición a pantallas (teléfonos, televisores, computadoras) en la última hora antes de dormir. La luz azul que emiten estos dispositivos suprime la producción de melatonina, la hormona esencial que le indica al cuerpo que es hora de dormir. Sin su pico natural, el sueño es menos profundo y reparador.

Otros ajustes que forman parte de un protocolo integral de bienestar incluyen: practicar periodos de ayuno intermitente de manera controlada, tomar duchas frías por la mañana para estimular el sistema nervioso y evitar la ingesta de grandes cantidades de líquidos en la última hora antes de acostarse, para minimizar interrupciones del sueño.

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Un cambio sencillo con impacto profundo

La búsqueda de mayor energía y un descanso de calidad no siempre requiere soluciones complejas o costosas. La evidencia y la explicación científica apuntan a que respetar los tiempos naturales del cuerpo es fundamental.

Adelantar la cena, siguiendo la regla de las tres horas, es un gesto simple que alinea la fisiología con el ciclo de sueño-vigilia. Al implementarlo, junto con una reducción de la exposición a luz artificial nocturna, se crean las condiciones óptimas para que el organismo ejecute sus procesos de reparación.

El resultado, como señala el especialista, es una mejora tangible en la energía disponible, la resistencia al estrés y la calidad de vida general. Es un recordatorio de que, en ocasiones, la salud se optimiza volviendo a lo básico y escuchando los ritmos que nuestro cuerpo ya tiene programados.

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