
Infancia
Según el neurocirujano Giulio Maira, las palabras, las caricias y los juegos en la primera infancia cambian la forma del cerebro, ayudan a que sea más fuerte con el paso de los años y pueden influir en cómo aprendemos y envejecemos
Las experiencias afectivas en los primeros años no son solo parte de la crianza diaria: según la ciencia, dejan huellas reales en el cerebro que pueden ayudar a pensar mejor, adaptarse a los cambios y enfrentar el envejecimiento con mayor claridad mental.
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