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Científicos detectan una cavidad gigante junto al agujero negro de la Vía Láctea que podría haber sido creada por un viento cósmico activo durante 20 mil años

Investigadores de Northwestern University encontraron una estructura con forma de cono cerca de Sagitario A, el agujero negro supermasivo de nuestra galaxia. El hallazgo ayuda a explicar una búsqueda científica de más de 50 años sobre los “vientos” que pueden producir los agujeros negros.

Científicos detectan una cavidad gigante junto al agujero negro de la Vía Láctea que podría haber sido creada por un viento cósmico activo durante 20 mil años

Un equipo de astrofísicos de Northwestern University detectó una cavidad gigante con forma de cono cerca de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la Vía Láctea. El hallazgo importa porque ofrece nueva evidencia de que este agujero negro no solo atrae materia, sino que también puede expulsar energía y material hacia su entorno. Afecta al campo de la astronomía y a la comprensión sobre cómo evolucionan las galaxias. Lo confirmado, según Northwestern University, el estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters y datos del Observatorio Chandra de la NASA, es que la cavidad aparece como una zona casi libre de gas molecular frío y alineada con Sagitario A*. Lo que no se confirma es que represente un riesgo para la Tierra o que sea una explosión reciente visible desde nuestro planeta.

El descubrimiento fue explicado inicialmente por National Geographic y está respaldado por información difundida por Northwestern University, además de observaciones del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, conocido como ALMA, y del Observatorio de Rayos X Chandra, operado por la NASA.

¿Qué encontraron cerca del agujero negro de la Vía Láctea?

Los investigadores identificaron una gran cavidad con forma de cono en el gas frío que rodea a Sagitario A*. Esta estructura aparece como una ausencia de gas molecular frío, justo en una zona cercana al centro galáctico.

La cavidad mide casi un parsec de largo, lo que equivale a unos tres años luz, y tiene una abertura aproximada de 45 grados, de acuerdo con Northwestern University. Su orientación apunta hacia Sagitario A*, lo que llevó al equipo a considerar que su origen está relacionado con el propio agujero negro.

En términos simples, los científicos observaron una especie de “hueco” en una región donde normalmente debería haber gas frío. Ese vacío no se interpreta como una falta casual de materia, sino como una huella dejada por un viento caliente y energético.

¿Qué es Sagitario A* y por qué es importante?

Sagitario A* es el agujero negro supermasivo que se encuentra en el centro de la Vía Láctea. Está a unos 26 mil años luz de la Tierra y tiene una masa estimada de alrededor de 4 millones de veces la del Sol.

Sagitario A*, el agujero negro supermasivo de la Vía Láctea (Ilustrativa de archivo/Banco digital GH)

Durante años, los astrónomos han estudiado este objeto porque permite entender cómo funcionan los agujeros negros desde una distancia relativamente cercana en términos astronómicos. Aunque no puede observarse como una estrella común, sus efectos sobre el gas, el polvo y otros objetos cercanos permiten analizar su comportamiento.

El interés científico está en una pregunta central: si los agujeros negros absorben materia, ¿también expulsan parte de esa energía hacia fuera? Este nuevo hallazgo apunta a que sí ocurre en Sagitario A*, aunque de una forma menos intensa que en otros agujeros negros más activos.

¿Por qué este hallazgo resuelve una duda de 50 años?

Por décadas, la teoría indicó que los agujeros negros activos debían producir vientos o chorros de materia. Esto ocurre porque el material que cae hacia el agujero negro se mueve a velocidades muy altas y genera energía suficiente para empujar parte del gas hacia afuera.

El problema era que, en el caso del agujero negro de la Vía Láctea, no se había logrado observar con claridad esa señal.

Mark Gorski, uno de los autores principales del estudio, lo resumió así: “A menos que un agujero negro exista en un vacío perfecto, debe generar viento de alguna manera”.

Con las nuevas observaciones, el equipo logró ver la huella de ese viento. La cavidad en forma de cono sería la señal que durante décadas se buscó en el centro de la galaxia.

¿Cómo lograron ver una estructura tan difícil de detectar?

El equipo utilizó cinco años de observaciones profundas de ALMA, un conjunto de radiotelescopios ubicado en Chile. Estos datos permitieron construir una imagen de alta precisión del gas molecular frío alrededor de Sagitario A*.

Después, los investigadores aplicaron una técnica de calibración para reducir el brillo de radio generado por el propio agujero negro. Al hacerlo, pudieron observar estructuras que antes quedaban ocultas.

Según Northwestern University, la imagen obtenida fue 100 veces más profunda y 80 veces más nítida que mapas previos de la misma región. Esa mejora permitió detectar la cavidad cónica.

El proceso puede resumirse así:

  • Se analizaron cinco años de datos de ALMA.
  • Se observó el gas frío cercano al agujero negro.
  • Se retiró informáticamente el brillo intenso de radio de Sagitario A*.
  • Se reveló una cavidad cónica casi sin gas molecular frío.
  • Se comparó la estructura con datos de rayos X de Chandra.

¿Qué papel tuvo el Observatorio Chandra de la NASA?

El Observatorio Chandra ayudó a confirmar que la cavidad no era solo un error de análisis o una irregularidad en los datos de radio.

Las observaciones de Chandra mostraron emisión de rayos X en la misma región donde ALMA detectó la ausencia de gas frío. Esto encaja con la explicación de los investigadores: un viento caliente expulsado desde la zona del agujero negro pudo barrer o calentar el gas frío.

Gorski señaló que el equipo quería asegurarse de no estar viendo un artefacto de imagen. Al comparar los datos de ALMA con los de Chandra, las piezas coincidieron.

La coautora Elena Murchikova también explicó la dificultad del hallazgo: “Para observar nuestro propio agujero negro, tenemos que mirar a través del plano de nuestra galaxia”. Esa línea de visión implica atravesar gas, polvo y estructuras ionizadas.

¿Por qué no pudieron causar esto las estrellas cercanas?

Los investigadores revisaron si los vientos de estrellas cercanas podían explicar la cavidad. La conclusión fue que no alcanzaban.

La energía necesaria para formar una zona despejada de ese tamaño sería mayor que la que pueden aportar todas las estrellas de esa región juntas. Por eso, el equipo considera que la fuente más probable es Sagitario A*.

Gorski lo explicó al señalar que el cono apunta directamente al agujero negro y que la energía requerida debe venir del núcleo galáctico.

¿Desde cuándo estaría activo este viento cósmico?

Los astrofísicos estiman que el viento ha estado activo durante al menos 20 mil años. Esta cifra se calcula a partir de los efectos observados en una corriente cercana de gas ionizado.

Esto no significa que el agujero negro esté en una fase extrema. De hecho, Sagitario A* se considera relativamente tranquilo en comparación con otros agujeros negros supermasivos de galaxias lejanas.

La importancia está en que permite estudiar una etapa más común, pero menos visible, de la vida de estos objetos.

¿Este hallazgo representa algún riesgo para la Tierra?

No hay datos que indiquen un riesgo para la Tierra. Sagitario A* se encuentra a unos 26 mil años luz de distancia y el hallazgo describe un proceso localizado en el centro de la galaxia.

La cavidad detectada tampoco significa que el agujero negro esté creciendo de forma repentina o que vaya a afectar al Sistema Solar. Se trata de una observación científica sobre cómo interactúa el agujero negro con el gas que lo rodea.

¿Qué cambia en la forma de entender los agujeros negros?

El hallazgo refuerza una idea clave: los agujeros negros no solo consumen materia. También pueden modificar el espacio que los rodea.

Estos vientos pueden:

  • Desplazar gas frío.
  • Calentar material cercano.
  • Regular la cantidad de gas disponible para formar estrellas.
  • Influir en la evolución de una galaxia.
  • Mostrar cómo se comportan los agujeros negros en fases tranquilas.

En otras galaxias se han observado chorros y vientos mucho más intensos. Lo relevante aquí es que ahora se detecta una señal activa en el agujero negro de nuestra propia galaxia.

¿Qué falta por confirmar o estudiar?

Aunque el hallazgo ofrece evidencia importante, todavía quedan preguntas abiertas. Los investigadores deberán estudiar con más detalle cómo se genera el viento, si su dirección cambia con el tiempo y qué papel tiene en la evolución del centro galáctico.

También falta entender con mayor precisión cómo interactúa el viento con las nubes de gas cercanas y si este proceso ha cambiado durante miles de años.

Por ahora, la conclusión principal es que Sagitario A* no es un objeto aislado ni pasivo. Aunque se encuentre en una fase tranquila, sigue influyendo en su entorno.

¿Cuál es la conclusión para entender este descubrimiento?

El hallazgo de una cavidad gigante con forma de cono junto a Sagitario A* ofrece una nueva pista sobre el funcionamiento del agujero negro supermasivo de la Vía Láctea. La estructura aparece como una zona casi sin gas molecular frío y coincide con emisión de rayos X observada por Chandra.

Los datos apuntan a que un viento caliente generado cerca del agujero negro pudo barrer o calentar el gas, dejando una huella que los astrónomos buscaron durante más de 50 años.

La relevancia del descubrimiento está en que permite estudiar cómo un agujero negro relativamente tranquilo también puede transformar su entorno. No se trata de una amenaza para la Tierra, sino de una ventana para entender mejor el corazón de nuestra galaxia.

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