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Columnas Los políticos no entienden el hartazgo

Mar de Fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Seguramente debe haber alguno por ahí, pero hasta ahora no conozco a un político de cualquier partido o sin partido que esté entendiendo qué significa el hartazgo de los electores o de la población en general hacia estas organizaciones, hacia la política o hacia una forma de hacer política en nuestro país. Se supone que el voto del 1 de julio fue en gran medida un voto que reflejó el hartazgo y el malestar social contra el sistema de partidos y la forma en que han gobernado, pero los actores principales no lo entienden. El hartazgo social o político puede tener muchas traducciones, desde tomarse como un voto en contra de algunos partidos como el PRI y el PAN principalmente, hasta el repudio por parte de los electores hacia un conjunto de acciones y prácticas que se derivan de la política y de los políticos, muchas de ellas consideradas normales o que son casi invisibles en el ajetreo cotidiano de la política. Algunas de estas prácticas que se siguen observando después del 1 de julio en la gran mayoría de los partidos ya sean derrotados o triunfadores, por citar sólo algunos ejemplos, es el “oportunismo” de los políticos que ya intentaron ser candidatos del PRI o del PAN o del PRD y no pudieron, y ahora buscan serlo de Morena. Los políticos que cambian de etiqueta o de camiseta política en cada ocasión son muy mal vistos por la población, antes y después del triunfo de Morena. Las imposiciones, la falta de democracia interna de los partidos a la hora de elegir a sus candidatos a cualquier cargo, las decisiones que se toman por amiguismo, por cuotas asignadas previamente, son también prácticas que reprueba la población o que ayudan a un imaginario para el cual la política es una actividad donde todo se “tranza” o todo se arregla “desde arriba”. Morena en Baja California, que es el primer estado donde habrá elecciones después del triunfo en la presidencia, está transitando muy alegremente el mismo camino en su proceso de selección de sus candidatos. La expectativa general no es cómo va a elegir Morena a sus candidatos, sino quién o quiénes serán “bendecidos” por el que está más arriba, ya sea AMLO o su representante en el estado. En el tropel de aspirantes a candidatos de Morena hay de todo, pero también como resultado de la euforia del triunfo pasado hay aspirantes tan impresentables como Catalino Zavala quien, sin hacer nada como legislador o como político, es un eterno perseguidor de puestos públicos. Muchos otros tienen el mismo perfil que Zavala, lo que debería representar una preocupación política para Morena si quiere dar un vuelco y empezar a cambiar la política desde ahora. Esas fotos que después del triunfo de Morena se han hecho comunes en las redes o en algunos diarios, en las que posan abrazados Morenistas, priistas o ex priistas, panistas o ex panistas, ex perredistas, etcétera, son el más claro reflejo de que los políticos no están entendiendo el voto del hartazgo, que reprueba el maridaje entre partidos y la mescolanza que provoca el arribismo de nuestros políticos. Tan no están entendiendo nada que hay políticos de avanzada edad que, con el triunfo de Morena, buscar revivir sus tiempos de gloria y se lanzan al ruedo, lo mismo sucede con algunos empresarios que de pronto se sensibilizaron y abrazan el credo de la izquierda y las luchas históricas de líderes como López Obrador. Es tan cómico este proceso, desgraciadamente, que una gran mayoría de electores decidieron el pasado 1 de julio desterrar al PRI y darle un golpe casi de muerte al PAN, al PRD, al PES y al Panal (y los que faltan), pero hay algunos que hoy desde las filas de Morena hacen todo lo posible por revivirlos o integrarlos al campo de los nuevos ganadores. Es como decirles: “si perdiste allá, aquí tienes la puerta abierta”. El proceso de cambio va a ser muy largo. Vendrá seguramente un prolongado reacomodo de la clase política y una mayor decantación a nivel general. Se arrastrará por mucho tiempo viejas prácticas y muchos vicios que caracterizan a la política en México, haciéndola a la vista de la población una actividad despreciable y de la que es necesario huir, que es un rasgo de la cultura política mexicana. En Morena se conjugan muchas de esas prácticas que hoy, como producto de su triunfo arrollador no representan un costo electoral, pero lo irá teniendo cada vez más si no las cambia y si Morena va construyendo un rostro como nuevo partido en las que están presentes los factores que han dado lugar al hartazgo y el malestar social . La elección de Baja California en 2019 puede ser una oportunidad para empezar a cambiar o, montados en la ola del triunfo, repetir y hasta exhibir abiertamente las cosas que más repudia la gente de la política y de los partidos. La gente votó para que cambiaran las cosas, para extirpar la corrupción y el arribismo de los políticos y para dejar de mentir a la población. Si los políticos no lo entienden, será su problema. El autor es analista político

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