La IA y el empleo: México no está listo
Los economistas más influyentes del mundo están dejando de minimizar el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo.

Los economistas más influyentes del mundo están dejando de minimizar el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo. Un artículo reciente del New York Times documenta cómo investigadores que durante años restaron importancia a las predicciones de automatización masiva ahora reconocen que el golpe es plausible, inminente y potencialmente brutal. Un estudio del Boston Consulting Group (BCG) lo cuantifica: entre el 50% y el 55% de los empleos en Estados Unidos serán reconfigurados en dos a tres años, y entre el 10% y el 15% podrían eliminarse en cuatro a cinco. La pregunta para México no es si nos alcanza, sino qué tan preparados estamos.
Una distinción clave: no todo empleo automatizable es empleo perdido. BCG diferencia entre sustitución —cuando la IA reemplaza al trabajador— y potenciación —cuando lo hace más productivo—. La mayoría de los empleos no desaparecerá: será transformada. Pero esa transformación exige competencias que hoy la fuerza laboral no tiene. Y la velocidad importa más que la magnitud: ya una de cada cinco empresas en Estados Unidos usa IA regularmente, y el empleo de nivel inicial en ocupaciones expuestas ya está cayendo según Stanford. El 100% de los CEOs en México identifica a la IA como principal motor de rentabilidad para 2026, según EY-Parthenon.
Dónde pega en México? Un reporte de Banamex estima que el 30% de los empleos formales tiene alto riesgo de automatización: servicios administrativos, comercio minorista, manufactura rutinaria, transporte. Los roles más expuestos —analistas financieros, operadores de call center, asistentes administrativos— sostienen buena parte de la formalidad en Tijuana, Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. Y aquí viene el problema estructural: el 55% de nuestra fuerza laboral es informal. El propio Banamex advierte que los desplazados del sector formal migrarán a la informalidad, perpetuando baja productividad y exclusión de protecciones sociales. Lo que suele verse como colchón de ajuste es, en realidad, una trampa
Hay un efecto aún más preocupante que rara vez se discute: la erosión de los puestos de entrada. Conforme la IA absorbe el trabajo rutinario que justificaba la contratación de personal junior, los empleos que sobreviven exigen mayor criterio y experiencia desde el inicio. Pero si los puestos de entrada desaparecen, ¿dónde se adquiere esa experiencia? Para un país que genera millones de jóvenes que ingresan al mercado laboral cada año, la escalera rota del primer empleo es un problema de primer orden.
La respuesta no es frenar la tecnología. Es actuar en cuatro frentes. Primero, construir programas de reconversión de competencias vinculados al sector productivo: México no tiene la capacidad fiscal para un seguro de desempleo universal, pero sí puede articular esquemas de capacitación empresa-gobierno que preparen a los trabajadores desplazados para las ocupaciones que la propia IA está creando. Segundo, rediseñar la oferta educativa para desarrollar competencias que complementen a la IA, no que compitan contra ella. Tercero, integrar la estrategia de fuerza laboral en la estrategia competitiva de las empresas. Y cuarto —quizá el más incómodo—,asumir la responsabilidad individual: la carrera lineal de estudiar, escalar y jubilarse está dejando de funcionar. El valor profesional ya no reside en el puesto que uno ocupa sino en el portafolio de competencias que uno despliega y actualiza.
México no puede esperar a que los datos macro confirmen lo que ya se ve debajo de la superficie. La parálisis no es estrategia. Ni para gobiernos, ni para empresas, ni para individuos.
*- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.
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