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IMSS: 120 días para mejorar

Con los 120 días del programa emergente del IMSS será en febrero próximo cuando se verá una transformación en los hospitales.

Agua  Caliente

Con los 120 días del programa emergente del IMSS será en febrero próximo cuando se verá una transformación en los hospitales y, sobre todo, la realización de cirugías y consultas que demandan los derechohabientes.

Ese plan contempla 12 acciones que ayer presentó la presidenta Claudia Sheinbaum para mejorar los salarios, prestaciones y basificación de los trabajadores del Instituto y resolver las deficiencias en los servicios médicos que se han denunciado.

Esa cuenta regresiva ha empezado a correr y el director general del IMSS, Zoé Robledo, ha quedado emplazado para que el 24 de febrero de 2027 haya resultados de este programa que promete una mejora sustancial, que va desde aumentos de sueldos, contratación de más de 2 mil 500 médicos especialistas, compra de aparatos de alta tecnología, equipos hospitalarios, mobiliario desde material de curación, camas hasta aceleradores lineales, así como trabajar día y noche, incluidos fin de semana para atender las más de 31 mil cirugías rezagadas.

Todo hace indicar que funcionaron las visitas de la presidenta Claudia Sheinbaum para ver directamente las necesidades y agilizar las soluciones que, si se cumplen, podrían significar un antes y un después para millones de personas cuya salud y vida depende de la atención del IMSS.

LA FACTURA DEL BIENESTAR

Reducir la jornada laboral y elevar los salarios mínimos es, definitivamente, una noticia positiva para el trabajador, pero al sacar las cuentas el sector productivo traduce los beneficios laborales en una mayor carga en nómina y una menor productividad que, en el caso del sector de la construcción ya prevé un alza en costos para el 2027.

Julio César Urías Soto, presidente de Compañías Mexicanas de la Industria de la Construcción de Tijuana, Tecate y Rosarito (Comice TTR) advierte que estas medidas encarecerán al menos un 6% el costo final de las obras en la región. La ecuación, según sus estimaciones, es directa: tres puntos porcentuales por el recorte de horas y otros tres por el ajuste salarial.

El argumento de Urías Soto toca una fibra sensible para el consumidor: El bienestar laboral no se absorbe por arte de magia, se factura. Cuando sube el costo de cuadrillas, topógrafos, ingenieros y supervisores, el presupuesto de cualquier proyecto, desde una vivienda modesta hasta un complejo residencial, se ajusta de inmediato al alza.

Y el efecto dominó no termina ahí: los proveedores de insumos básicos como cemento, varilla y alambre aplicarán la misma lógica a sus propias nóminas, trasladando el encarecimiento a toda la cadena de suministro. El escenario resulta especialmente complejo en Baja California que ya figura entre los estados que mejores sueldos pagan en el ramo, con salarios semanales que van de los 3 mil a 3 mil 500 pesos para peones y alcanzan los 5 mil para maestros de obra.

Si bien el tradicional déficit de mano de obra en la frontera parece haber encontrado una tregua temporal, el motivo dista de ser alentador, pues los constructores lo atribuyen más a una desaceleración en el ritmo de edificación que a una repentina abundancia de trabajadores. Con menos producción y obras más caras a la vista, el verdadero reto para el sector no será pagar más, sino encontrar clientes dispuestos a asumir la cuenta en un mercado que empieza a enfriarse.

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