Entre el regreso y la incertidumbre
El nuevo viraje de Rubén Rocha Moya en torno a la gubernatura de Sinaloa vuelve a colocar su administración en un escenario de incertidumbre política en el estado y en el País.

El nuevo viraje de Rubén Rocha Moya en torno a la gubernatura de Sinaloa vuelve a colocar su administración en un escenario de incertidumbre política en el estado y en el País.
Apenas un día después de afirmar que regresaba para continuar al frente del estado, el mandatario solicitó nuevamente licencia indefinida.
La petición fue presentada ayer ante el diputado Manuel de Jesús Guerrero Verdugo, presidente de la Diputación Permanente del Congreso del Estado, según el documento con sello de recibido del Poder Legislativo.
“Por así considerarlo pertinente, me presento ante ese Honorable Poder Legislativo para efecto de solicitar licencia temporal con carácter indefinido, por más de treinta días, al cargo de Gobernador Constitucional del Estado de Sinaloa”, señala el escrito firmado por Rocha Moya.
En el escrito, Rocha no expone los motivos por los que busca separarse del cargo y únicamente señala que tomó la decisión “por así considerarlo pertinente”.
El regreso de Rocha Moya ya había provocado críticas de diversos sectores, entre ellos de Morena, sus gobernadores y legisladores, que consideraron prematuro que retomara el cargo en medio de los cuestionamientos que enfrenta.
Rocha, señalado en investigaciones de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado, se ha convertido en un problema para su partido y sus aliados.
Mientras el Congreso estatal analiza la solicitud, Sinaloa queda nuevamente a la espera de certeza política.
La decisión deja una pregunta inevitable: ¿qué cambió en apenas 24 horas? La falta de una explicación clara alimenta las especulaciones.
MARCA DISTANCIA SHEINBAUM
Ayer la presidenta Claudia Sheinbaum fijó una postura contundente, sobre el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa, visto como un adelanto a lo que hablará mañana sobre el escandaloso caso del mandatario estatal morenista.
Después del silencio del viernes de Palacio Nacional, la presidenta Sheinbaum apareció ayer en un acto en la Ciudad de México y cuestionada por periodistas dijo que se había enterado del retorno de Rocha al puesto por la red X, que no había hablado con él y que este lunes lo platicará.
El mensaje que lanzó ayer no tenía menciones personales, pero para muchos fueron claras las dedicatorias: “El Pueblo no está para alimentar ambiciones personales” y “por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación”. El posicionamiento presidencial fue tajante, celebrado por diversas voces, pero criticado por opositores que le pidieron pasar de las frases a las decisiones, reclamaron la tolerancia, retaron a un juicio político y llegar a una destitución del cargo.
DISPUTA ENTRE VECINOS
La relación entre Estados Unidos y Canadá, dos de los principales socios comerciales de América del Norte, atraviesa uno de sus momentos más tensos.
Estados Unidos acaba de aplicar aranceles de 50% a productos canadienses por alrededor de 20 mil millones de dólares, medida que afecta aproximadamente 5% de las exportaciones anuales de Canadá hacia su vecino.
La decisión de Donald Trump muestra que la política comercial estadounidense vuelve a utilizarse como una herramienta de presión, incluso contra uno de sus aliados históricos.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció ayer una respuesta “dólar por dólar”, que comenzará el 8 de septiembre, con gravámenes dirigidos a productos estadounidenses de sectores como acero, lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas y electrónicos. Es decir, Ottawa pretende responder con una carga arancelaria equivalente al 50% sobre los productos que determine.
Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones comerciales más integradas del mundo, por lo que cualquier aumento de costos termina repercutiendo en empresas, cadenas de suministro y consumidores.
La situación también representa una señal de alerta para México. En una región donde las economías de los tres países están estrechamente vinculadas por el T-MEC, una guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá inevitablemente puede generar efectos indirectos sobre proveedores, exportadores, industrias y consumidores mexicanos.
Más que una disputa entre dos vecinos, lo que está en juego es la estabilidad comercial de América del Norte.
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