Columnas Águilas y serpientes

Los infiltrados y sus jefes

Los estudios sobre movimientos sociales son un tema fundamental para la sociedad, debido a la gran cantidad de protestas y movilizaciones que se producen en las sociedades actuales.

Por Rafael Liceaga

Los estudios sobre movimientos sociales son un tema fundamental para la sociedad, debido a la gran cantidad de protestas y movilizaciones que se producen en las sociedades actuales. En todos estos movimientos de protesta o exigencia, nunca faltan los infiltrados, todos aquellos que se meten a crear desorden y a desvirtuar lo genuino de la queja. Las organizaciones que forman infiltrados tienen múltiples propósitos frente a una movilización. Todos cambiantes según el caso, porque van adecuándose de acuerdo con el quejoso.

No existe movimiento social relevante, que no sea objeto de infiltración por parte de su oposición, enemigos, servicios de inteligencia del estado, inteligencia de otros países, etcétera. La razón ha sido siempre llevar a cabo funciones de observar, controlar o cambiar el rumbo de determinados acontecimientos, según convenga a los patrones de los infiltrados. Los ejemplos se multiplican en la historia y sorprenden por su trama y objetivos. Ha habido desde magnicidios, golpes de Estado, campañas electorales, atentados o secuestros, hasta financiamiento de movimientos religiosos, grupos disidentes, partidos y operativos para descalificar a la gente. Sin olvidar su participación en huelgas, actos públicos, manifestaciones y hasta revoluciones. El ejemplo más reciente, lo tenemos en la manifestación feminista el fin de semana pasado en Ciudad de México, donde nos quedó claro que, hasta dentro de las guerreras hay categorías.

¿Qué hace un infiltrado? Provoca, genera confusión, desvirtúa los movimientos, y justifica la represión policial en su caso. Su objetivo es deslegitimar las protestas sociales y justificar ciertas políticas que han venido a regular el derecho de manifestación. No se puede negar la presencia de equipos de infiltrados en cualquier país u organización que se precie de tener servicios de inteligencia y seguridad nacional articulados. Desde luego, todos estos grupos trabajan al margen de la ley, con total opacidad (Aunque protegidas por el propio Estado. Recordemos los granaderos en el movimiento estudiantil en México, en 1968).

A estos elementos se les rechaza y nos indignan, porque somos vigilados y saboteados. Sólo cuando se desvelan las torturas, malos tratos y los mecanismos ilegítimos de infiltración nos ponemos atentos. En ese momento se descubre la fragilidad del orden público, la plasticidad de los grupos dedicados a ejercer la represión, el control y el mantenimiento que escapan al control de la autoridad y dañan la cohesión social.

Los movimientos sociales y su enfrentamiento con la autoridad, es algo constante y siempre presente en la sociedad. No son tantas muestras de inestabilidad en el orden social, sino formas de libertad de expresión mediante los cuales los grupos sociales elevan demandas ante el poder. Lo único que no se vale es no organizarse.

Este fenómeno de las manifestaciones, deben de ser bien pensadas, para que no se les salga del orden, ni se les infiltre gente que venga a deslegitimizar el verdadero sentido de la causa. No se pueden dejar las protestas al grado de entendimiento que haya entre furiosos y sensatos, porque ya sabemos quién se va a imponer. 

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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