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La fiesta mundialista

¡Ganamos!, ganamos ¿quiénes? En eventos masivos, el triunfo puede generar euforia colectiva.

Ricardo  Menéndez

¡Ganamos!, ganamos ¿quiénes? En eventos masivos, el triunfo puede generar euforia colectiva. El yo se fusiona con un sentimiento específico patriota, aunque sea por unas horas. Psíquicamente se identifica el goce por derrotar al otro, es algo muy humano. El futbol tiene atrapada la atención de la gran mayoría de los mexicanos, huéspedes y triunfadores. A gozar hasta que pierda la selección, un pretexto para ese fenómeno conocido como fiesta, el mexicano es famoso por su apetito de fiestas. Las respuestas emocionales ante un gol mexicano pueden ser extremas, hasta las lágrimas. Hace unos días escuché, en una tienda de San Diego, platicar en inglés a un par de gringos, hablaban del escándalo que oían cada gol mexicano, sorprendidos. Se trata de una montaña rusa emocional, escucho a los aficionados quejarse de las nuevas normas hechas al servicio del mercado, hablar y discutir sobre el devenir de cual o tal momento del mundial. Veo durante los partidos una oscilación de extremos emocionales, desde la ira, la frustración y el miedo, hasta la esperanza, el alivio o la franca euforia. El mundial también es un pretexto para beber alcohol, las imágenes de aficionados extranjeros en México prácticamente forzados a tomar un largo trago como gesto de iniciación están dando vuelta entre los youtuberos. De que ganó el país con el mundial, sin duda, más mérito de la población que de la FIFA. La reputación de nuestra hospitalidad se está difundiendo en estos días. Lo masivo de las concentraciones para compartir frente a una pantalla pública han sido épicas, da gusto ver la fiesta colectiva más allá de la FIFA. Portar la camiseta de tu país se toma literalmente, y en su momento ayuda a imaginarse con cierta influencia ante la pantalla de lo que sucede en el estadio, esto mediante gritos, insultos, bueno, vi a uno dando instrucciones de lo que tenía que suceder en la cancha. Veo imágenes virales de abrazos, broncas, cantos, saltos, lamentaciones y celebraciones entre los espectadores, aunque no conozcas al vecino estás dispuesto a compartir un sentimiento. Una herencia del circo romano, presenciar a dos grupos rivales enfrentándose a muerte, ahora en el sentido simbólico. En cierta medida está en juego nuestra autoestima, salvo un equipo, la mayoría dirán “pero jugamos como nunca”, el consuelo nacional es importante para nosotros. Durante unos días un puñado de profesionales del futbol serán héroes, la figura del héroe nacional en tiempo real suele ser fugaz, unas semanas. Inevitable aprenderse los nombres de propios y extraños, guerreros del balón, que nos generan simpatía o aversión. De manera que sí podemos decir que ganamos, vivamos el momento. Difícil en tiempos tan turbulentos en el mundo concentrar la atención en la cancha.

  •  *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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