Dueñez* empresaria
La dueñez es exigente, no admite complacencias.
He recibido comunicación de expertos en LinkedIn infinidad de veces. Algo he aprendido de ellos, nunca me ha dado por contratar a ninguno, pero hoy recibí un mensaje extraordinario de uno de ellos que me hizo pensar. No se refiere precisamente a técnicas para manejar esta red social profesional, sino a la comodidad que nos envuelve y nos arrebata posibilidades día a día. Voy a tomar prestadas las ideas de este hombre, Ravi Mishra, para compartirlas con ustedes. Las escribiré a mi manera.
Después de trabajar con miles de líderes, me doy cuenta de que a muchos de ellos la indulgencia y el aburguesamiento los atrapa. La mediocridad rara vez entra por su puerta principal. Se instala poco a poco cuando dejan de cuestionar sus creencias, cuando dan por hecho que su modelo de negocio seguirá funcionando indefinidamente o cuando suponen que el patrimonio construido es tan sólido que puede sostenerse sin renovación constante.
Los resultados seguros son preferidos a alternativas más arriesgadas de crecimiento o diversificación. Las rutinas conocidas se vuelven más atractivas que las nuevas oportunidades. El miedo a la incertidumbre se vuelve más fuerte que el deseo de éxito.
Año tras año permanecen con esquemas organizacionales inerciales, en quehaceres poco retadores que ya no les inspiran y con resultados que no reflejan su verdadero potencial. Lo definen como seguridad o bajo riesgo, pero frecuentemente sólo se mantienen en su zona de confort.
“Lo peligroso del confort es que no provoca dolor de inmediato. No te advierte que tu ambición se está desvaneciendo, tu valor se está reduciendo o tus sueños se están haciendo más pequeños. Te convence en silencio de que mañana es un mejor día para actuar. Luego mañana se convierte en el mes que viene, el año que viene, y finalmente desaparece toda una década”.
Un día se miran en el espejo y se dan cuenta que su éxito es muy relativo, miran hacia atrás y se percatan que han desperdiciado sus talentos, sus relaciones, sus posibilidades. Miran a su alrededor y descubren que otros han hecho mucho más con mucho menos.
Las proyecciones que una vez pensaron se transformaron en sueños. Los riesgos que no se atrevieron a asumir se convirtieron en la historia de éxito de otros. El crecimiento que quisieron nunca les fue arrebatado, se intercambió gradualmente, por conveniencia y certeza, en logros más seguros.
“Cada día cómodo parecía inofensivo, pero juntos formaban una prisión invisible”, donde la mayor tragedia no es el fracaso. En toda historia empresarial el fracaso nos aporta lecciones, fortalece la resiliencia e impulsa el crecimiento.
“La mayor tragedia es llegar al final de un capítulo de tu vida y descubrir que pasaste años protegiendo una zona de confort que poco a poco estaba destruyendo tu futuro”.
Los verdaderos empresarios no son aquellos que nunca sintieron miedo. Son aquellos que entendieron que el miedo es un compañero inevitable de la gestión genuina de la dueñez. La diferencia es que no permitieron que ese miedo tomara el control de sus decisiones.
La comodidad tiene un precio, y el precio radica en que la versión más potente de nosotros mismos nunca le demos la oportunidad de existir. Mientras otros arriesgan, aprenden, crecen y evolucionan, esperamos el momento perfecto que nunca llega.
“La vida no recompensa a quienes se mantienen cómodos. Recompensa a quienes están dispuestos a estar incómodos el tiempo suficiente para convertirse en quienes son capaces de llegar a ser”.
Las mejores oportunidades siempre están al otro lado de la incertidumbre. La cuestión es si estamos dispuestos a abandonar la trampa de la mediocridad antes de que la comodidad nos convenza de que ese es nuestro lugar.
Porque la verdadera trampa no consiste en obtener resultados modestos. Consiste en convencernos de que ya no necesitamos seguir luchando por crecer y mejorar. Y cuando eso ocurre, el deterioro comienza mucho antes de que aparezca en los estados financieros.
La pregunta final es simple: ¿Estamos administrando lo que tenemos o estamos construyendo lo que todavía podemos llegar a crear?
Carlos A. Dumois
Carlos A. Dumois es presidente y socio fundador de Cedem.
*“Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.
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