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Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma

Dirección. Jane Schoenbrun

Manuel  Ríos Sarabia

Parecía imposible que Jane Schoenbrun pudiera superarse a sí misma, después de la magnifica “Vi el brillo del televisor” (2024), donde plasmó la ansiedad transgénero adolescente a través de un lente de nostalgia televisiva, que aludía/homenajeaba a “Buy” y “Twin Peaks” por partes iguales.

Para concluir su trilogía de las pantallas (iniciada con “We’re All Going to the World’s Fair”, 2021), Schoenbrun reimagina el cine de terror comercial de los setenta y ochen - ta, combinando las películas de “Viernes 13” con las de “Campamento de Verano” (“Slee - paway Camp”, 1983), bajo el título de “Cam - pamento Miasma”, cuyo personaje central, llamado la “Muerte Chiquita” (Jack Haven), es una amalgama de “Jason Voorhees” y “Angela” (de “Sleepaway”).

“Kris” (Hannah Einbinder) es una di - rectora independiente que, por legitimidad queer, ha sido contratada para resucitar la franquicia de “Campamento Miasma”, y “limpiar” la parte “problemática” de ma - nera justificada. Para ello, decide visitar a “Billy Preston” (Gillian Anderson), la prota - gonista y chica final de la película original, que ahora vive como ermitaña en el mismo campamento donde se filmó “Miasma” (una referencia forzada a la delirante actriz Nor - ma Desmond de “Sunset Boulevard”).

El encuentro entre “Kris” y “Billy” he - cha a andar la película a través de las reve - laciones sobre lo que una experimentó en su juventud durante la filmación original, y a la otra, la trajo al proyecto. “‘Kris’ explica todas las razones por las que aceptó dirigir el reboot, “de manera académica”, dice “Billy”. “La realidad es que ‘Campamento Mias - ma’ sólo es sobre dos cosas muy sencillas, piel y fluidos”.

Durante sus conversaciones, estimula - das por el humo de la mariguana, “Kris” habla sobre su “problema” con el sexo, de cómo siempre lo ha visto como un distractor y nunca ha sido algo que pueda experimentar de manera natural. “Billy” le explica que nadie es malo en el sexo y que no es algo de lo que se deba sentir avergonzada.

Es mientras disfrutan una proyección de “Miasma”, que se revela lo que la cinta realmente representa para ambas, y en un sublime momento metatextual, lo que ese cine cutre significó para la misma Schoenbrun. A través de una secuencia de la película, en que “La Muerte Chiquita” masacra a todos los adolescentes del campamento, observamos una versión perfecta (existente en las mentes de las tres) de “Miasma”, realizada a través del filtro cine de arte, mientras que, al improbable ritmo de “Counting Crows”, se presenta una crítica a la industria hollywoodense, que durante décadas ha hecho carne de cañón de adolescentes, para titilar y vender, sexo y muerte.

“Kris” pretende descifrar el enigma de la mirada de “Billy” en la película original. Cuando, en pleno coito, fue asesinada por la “Muerte Chiquita” ¿Qué había detrás de sus ojos?

Schoenbrun codifica el secreto como una experiencia de transmogrificación sicológica, a través de la cual, convirtiéndose en observador y observado, es posible desbloquear la verdadera personalidad y, consecuentemente, el deseo sexual. Lo que sigue es, una fantasía de cumplimiento de deseos, que, por un lado, es una impartición de justicia, aniquilando a todos los peones corporativos de la industria, obstaculizadores del arte, y por otro, un despertar sexual que une a “Kris” y a “Billy” en una experiencia cuasi divina.

Schoenbrun no simplemente rin - de tributo a una parte del cine que la formó, también confiesa cómo es que moldeó su sensibilidad y fue parte de sus experiencias más íntimas. El poder del cine como refugio y templo para todos aquellos que de alguna manera divergen de la norma, y encuentran un mundo distinto, y una mejor versión de sí mismos, al interior de la pantalla.

Con “Miasma”, Schoenbrun se establece como la verdadera, y única, heredera de David Lynch.

La mejor película del año.

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